Que buena está la sierra, mamá
De Jorge Benito
Hola, soy Camilo Séptimo, tal vez me recuerden de grandes éxitos como Deseo Macabro y la remake del día de la marmota, que se llamó el día del Cuis Morgan.
Hoy vengo a traerles en la Dimensión Descosida, la historia de tres amigos que deciden viajar juntos de vacaciones, sin pensar en las consecuencias.
¿Porque tres hombres solos?
Hicieron un pacto de silencio sobre su soledad, sobre vacaciones sin mujeres, porque al parecer hubo, en otra época vacaciones familiares, y en el sur, en un bosque solitario, frente a tres tumbas que recién habían cavado, se prometieron no hablar de esas cosas...
Que buena esta la sierra, Mamá...
-Dale, Tadeo, no seas plomo, venite con Alejandro y conmigo a Córdoba de vacaciones, la vamos a pasar bien.
-No, estás loco, a mí no me gusta.
-Como no te va a gustar la sierra, los arroyitos...
-¿Acaso, asfaltaron todo eso?, a mí me gustan las ciudades.
-Cortala, viene mi cumple y tengo el antojo de que lo pasemos los tres juntos. Además tengo auto nuevo y hay que ablandarlo, ya alquile una casa y salimos mañana, a las seis estoy por tu casa, lo vamos a buscar a Ale y nos vamos a la aventura.
-Ta bien, tá bien. Te espero con chocolate y churros en un bar de constitución.
Esa noche Tadeo no podía pegar ojo, empezó a pensar en los años de la facu, cuando conoció a Ale y al Toto, ahora pensaba que fueron felices cuando se sentían tan desgraciados. Y como jugar ping pong los había hecho entender choque elástico. De ahí pasó a pensar en los elásticos de la cama de cierta morocha de ojos verdes y consiguió dormirse por fin, con una sonrisa en los labios.
Enseguida empezó a soñar...
Era como un aviso de televisión, llame ya, aparecía Silvia Jacobo vendiendo el llamado “Kit grial”
-La química es maravillosa, decía como si fuera una locutora, por eso en mis estudios encontré en la biblioteca del pab ll de exactas, el Necronomicón. Y en él descubrí como transmutar la materia, como hacer del plomo, oro de 24 quilates.
Usted, también podrá Señora, decía a cámara, con el dedito levantado, comprando mi producto que incluye una copia del Necronomicon, encuadernado en piel de bebé, junto a las cenizas de arena del desierto de Abdul Alhazred.
Usted toma un trozo de plomo, lo sumerge junto a las cenizas y se disuelve como por arte de magia.
Vemos cómo va realizando, en cámara, lo que explica. ¡Y se disuelve!
Va a ver que toma un color amarillito, después lo calienta con este soplete que también le vendemos, para sacarle el agua sobrante.
Pero, ojo, que no se le carbonice...
Ahí se despertó Tadeo, todo agitado y empapado en transpiración.
Sabía que era un mal augurio, era muy mala idea viajar...
Toto llegó puntual y salieron rumbo a... Tadeo no sabía rumbo a donde pero se temía que sería un mal lugar, y encima con mucho sol.
Tadeo suspiraba, le había quedado un mal sabor en la boca, no porque creyera en supersticiones sino porque los churros que comieron estaban pasados.
Llegaron a la casa de Alejandro que ya estaba esperando en la puerta con una enorme valija.
Toto al verla, empezó a renegar.
-Pero Ale, no vamos a un desfile de modas, ¿Para qué traes tanta ropa?
-¿Ropa? No, si necesito compro allá, dijo abriendo la valija y mostrando que estaba llena de botellitas de agua mineral Evian.
Me dijeron que los ovnis del Uritorco contaminan el agua, por eso le pedí a mi amiga Karen que me mande esto. Ojo, lo compartimos los tres...
Toto, harto, tuvo que sacar sus cosas del baúl para que entrara semejante valijota. Y allá fueron, ruta arriba.
Toto manejando y Ale de copiloto, mientras que Tadeo se acurrucó atrás a seguir durmiendo. Cosa difícil, porque iban peleando, Ale quería escuchar a los Beach boys y a Carpenter y Toto a Megadeth.
Igual cayó en un sueño, frágil y alocado.
Despertó cuando la pelea tomaba más temperatura.
Ya casi era de noche y todavía estaban en la ruta, detenidos ahora frente a un cartel que decía atajo y señalaba para allá, otro hubiera dicho norte o este, pero Tadeo dormido como estaba no tenía la menor idea de donde estaban.
-Pero Toto, no te hagas el cuis Morgan, ¿cómo vas a dejar la ruta para ir por un camino de tierra?
-Ale, ya casi es de noche, perdimos mucho tiempo en tu casa con las dichosas botellitas, dejame seguir el camino que quiera, ahí dice que es un atajo a lo mejor así llegamos de día.
Y encaró para el camino de tierra.
El gallego del GPS también estuvo en contra de esa determinación.
-Vosotros os estáis alejando del camino. Girad en U y volved a la ruta, decía.
Toto nada
-En 50 metros girar a la derecha, volved a girar a la derecha y tomar la ruta.
Nada, pero ahora Ale le dice
-¡Ves!
- En 10 metros parad el carro que yo me bajo, coño, dijo el gallego del GPS, que no me hacéis ni puto caso.
Toto, enfurruñado, apago el GPS y siguieron en silencio.
Al rato, vieron unas luces y el auto empezó a carraspear y a echar humo.
-No te puedo creer, dice Ale, hubiéramos venido en el 125.
- O en el 60 acota Tadeo, todavía dormido.
-En la cupecita modelo 125, decía. Dijo Ale, ya definitivamente enojado.
Las luces se transforman en un pueblo y se ve el cartel que dice
BIENVENIDOS A ATAJO población 960 almas
-¿Cómo Atajo?, ¿Era una ciudad? No cortamos camino, me corto las venas con paracetamol Raffo.
-Tenés razón, cuando tenes razón, tenes razón. Pero menos mal que llegamos a un pueblo, el coche no quiere más. Miren ahí hay un taller. Mejora nuestra suerte.
-Buenas y santas, aparcero, dijo Tadeo.
El del taller lo miró como si estuviera loco.
Empieza a revisar el auto y pone mala cara y eso que ya era suficientemente feo, con el pelo rojizo medio despeinado, con ojos pequeños y muy juntos y cuatro pelos de barba.
Encima tenía pantalones cortos y cuando se agachaba se le veía la raya del culo, Tadeo ponía cara de volverse a Buenos Aires.
-Miren, dijo el mecánico, es la batería, se le sale líquido, el famoso verdecotorrato de potasio y está rompiendo las juntas. Voy a tener que pedir una nueva a la ciudad pero recién viene mañana o pasado.
Entonces, Tadeo se ofrece para ir al hotel a buscar habitaciones y Ale para ir a la oficina de turismo a buscar información de donde estaban.
Toto que sabía más de mecánica, le pregunta al mecánico si no podían probar a repararla entre los dos.
-Puede ser pero lleva mucho tiempo, hay que sacarla, reparar esta junta, cambiar esta manguera. Antes de las 12 o una de la mañana no vamos a terminar y eso con suerte.
- Está bien, yo lo ayudo entonces y lo hacemos rápido.
Así los dos empiezan a desarmar todo.
Cuando llegaba la hora de la cena, llegó al taller la hija del mecánico, Sandra. Nada que ver con el padre, alta, también pelirroja pero con unos rulos que le hacían una naricita muy simpática al caérseles en la cara, con pómulos marcados y los labios pintados de un rosa pálido.
Toto ya no quería que el arreglo fuera del auto rápido...
El mecánico estaba sacando el líquido verdoso de la batería.
-Ve, este es el verdecotorrato de potasio, es lo que le pusieron a la batería y es muy corrosivo. Alcánceme ese bidón que lo ponemos ahí, con cuidado, eh...
Lléveselo a mi hija y vea si ya está la comida lista.
Toto atravesó el galpón y entro por una puertita a un saloncito, mitad comedor mitad cocina.
Iba distraído y recién al llegar al medio de la habitación se dio cuenta que las baldosas del piso formaban un pentagrama, la satánica estrella de cinco puntas de los adoradores del faarismo, terrible culto que debiera estar olvidado.
Tan distraído estaba que tampoco vio llegar el golpe.
Pero lo sintió y todo se puso negro del dolor...
Cuando despertó, la sangre le brotaba de la cabeza y Sandra la recogía en un tazón. Entre nieblas de debilidad, vio que en la mesa había una serie de libros antiquísimos, uno más terrorífico que el otro.
Necronomicon, Vermis Misterii, Faaris Perctha...
Ella iba entonando un viejo cantico
Ph´nglui mglwinafh
Lhutchu
R´lyeh anwg fhtagn
wgah´nagl fhtagn
Lhutchu
Mynngah
Mientras explicaba que tanto ella como su marido eran vecinos de Atajo y consiguieron la fórmula milenaria para que sus almas pasaran de cuerpo, para no envejecer ni morir.
En el manuscrito que tenía en la mano, escrito hace tanto tiempo por el árabe loco Abdul Alhazred, debía copiar la formula durante 20 días hasta el solsticio y ahí, en esa noche especial del año, el alma de su enamorado pasaría al cuerpo del sacrificado, o sea al de Toto.
El horror lo invadió, él era muy joven y bonito para morir, gritó, todavía mareado. No podía hacerles frente y sus amigos se habían ido hace rato...
Empezó a resignarse a su triste suerte, por lo menos su cuerpo disfrutaría de hacer el amor con ella, aunque él no se enterara. Pero este pensamiento lo llenó de furia, tenía que hacer algo para impedirlo.
La hora del solsticio se acercaba, ahora ambos cónyuges bailaban su danza macabra, llena de gritos y chillidos, sonidos guturales que helaban la sangre.
Ya veía el abismo, Toto, el momento se acercaba...
Sandra levantó el pergamino y empezó con su rezo blasfemo.
Oh, Dios, que podré hacer, pensó Toto.
En ese momento, sus manos tocaron el bidón olvidado de verdecotorrato. Lo destapo rápidamente y en un esfuerzo sobrehumano por tanta sangre perdida, alcanzó a arrojar el líquido contra el pergamino que empezó a deshacerse rápidamente y junto con él se deshacían los cuerpos de ellos dos, en medio de gritos de terror.
Exhausto, Toto, se quedó mirando los dos puñados de arena, amarilla, como la arena del desierto donde vivía Abdul Alhazred.
En tanto, Alejandro entraba en la oficina de Turismo de la ciudad, al mirar alrededor vio que en las mesas había restos de una fiesta.
- Parece que tuvimos festichola, eh.
Sobresaltada, martita, la secretaria de turismo salió a recibirlo.
Ale perdió el aliento al verla acercarse, era una rubia alta, delgada, de pelos lacios y una naricita llena de pecas. Le brillaban los ojos celestes, acuosos, líquidos incluso.
-Hola, dijo Ale, que cuando quiere tiene gran facilidad de palabra.
.Hola, dijo ella, lástima llega un poco tarde. Teníamos una reunión para la gente que viene a ver la noche del solsticio. Además, hoy Betelgeuse atraviesa una nube de meteoritos y su brillo desciende a la mitad, pero ese último rayo brillante es muy especial, como dicen del rayo verde del sol y hasta dentro de 20 años no se repite. Por eso hay tanta gente en el pueblo, desde el cerro es donde mejor se lo ve de toda la provincia. ¿Ud. venía al pueblo para verlo?
-No, yo no estaba enterado, vinimos de casualidad pero me interesa. (Lo mismo hubiera dicho de tejer macramé, la rubia valía la pena, pensó Ale).
-Pero venga, coma algo, un sanguchito, yo lo invito.
-No, a mi únicamente me gustan calentitos y mirando la serie del Zorro en la tele.
Martita no entendió nada, que porteño más raro se dijo.
-¿Y una copa de champaña?, no me va a hacer el desprecio. No me deje ser la única que esta achispada.
-Eso sí, un champucito me vendría bien para levantarme el ánimo.
-Venga acompáñeme al cerro a ver a Betelgeuse.
Cerraron la oficina y se encaminaron al cerro, Ale iba un paso atrás para ir mirando el cuerpo de Martita. Se veía un paisaje salvaje al salir de la ciudad, se escuchaban las chotacabras y a miles de ranas croar.
Empezó a resoplar, ella caminaba demasiado rápido.
-Venga, apúrese, allá están dijo ella, señalando un resplandor arriba del cerro.
A Ale se le cerraban los ojos y le pesaban los pies
-No, no puedo dijo y cayó redondo al piso, medio desmayado.
Al levantarse, la vio tan linda, un poco colorada por el esfuerzo y con los labios entreabiertos, que la besó largamente.
Y la besó y besó.
Y vio que en ese momento Betelgeuse salía por sobre el hombro de ella, ya no pudo más y se desmayó del todo.
Cuando despertó, estaba atado a una roca con una especie de collar de perro puesto al cuello y ella susurraba oscuros cánticos que le recordaron edades pretéritas, por suerte olvidadas por la humanidad.
Edades anteriores al hombre, anteriores a Dios...
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Ella depositó en el centro del claro una figura de Cthulu, pequeña, de barro cocido.
-Mirá, dijo Ale, todo bien pero esto del collar sadomasoquista no me va y eso que medio masoquista debo ser porque por algo estudié en Exactas.
-Callate, imbécil, estás acá sólo porque necesitaba un sacrificio para nuestro dios Cthulu. Y señalando la estatuilla le dice a Alejandro.
-La hice en barro con mis propias manos.
-Y no podías hacer vasijas como todo el mundo, o ceniceros. A mí me gusta el barrito pero no para tanto.
-No, le cortó, el Necronomicón explica el modo, como mezclar la tierra con mi sangre y como disponerla en el campo para que el último rayo de Betelgeuse traerá de vuelta a Cthulu.
Y yo seré su reina.
Alegrate, vas a tener el honor de ser el primer sacrificado a Cthulu, él lleva eones fuera de la Tierra y tendrá mucho hambre.
El momento llegaba, se percibía como la nube de meteoritos comenzaba a tapar a Betelgeuse.
Parecía que el canto de las ranas cubriera todo en la noche.
Ella entonaba salmos blasfemos y demoníacos. Su voz se iba haciendo cada vez más gutural.
De pronto, el alarido de una chotacabra pareció anticipar el desenlace próximo
Horror
La figurita de barro empezó a difuminarse, como si estuviera siendo reemplazada por algo de otro universo.
¡Los tentáculos se movían!
Un olor marino lo alcanzó, eones de putrefacción llegaron a su nariz, Ale creyó desmayarse de tanto asco, ya no podría hacer nada.
Resignado se sentó en la roca, pero al hacerlo, algo golpeó en su campera marrón.
La botella de Evian, en su bolsillo.
La destapó y con ella baño la figurilla, todavía y por poco tiempo más, de barro
Hasta disolverla en un charco lodoso y nauseabundo como el fondo de una pileta de natación, como el agua de Cascallares.
-No, el grito desesperado brotó de la garganta de ella, sorprendida y decepcionada.
Ale, en tanto, pisotea uno de los tentáculos que todavía se movía
No sabía que pasó después, sólo que recobraron la conciencia casi al mismo tiempo, junto con Toto. Estaban en el auto, era de día y estaban parados al costado de la ruta, en medio de la nada, ni taller ni oficina de turismo ni ciudad siquiera.
No entendían nada, se miraban extrañados.
-Buen día, dormilones, dijo Tadeo que ya estaba despierto.
-Pero ¿Cómo, que hacemos acá?
-No sé, tal vez nos abdujeron los ovnis del Uritorco. Yo dije que no teníamos que venir.
Se contaron lo que habían pasado
-¿Y a vos, Tadeo, no te pasó nada?
-No, o si, no sé, creo que todo fue un sueño
Se acuerdan que me fui del taller re enojado, tomé una habitación en el hotel para los tres y como no estaba lista, bajé al bar a esperar tomando algo y tratar de tranquilizarme, volaba de a bronca.
Pero cuando me atendió la barman, se me pasó todo.
Toto lo codeó a Ale, pícaro.
No saben lo que era, morocha de rulos y unos ojos verdes superbrilllantes. Tenía una boca grande y pintada de un rojo furioso. Estaba vestida con una remera sin mangas y unos pantalones de cuero negro. Muy, pero muy, apretado todo. Era alta y con unos zapatos de tacos finitos y altísimos. Tenía una voz grave y profunda pero dulce muy dulce. Usaba, además una gargantilla muy gruesa y con una piedra verde en el centro que te juro que me hipnotizaba, bah, el culo también me atraía, vamos a ser sinceros.
Vi que tenían un whisky single malt y le pedí una copa, con dos cubitos para poder revolverlos si me aburría de esperar.
Pero enseguida nos pusimos a charlas.
Me contó la historia del pueblo, como un descendiente de Obed Marsh, sufrió la persecución en Inssmounth, Massachusetts.
-Ah, como los peregrinos de Inglaterra
-Algo así, los trajeron aquí porque se proyectaba una represa y ellos tenían experiencia en trabajos bajo el agua. Al final no pasó nada pero se quedaron igual, fundando este pueblo.
Aprovecharon que hay grandes cuevas submarinas, para criar peces exóticos.
Así se me fue pasando la noche y yo tomaba cada vez más, al final tuve que ir al baño.
Cuando salía de él, ella se estaba yendo porque estaban cerrando.
-¿Que vas a hacer ahora?, me dice
Y yo le digo, frase ganadora...
-Tu ruta es mi ruta.
Flechazo instantáneo, cayó muerta de amor. Ya salimos besándonos a lo loco.
Mucho no me acuerdo, había tomado demasiado y tal vez hasta estaba con fiebre, porque sentía su piel fría, más fría de lo normal.
No sé, tal vez fuimos a la habitación o a su casa. A lo mejor había un colchón de agua porque yo lo sentía así, sentía que nos movíamos como en cámara lenta.
Por eso digo que estaba soñando, era como si estuviera en el fondo del mar, hasta creo que había pececitos flotando por ahí.
Ella me besaba en la boca todo el tiempo y creo que bajo la gargantilla tenía branquias, te juro, respiraba bajo el agua, con los besos me pasaba aire o tal vez oxigeno porque yo estaba como eufórico, deliraba.
Con decirte que en el sexo oral parecía que más que hacerme garganta profunda, se me salía por entre las branquias.
Y al hacerlo perrito, ella se movía como, no sé, como una anguila o mejor un axolotl con las branquias agitándose en el agua.
Terrible fue el sexo, me besaba el cuello con una fuerza inaudita y sus uñas largas me arañaban la espalda.
Así que no se si fue sueño o realidad porque me duele el cuello y la espalda.
-A ver, salgamos de dudas, sacate la camisa.
Y así, Toto vio que en la espalda tenía grabado como con fuego
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-
- Eso no es lo peor, dice Ale, mirá lo que tiene en el pecho
Y tenía grabado
De alguna manera teníamos que reproducirnos
Perdón
Una sombra de terror pasó por sus caras, tartamudeaban tratando de justificar todo aquello que había pasado.
Por suerte el coche arrancó enseguida y fueron a disfrutar, ahora sí, de sus vacaciones.
Mientras tanto allá en Buenos Aires
-Rubén, podes venir un segundo
-Sí, Velia, ahí voy.
Ella estaba en su oficina, dando grandes pasos enojada, sus largos rulos rubios se agitaban para todos lados. Estaba furiosa.
En ese momento, Rubén, su jefe, entró y se quedó sorprendido
-¿Qué es eso?, dijo señalando una máquina que parecía un adefesio, ahí parada en medio de la oficina
-Eso digo yo, estaba repasando el pedido que Alejandro nos hizo para el laboratorio donde trabaja.
Y me encontré con esto, dice RTZ257. Pero el RTZ257 es un espectrógrafo y esto no lo es. Además esta viejo y sucio, parece un equipo usado. Yo le vendí otra cosa.
-No sé qué pudo haber pasado, el código parece correcto, ¿qué dicen las especificaciones?
-Poco y nada solo dice analizador de arena, made in China pero las letras en el equipo son árabes, debe de ser algo hecho en Irán o Irak que comercializan los chinos para violar los bloqueos. Parece que la marca es Alzhared o por lo menos eso pone acá atrás. Ni siquiera hay indicaciones de cómo se usa.
-¿Y, será para tomar ADN de dromedario, tal vez?, dice Rubén.
Velia no se ríe.
- En serio, tal vez en este conducto se debe poner la arena.
-Sí, pero no tiene salida del otro lado, se queja Velia.
Rubén toquetea, apretando aquí y allí, pero nada, no hay nada, enojado medio que golpea una especie de medialuna, típicamente árabe. Con tan mala suerte que se afloja y le corta en un dedo.
Pero, milagro, al contacto con la sangre que brota del dedo se abre en la máquina una especie de cajón con botones dentro.
Se miran extrañados, la sangre del dedo activo ese cajón, dicen al unísono.
Rubén se encoje de hombros y empieza a salpicar toda la máquina con su sangre.
Pero ya no pasa nada...
Velia, entonces, se pincha un dedo y empieza a regar la máquina con furia.
Nada, ningún cajón.
Pero en la parte de atrás, aparecen una serie de letras arábigas, formando una larga frase y se junta con el Alhzred, quedando como si fuera firmado por Alhazred, Abdul Alhazred.
-Pero, escuchame, ese no es el árabe loco que escribió el Necronomicon...
-Sí, sí y me temo que eso sea un pasaje de ese libro maldito, tendremos que hacer que lo traduzcan.
Bueno, Velia, desentendete de esto, que lo lleven a mi oficina y voy a hacer el reclamo al importador.
Esto no depende de nosotros.
Los días siguientes fueron muy agitados para Velia, tuvo que atender a un cliente de La Plata y casi no estuvo en la oficina, para nada pensó en el equipo para Ale, ni en Ale siquiera.
Esa noche, a pesar de ser tarde, fue hasta la oficina a revisar unos papeles que le faltaban.
Le extrañó ver salir por la puerta del costado de la planta a un tipo con una larga barba y vestido como con una túnica, ¿Quién sería, a esta hora?
Pasó por la oficina de Rubén pero ya no había nadie, estaba cerrada y con la luz apagada, pero entre tinieblas le pareció ver todavía el analizador de arena ahí, claro que ahora el metal refulgía, brillante, con letras nuevas en todo su frente.
Parece que se ocupó de este aparato, que suerte dijo Velia pero no le dio la menor importancia.
Al día siguiente ya entró a trabajar normalmente. En la reunión de trabajo con Rubén se sorprendió de ver su aspecto.
- Pero Rubén, ¿qué pasó?
Es que ahora Rubén, lucía una frondosa barba negra, él que siempre fue medio rubión con algunas canas tenía la cabeza completamente rapada. Encima lucía en el cuello uno de esos pañuelos palestinos, blanco y negro.
-Ah, esto, es que estaba aburrido...
Velia quedó intrigada, ¿Habría sido él el de la túnica que vio la otra noche, y que hacía en la planta tan tarde?
Comprendió que no podía preguntarle directamente, entonces llamó a la mujer de Rubén, que era su amiga.
-Hola, ¿cómo estás?, media hora después, le preguntó, ¿Y, che, Rubén está trabajando de noche, por ejemplo, anoche trabajó?
-Ah, mira Rubén está muy cambiado, ya lo habrás visto. De noche lo que hace es preparar un té, luego de la cena, con sahumerios y velas, todo el piripi pi. Te digo que nos vamos inmediatamente a la cama, eso sí, hacemos el amor todas las noches y con una fuerza y pasión como nunca... Después nos dormimos, no creo que le queden fuerzas para salir, a mí seguro que no.
Velia quedó pensativa, ¿la estaría drogando para salir sin ser molestado?
Ese día, a la hora de salida apagó todo pero se quedó escondida, esperando la salida de Rubén.
Cuando por fin salió, se dispuso a investigar, sabía que tenía un buen rato por delante, porque la mujer lo esperaba para el “tecito” de todas las noches.
Entró en la oficina de Rubén, la máquina brillaba, parecía recién salida de fábrica, nada que ver con lo que era antes, además estaba llena de mandos y de lucecitas, todo señalizado con letras arábigas. Buscó en los cajones algunos instructivos o algún informe que Rubén hubiera hecho, pero no había nada a la vista, hasta que descubrió que uno de los archivadores tenía cerradura y no pudo abrirlo, tampoco se veía una llave por ahí.
Recordó sus tiempos de inorgánica uno qu3ew siempre se olvidaba la llave del candado donde se guardaban los elementos de trabajo y como había aprendido a abrirlos igual.
Se sacó una horquilla de las que usaba para que el pelo no se le viniera a la cara, maniobró durante un rato, cuando estabas cansándose por fin se abrió
Estaba lleno de papeles con fórmulas y símbolos esotéricos, mezcla de traducciones del árabe y cosas directamente escritas en castellano.
Resultó que la máquina, decían las notas, había sido inventada por el legítimo Abdul Alhazred.
Pero era una máquina para alimentar dragones de arena.
¿Dragones de arena, que es eso?
Parece ser que en una época, hace muchos años, Arabia era un lugar de mucha riqueza y vegetación exuberante.
Pero cuando empezó a gobernar Cthulu, y gracias a máquinas como estas, se transformó en un desierto para que los dragones pudieran alimentarse de los microorganismos que viven en la arena así como las ballenas toman agua todo el tiempo para alimentarse del plancton.
Los dragones son mucho más grandes que las ballenas y controlaban el aire con sus alas membranosas para su rey CThulu, quemando a sus enemigos.
Eran las mascotas preferidas del rey Cthulu.
La profecía de su vuelta estaba a punto de cumplirse, necesitaba para eso a sus dragones más fieles. El plan era conseguir que la pampa se volviera un desierto, gracias a estas máquinas.
Además, Velia encontró que había tablas con cantidades que ella no entendió.
Tan concentrada estaba descubriendo estas cosas que no se dio cuenta que el tiempo pasaba...
Y Rubén entro en la oficina.
Enseguida sacó un revólver y le apunto a ella.
-Rubén, ¿qué haces?
-Ya veo que descubriste todo, así que ya no me llames Rubén soy Abdul Alhazred, él ya no está entre nosotros, somos personas totalmente distintas. El corte que le hizo la medialuna permitió que me infiltrara en su sangre y terminara por reemplazarlo.
¿Viste las tablas? Es sorprendente lo que un poco de sangre de una persona puede hacer. Fíjate con sangre de una morocha de ojos verdes aparecieron todas estas perillas, con la de la pelirroja de la verdulería se revelaron los instrumentos...
Velia recordó que el titular del diario hablaba de las raras desapariciones de varias personas en los alrededores de la planta.
Lástima que tenga que matarte ahora, porque tu sangre ya la usé y al anterior dueño de mi cuerpo le caías bien.
Levantó el revólver.
-Rubén, rogó Velia, no me vas a matar por una máquina de mierda.
-Soy Abdul, gritó él.
Velia, enojada, la emprendió a patadas contra la máquina, abollándola y llenándola de barro de sus zapatos.
-No, vociferó él
Y se abalanzó sobre la máquina para limpiarla, dejando el revolver de lado.
Velia aprovechó para tomar el termo de acero inoxidable que tenía las letras del FAAR y que Rubén usaba desde la época de la facultad y lo golpeó en la cabeza, desmayándolo. Rápidamente pateó la pistola y pudo volver a respirar un poco más tranquila.
Y como un relámpago, le vino una idea a la cabeza.
Ahora eran dos personas distintas, dijo él.
Buscó la medialuna y le hizo un corte en el brazo de Abdul, empezando a enchastrar la máquina con la sangre de él.
Vio como volvía al estado anterior, le desaparecían los mandos y el brillo de sus metales.
Notó también que Rubén volvía a ser el mismo, su barba volvió a tener canas y ser menos negra
-Velia, dijo cuando abrió los ojos, ¿qué pasó?, ¡Sangre! Sabes que me descompongo al ver sangre.
-Sí, ya sea como sos, vení que te llevo al hospital, igual te hice un torniquete... Yo ya te voy a explicar.
-Che, y si vamos a visitar al Tito Barrera
-¿A Comodoro, estás loco?
-No, no, Ale, no Comodoro esta hacia el sur y nosotros vamos hacia el norte, le dice Toto, que ya viene perdiendo la paciencia hace rato, mientras le señala, levantando el dedo medio, hacia arriba.
-No, no, ahora está en Córdoba, puso una sucursal del laboratorio de análisis y se tuvo que venir a atender él mismo.
Acá tengo varias de las cartas que me mandó, por eso estoy un poco preocupado
-¿Porque te mandó cartas por correo?
-Lee me dice, habla de que todo iba bien hasta que un día llega una chica, alta, morocha, con unos ojos especialmente grises que le recuerdan a la película la de los ojos color del tiempo y dice que esta minita los tiene del tiempo nublado, color nubes grises y que supo inmediatamente que le iba a traer tormenta a su vida, o sea problemas y de los gordos.
Le traía para analizar una bolsita con un barro amarillento, cuando se fue, Gus se puso a pensar que le resultaba familiar esa muestra.
-Ya sé, a este barrito lo conozco...
Lleno de curiosidad se fue, al día siguiente, a un recodo del río, cerca de un paraje donde lo habían llevado a pescar. <Era un sector donde el río corría recto unos 50 metros y en una zona de las orillas, donde no había arboles ni plantas, estaba el barro. Sólo había barrito amarillo sin vegetación.
Se agachó y tomo un poco, lo tocó lo olió hasta se puso una pizca en la lengua, le pareció un barro común pero entonces, ¿porque era amarillo?
Recordó leyendas sobre la zona, desapariciones extrañas, en todos esos lugares cercanos al Uritorco, se decía que había ovnis y seres de otro planeta.
Tal vez, venían de un planeta amarillo y trataban de aclimatarse. Y por eso que no hubiera vegetación también era raro, como si un ovni hubiera aterrizado ahí, o se hubiera estrellado sin dejar rastro.
De repente, ve que no está solo, como de la nada apareció un tipo, cerca de la orilla, un tipo muy alto y de piel medio amarillenta, tal vez chino o así.
También caminando por la orilla, llega la chica que le pidió el análisis, recuerda que le dijo que vivía por ahí. El tipo la intercepta y se ponen a hablar, tal vez discutiendo, pero se toman de la mano y van hacia unos yuyos en el fin del campo de barro., el tipo la abraza y ruedan al suelo.
Ya ahí me pareció abusivo seguir mirando, esas actividades son privadas y me di vuelta para marcharme.
Pero me pareció que en el giro que hicieron, sólo estaba el tipo como si a ella se la hubiera tragado la tierra.
La tierra o el tipo, no sé.
Volví al laboratorio para analizar la muestra, que resultó barro normal pero con un componente extra, desconocido, ese que le daba el color amarillento, un compuesto que parecía orgánico.
Desde esa noche sentí que el descampado amarillo me llamaba, que me hablaba de una raza extraterrestre que huía de su planeta moribundo, que me planteaba unirnos para hacer de éste, un mundo mejor.
Y por otro lado, tal vez con la voz de la minita de los ojos grises, me prevenía en contra de ellos, decía que eran una raza guerrera que venían a sojuzgarnos, que sólo querían nuestros recursos naturales porque habían agotado su planeta y los de varios otros que cayeron en sus garras. Que eran verdad las desapariciones de las que se hablaba que los mataban para asimilarlos.
En mi mente resonaba el grito de “Toda resistencia es fútil”
Esta mañana, desperté en el descampado, desnudo, cansado, como si en lugar de dormir hubiera estado trabajando o caminando toda la noche.
Desde entonces estoy encerrado en mi casa, denunciando inútilmente, todo esto a las autoridades.
- Ven, dice Ale, por eso estoy preocupado, pasemos, es acá nomas.
-Bueno, siendo así, se resigna el Toto.
Legamos a la casa en mitad de las sierras, parecía estar todo cerrado a cal y canto, ¿Nos abriría? ¿O creería que éramos parte de la avanzada extraterrestre? ¿Estaría vivo?
Al llegar a la puerta vemos que estaba abierta. Nos asustamos, se suponía que estaba encerrado por precaución. Entramos a los gritos, corriendo, con un mal presentimiento.
-Gus, Gus, decíamos
-Eh, ¿quién es?, estoy acá en el dormitorio. Llegó una voz desfalleciente, baja y sin modulación como si sus pulmones hubieran colapsado.
Y allí estaba, en la cama, todo tapado por las frazadas, sólo le sobresalía el rostro de Gustavo en el cuarto medio a oscuras y lleno de velas y sahumerios, lo que daba un olor bastante espantoso.
-Soy yo, Alejandro, con Toto y Tadeo
-Ah, hola, está todo oscuro y por eso no los veía, pasen pero no se acerquen mucho que estoy enfermo, tal vez covid 19...
-¿Qué pasó? La puerta estaba abierta.
.Ah, eso dijo desfalleciente, es que me cuida una chica, debe de haber ido a comprar algo.
-¿Pero no estabas encerrado? Dice Ale, ¿Que te perseguían, que tenías miedo?
-No, no, ya debía de tener fiebre por esta pulmonía, lo del barrito no era nada, efectivamente son unos chinos que vinieron con tecnología nueva para plantar arroz y la chica los que ría robar, esa fórmula secreta que usan para que crezca más arroz y le da el color amarillo, vale mucho dinero.
No era nada raro, perdóname si te asusté
Ahora si me disculpan, estoy muy cansado y no los quiero contagiar.
Ale se va a despedir y nota que el bulto de la cama era muy grande.
-Che, ¿estas gordo o también ahí está la minita de los ojos color tiempo lluvioso y los interrumpimos?
Je, je, ojalá, sólo estoy un poco gordito, que vas a hacer la buena vida...
Chau, chau se dicen
Cuando estaban saliendo, el Toto dice
-Che, ese olor era que tu amigo se cagó encima, está goteando una cosa inmunda de la cama, me parece que está muy mal.
Al bajar las escaleras ven que la inmundicia está chorreando del techo, como si lo atravesara.
-Mira, dice el Tadeo, como si fuera la sangre del Alíen.
Ale mira alarmado.
-Aliens, claro, dice, seguramente no está gordo debe de estar incubando un alíen o tiene un alíen escondido bajo las frazadas que le apunta con una pistola de rayos...
-Huyamos dice Tadeo, asustado.
-No, yo vuelvo, explica Ale y sube corriendo las escaleras de vuelta al dormitorio.
Pero al llegar ve que ya no están las frazadas, que sólo el rostro es el de Gustavo, que el resto del cuerpo no era gordura sino una masa informe de barro amarillo del que sobresalían seudópodos y que se reabsorben, que tiene varios rostros diseminados por su superficie.
Ahí ve Ale un rostro femenino y reconoce unos ojos que parecen un día lluvioso.
El monstruo ruge. Ale se para en seco.
-Uds. También serán parte de la invasión, los absorberemos, dice, y un seudópodo de barro sale disparado hacia Alejandro.
Éste, acostumbrado como estaba a eludir carteristas en el tren sarmiento, se agacha justo a tiempo.
Pero el chicotazo hace que las velas de la repisa se caigan, de repente todo arde, las cortinas, el piso de madera, la ropa de cama
Ale sale corriendo sin poder ayudar a Gustavo, de arrancarlo del barro, si es que queda algo de él todavía, en ese montón de barro amarillo que gemía y se retorcía.
Sube al auto a los gritos.
-Arrancá, le dice A Toto
-Ale, dice Tadeo, otra vez te pusiste a incendiar todo, ya casi haces que nos echen de inorgánica dos, y ahora esto.
En ese momento, la casa, el monstruo mejor dicho, explota y múltiples pedazos vuelan por el aire.
Pero el coche los deja atrás.
Nadie mira, están demasiado asustados.
Y no ven que un pedazo de barro cayó cerca del arenero de la plaza.
Las ramas de los árboles no se mueven pero debe de haber viento, porque el barrito cada vez está más cerca de los chicos que juegan en la arena.
El viaje transcurre lento y tranquilo, de pronto suena el celular de Alejandro.
-Uh, el plomo de mi jefe, si sabe que estoy de vacaciones... Y video llamada para colmo.
-Ale ponete contento que te vamos a vacunar
-¿Que?
_ Que tenemos la vacuna, mejor dicho que tenemos la licencia para fabricar la vacuna contra el covid 19, en los laboratorios Raffo
-¿La de Oxford?
-No, la rusa, espero que te paso con el delegado personal de Putin, que te va a explicar todo, habla castellano, no te preocupes.
Y le pasa el celular al delegado.
Ale pega un grito al verlo y dice
-Cuatro letras.
-No, le rectifica Toto, vacuna tiene seis letras.
-Uf, cuatro letras ese e erre gei, Serguei, es Sergei el delegado, le dice mirando a Tadeo que también lo conocía.
--Hola Alejandro, teníamos que consensuar con vos como se pone en el folleto lo de las contraindicaciones.
-No me digas que la vacuna deja secuelas...
-un poco, los cuellos se engrosan y salen branquias, además de una membrana entre los dedos. También hay que agregar que se debe cantar un cantico. Un cantico a Cthulu...
Como Betelgeuse tiene cambios en su brillo es más fácil despertarlo sobre todo si canta todo el país
-¿Y Cthulu puede curar el coronavirus?
-No sé, pero si viene Cthulu, el covid va a ser el menor de nuestros problemas...
En eso el coche se bambolea porque pisó un bache y Ale se despierta, todo sudoroso y agitado.
-Menos mal, fue un sueño.
Asustado, promete no volver a dormirse, sobre todo porque el coche lo estaba manejando él.
-Ale, al final, ¿Le contaste a tu amiga Stella que nos íbamos de vacaciones para Córdoba?
-Sabes que no. Ahora la llamo y le cuento.
Sacó el celular y marcó el número de Stella
-Uh, me da ocupado, después la llamamos
Si, Stella estaba hablando por el celu con su hijo Hugo.
- Y pensá que me mudé a la ciudad de Ámsterdam, le decía Hugo, donde la prostitución es tan libre que hasta están en vidrieras y la marihuana se fuma en los café, para que mi trabajo no me distraiga.
-¿Hugo, lo interrumpe Stella, que me mandaste?
-Lo que vos querías, Mamá, los bulbos de tulipán para que los plantes, acá en Ámsterdam están los mejores y calculo que allá es la época de plantarlos.
-Pero no son redonditos como se los ve en Internet, igual es uno solo no varios y esta como aplastado parece jengibre o esa planta de las brujas de la edad media, ¿Cómo se llamaba?
-Mandrágora, pero eso no existe de verdad, no sé será algo del correo de allá que tardó mucho y ya empezó a brotar. Igual si sale bebé es mandrágora, buenísimo porque quiero un hermanito.
-Callate, que por algo sos hijo único.
Ya preparé la maceta con terrafertil, la voy a poner en la repisita donde cargo el celu, ahí le va a dar bien el sol.
La plantó, la regó y la puso en su lugar en la repisa, entonces se sintió cansada y se acomodó un rato en el sofá del living. Se durmió enseguida.
Tuvo un sueño raro, con mucha oscuridad, estaba como en una cama de hospital, sin poder moverse, sentía la piel endurecida y apergaminada.
Consiguió mover la cabeza y como unos tentáculos le vinieron a la frente...
Se despertó agitada.
Para despejarse decidió salir a caminar un rato. Volvió más contenta, tal vez por el vasito de vino que tomó con el asado de la parrillita, que le mejoró el ánimo.
Vio sorprendida como un pequeño brote ya salía de la maceta
-tenía razón Hugo, ya está brotando
Empezó a bostezar, mientras lo decía, así que se fue a la cama.
De esa manera empezaron sus sueños y largos días donde se sentía cada vez más cansada.
Soñó con una especie de enfermera o guía que la llevaba de la cama a un gran salón, lleno de largas mesas
Ella era...como decirlo... un monstruo
Alta, como el tronco de un árbol, la misma piel cuarteada, una serie de tentáculos en lo alto de su ¿cabeza? Si se puede llamar así a un engrosamiento del tronco, en lo alto del cuerpo.
Sin brazos, sin piernas
Y para horror de Stella, comprendió que ella era igual a la enfermera.
Se movían por impulso de la mente, y descubrió que también hablaban por telepatía.
Así aprendió que eran seres de un planeta muy lejano, le mostraron por una ventana, un cielo carmesí con dos lunas y una estrella enorme que ella supo que era Betelgeuse.
Era el planeta natal de Cthulu, le explicaron y ellos la raza que él había creado para que lo sirvieran.
Desde allí partió a conquistar el universo hasta que los dioses antiguos, celosos de su poder, lo desterraron a la Tierra y la isla de Rÿleh, donde yace por siempre dormido.
Y ellos serán la raza que lo va a liberar.
Es que estos son los tiempos de los que hablaban las antiguas profecías...
El horror de este pensamiento, hizo que se despertara, esa primera noche y que no quisiera volver a dormir.
Salió a la calle, caminó, respiró Buenos Aires, para tratar de tranquilizarse. Bebió mil y un cafés para no dormirse.
Pero fue volver a su casa y empezar a bostezar, casi sé queda dormida en el baño, a duras penas regó la plantita que ya empezaba a tener un tronquito bastante bien formado.
Qué curioso, pensó, es igual a la enfermera de mi sueño...
Vestida incluso se recostó en la cama.
Y los sueños volvieron
Otra vez con su guía explicando, como imposibilitados de viajar tan largas distancias habían enviado semillas, que era su forma de reproducción, al espacio. Controlando que las corrientes de energía oscura las llevaran a los planetas que ellos elegían.
Así, luego de incontables eones, habían llegado a la Tierra, para preparar el camino para la vuelta de nuestro señor Cthulu
Ah, pensó ella, la plantita que está saliendo en casa, por eso se parecen.
Si, la planta va reemplazando su conciencia con la tuya, cuando vos des el consentimiento, tu mente podrá tener acceso completo a nuestro mundo y sus maravillas.
Le fue mostrando ese mundo tan extraño y lo avanzado que estaba esta civilización milenaria. Como vivían en paz y en la contemplación de las artes. Su nivel de matemáticas era increíble, Stella se abalanzó sobre los textos y para mirar los teoremas que habían descubierto.
Ella podría pasarse horas estudiando, conociendo teorías sobre el cosmos, hipercuerdas, miliquaks, dimensiones extra, gravitones enlazados, etc., etc.
Este mundo era para ella se dijo.
Pero además, le dijo el guía, no es solo este mundo, también estamos en millones de mundos más.
Y recorrieron galaxias enteras y vieron civilizaciones y planetas totalmente desconocidos.
Todo estará en tus manos, si das tu consentimiento
Si doy mi consentimiento... dijo pensando que no escuchaba bien, un pitido sordo estaba empezando a sonar no sabía de donde...
Stella pensó en hacerlo enseguida, lo que había visto era perfecto para ella pero después recordó que aceptar implicaba que Cthulu volvería a la vida.
Ella estaría lejos y no lo sufriría pero su hijo y los amigos que ella frecuentaba, que tanto quería...
¿Qué les pasaría? Ella sabía que Cthulu podía ser muy cruel...
-No, gritó
-Quiero volver a mi cuerpo, no quiero seguir aquí.
-No, dijo el guía no estas entendiendo, las conciencias ya están casi separadas, si tu cuerpo rechaza la conciencia de nuestro hermano, no podrá sobrevivir, tu cuerpo irá muriendo lentamente, tu conciencia quedara para siempre en la planta, pero como serás culpable de la muerte de nuestro hermano, quedaras aislada de nosotros como castigo, serás solo una planta
El zumbido subió de volumen
Stella empezó a gritar, no, no, haciendo fuerza para despertarse.
El zumbido era ensordecedor...
Vio, se dio cuenta que era el celular que llamaba, que como estaba puesto en vibración hacía oscilar la repisa y a la plantita, hasta hacerla caer contra el suelo, rompiéndose
Ahí Stella recupero algo la conciencia y se arrastró hasta el celu. Vio que era Ale que por fin había podido llamarla
Atendió Stella y con un hilo de voz pidió que llamaran al 911, urgente.
Y así lo hizo Ale, por suerte.
Un rato después, llaman a Alejandro para contarle que había sucedido con su llamada, como habían rescatado a su amiga que parecía estar muy conmocionada. Gracias al portero revisaron el depto. de la vecina, donde encontraron más de esas plantitas que Stella decía que le habían hecho mal. Sospechamos que ella era la que las mandaba las semillas, las plantas tenían un efecto alucinógeno y creemos que de esa manera obtenía dinero de sus víctimas, personas solas y eventualmente también sus departamentos. Había también un montón de plantas con el nombre de la persona en él, ya los investigaremos para saber el monto de la estafa.
Igual esta mujer tenía en su depto. una estrella de cinco puntas pintada en el piso y una serie de libros ocultistas. Además decía ser del planeta Transexual de la galaxia Transilvania, por lo que la ingresaron en el Arkham Asylum.
Hugo se había mudado a Ámsterdam, ya dijimos, su trabajo en la compañía Computing and Games era muy bueno y la ciudad le encantaba.
Además como tenía mucho tiempo libre, empezó a visitar museos y aprender sobre pintura holandesa, hasta se fue a la ciudad de Delft para ver la vista del famoso cuadro de Vermeer.
Pero en un museo chiquitito, vio una pintura que le gustó muchísimo, era de Hyeronimus Bosch, el Bosco.
Buscó otras pinturas de él, sobre todo le atrajo el Jardín de las Delicias, pero estaba en el museo del Prado y no pudo viajar a verlo.
Así que iba todo el tiempo al museo a ver su cuadro, hasta se compró una postal en la tienda del museo para tenerlo siempre con él.
Era la representación de un típico bar de la edad media, lleno de decadencia y depravación, mujeres semidesnudas y bestias mitológicas mezclados con los parroquianos. A él le llamaba la atención sobre todo uno de ellos, medio escondido en el fondo que parecía dirigir todo lo que pasaba en la pintura.
Tanto se obsesioné con este personaje que terminó poniéndole nombre. Van Der Waals, lo llamó, no sabía bien quien era el original pero le había escuchado ese nombre a sus padres, tal vez un deportista pero que era holandés le pareció seguro.
Curiosamente luego de ponerle nombre le descubrió una sonrisa que antes no le había notado.
Como el personaje emanaba tanta autoridad, Hugo empezó a consultar con él cada vez que tenía un problema y de inmediato se le ocurría una solución cuando sacaba la postal de la billetera y la miraba.
Así fue destacándose en el trabajo, tanto que le dieron la nueva cuenta de la modelo Jana Rumpelstinsky, lo que era muy bueno porque tendría comisiones sobre las ventas de los productos que ella promocionaba.
Encima Jana era hermosa, alta, flaquísima con unas piernas kilométricas y la piel dorada por el sol. Usaba el pelo pelirrojo muy largo y rizado en las puntas, que a cada rato se le iba a la cara y tapaba sus grandes ojos celestes, la boca naturalmente roja y esa nariz tan chiquitita que la hacía parecer un personaje salid de un animé japonés.
Hugo se enamoró al instante de su sonrisa, de su dulzura, pero aunque no era feo, sabía que no estaba la altura de los modelos que ella frecuentaba.
¿Cómo hacer? Se preguntaba, encima ella hablaba en holandés y él apenas lo chapurreaba...
Y ahí iba Van Der Waals, con sus consejos.
Una frase ahí, una flor, un gesto, un apartarle el pelo cuando se le venía a la cara...
Así la fue conquistando.
Ella tenía una casa barco en los canales de la ciudad y ahí iban a hacer el amor mientras se mecía con el suave oleaje.
Hugo empezó a pensar menos en Van der Waals, a pesar de que sacaba la postal a cada rato para interrogarlo, y las respuestas de éste se hicieron más cortantes y avinagrados los comentarios, igual lo consultaba porque sus juicios seguían siendo certeros.
Hasta que un día que todo parecía quedar mal, con Jana se tomaron un descanso y junto a una taza de café decidieron abandonar la idea que estaban trabajando y empezar otra de cero.
Fastidiada Jana, se dedicó a pasar por la trituradora lo que habían imprimido y que ya no servía, para llevarlo al reciclaje.
Hugo mientras tanto, sacó la postal y pensó en que estaba mal, mientras miraba alternativamente a Van Der Waals y las aguas del canal.
La respuesta de Van no se hizo esperar.
-Jana, dijo
-¿Que?
-Tienes que matarla, te está deteniendo, ella es lo que está mal aquí.
-No
-Mátala, mátala
Hugo angustiado porque sabía que tenía que hacerle caso, Van nunca se equivocaba, dejó la postal sobre la mesa, pensando como lo haría...
En eso Jana toma la postal y la tira a la trituradora
-No, se desespera Hugo
-Oh, era una postal y del pintor que te gusta tanto, perdóname, estaba alterada y pensé que era una foto de alguna exnovia, como siempre que la sacas pones una cara...perdóname ya compraremos otra
Hugo se dio cuenta que por primera vez en mucho tiempo escuchaba silencio, comprendió que ya no necesitaba ese apoyo, que era mejor así, quedarse con Jana.
-No importa, ¿Y qué tal si nos bañamos juntos?
Toto paró el auto al ver una casa de té japonesa y les dijo de entrar, él había estado haciendo unos cursos en el Japón y sabía de qué se trataba. Además en ese momento tocaban un tema de Tormenta en la radio y a él no le gustaba.
Alejandro y Tadeo estaban cansados y con hambre así que aceptaron porque para ellos el té era lo mismo que comer choripán y vino.
Ya sentados una chica vestida de geisha se acercó a atenderlos, con sus pasitos cortos y su quimono rojo era el colmo de la amabilidad, tanto que hasta dejaba que fuera Toto el que explicaba la ceremonia del té, Ale mientras tanto se afanaba la comida de la bandeja.
Keiko, que así se llamaba la morocha de oscuros ojos rasgados y con una boca pintada, mejor dicho decorada de rojo, cada vez le gustaba más ese porteño de ojos celestes.
A veces lo corregía y otras lo reprendía pero todo muy dulcemente. Tadeo y Alejandro empezaron a codearse por lo bajo y sutilmente iban dejando entender que Toto no tenía novia.
Keiko sonreía...
Pero Toto no.
Es que recordaba que en el mencionado viaje a Japón, todos lo habían vuelto loco con la pregunta de si las japonesas tenían la vagina vertical u horizontal.
Y él estaba desesperado por corroborarlo in situ.
Ya la primera noche se fue a uno de los boliches más grandes. Probó con una chica pero rebotó, luego otra y otra más, todas lo rechazaban por ser occidental o por hablar mal japonés.
Se sentó triste en uno de los sillones pero de repente vio que una gordita lo miraba.
-esta es la mía, se dijo y encaró para ahí.
Bailaron un rato y Toto fue entrando en tema con unos besos que se hicieron más apasionados al paso del tiempo, despacito la fue llevando a uno de los rincones más oscuros del boliche.
Empezó a acariciarle suavemente los hombros, a besarla en el cuello, a decir palabras dulces...
Y a meterle la mano por debajo de la pollera.
Ella le dejaba hacer.
Hasta que le metió la mano en la bombacha y fue llegando despacito a su destino anhelado...
Pero
Horror, no era una chica era un travesti y él le había tocado... con sus manos...
Tres días estuvo lavándose las manos con agua, jabón, alcohol y merthiolate pero nada le sacaba loa sensación...
Así que cuando terminaron el té, volvieron a la ruta para decepción de Tadeo y Ale, porque ni siquiera habían intercambiado números de teléfono.
-Che, nos estamo0s quedando sin nafta, dice Ale
-Viste, te había dicho que no nos desviáramos tanto. Encima por acá no se ve ninguna estación de servicio,
Además de esa manía que tenes de ir escuchando la radio, ese programa de Gira, mágica y misteriosa y ese otro de Loterock.
-Miren, dice Tadeo, ahí se ven luces, vayamos a ver.
Las luces resultaron ser un castillo imponente, de torres altísimas y grandes portones de hierro.
Los tres se acercaron a tocar timbre.
-¿Llamó usted?
Les dijo un ser deforme y jorobado, que resultó ser un mayordomo inglés.
-La señora condesa los recibirá
Y se fue, dejándolos solos en el gran salón, ellos se estremecieron. Se dirigieron entonces hacia la enorme chimenea, donde había un gran fuego chisporroteante.
-Hola, se escuchó una voz melodiosa, bajando por la gran escalinata de mármol blanco.
Ale siente que se le paraliza el corazón, dice- Fanny
-Pero estas igual a cuando éramos jóvenes
-Ay, ale, siempre tan zalamero, vos también estas igual, lo mismo vos, Tadeo.
En ese momento entonces, presentan a Toto que no la conocía, por haber ingresado más tarde en la facultad de Exactas.
Ella tenía el cabello negro, brillante, parecía recién peinado, el cutis sonrosado y los ojos verdes resaltaban en su rostro.
Pero ninguna arruga, ale hizo el cálculo pero más de cincuenta tenía seguro ¿cómo haría para estar tan bien?
Seguía alta y delgada, el vestido negro que traía puesto le quedaba muy bien.
Hizo traer unas gaseosas y sanguchitos calentitos y se quedaron un rato charlando de los viejos años de juventud.
Se despidieron con la promesa de volver a verse lo antes posible.
Con las instrucciones para llegar a la estación de servicio, se van nostálgicos.
Al salir de la mansión ven entrar una van con vidrios polarizados
Toto dice
-Pero, ¿No llevaban unas chicas amordazadas, en esa camioneta?
-Te habrá parecido, no vi nada, contesta Ale
Tadeo siguió callado porque ya se había dormido, otra vez.
Llegan a la estación de servicio y los atiende un gordo pelado y maloliente.
-¿Vienen del castillo, que misterio, no?
Dicen que el conde Bath lo construyó él solo en una noche. Y cuanto lujo, eh.
Cuando el conde murió se quedó la condesa sola, mire que no le faltaron pretendientes, hasta yo mismo me tiré un lance.
Es que es tan bonita, nadie creería que tiene 300 años, le juro.
Ahora como le pusieron tantos impuestos, usan el castillo como hotel para viajes de egresados, igual siempre hubo chicas jóvenes, frescas, por eso decían que el conde era de Transilvania.
Pero parece que ella prefiere sangre de vírgenes, ya no le sirven las adolescentes que tanto le gustaban a su marido, por eso alquila el castillo a contingentes que terminan la primaria...
Ya salían, por fin, para sus vacaciones, cuando Ale pega un volantazo.
-No me puedo ir sin saber, el tipo dijo conde Bath, ¿A qué te suena?
-A la condesa Bathory, dice Tadeo. Pero no puede ser...
-Por eso, voy a espiar a ver si es cierto.
-No, nosotros nos vamos, estás loco opina Toto.
-Callate, vos viste la van con chicas amordazadas, déjenme acá, que vuelvo enseguida.
Y Ale se fue atravesando el parque a oscuras, por suerte parecía que no había perros sueltos, rodeo el castillo hasta hallar una puerta de servicio abierta. Entró silenciosamente, sus amigos no sabían pero ale solía meterse de noche en casas de mujeres solas para espiarlas...
Recorrió varias habitaciones sin ver nada, ya pensaba que todo era un error.
Pero llegó a un enorme baño, todo de mármol, no podía creerlo, sobre la inmensa bañera colgaban desde el techo, cuatro jovencitas, boca abajo, tenían la garganta cortada y su sangre caía en la bañera.
Con su rojo ocultaban la blancura perfecta del mármol.
Y, allí, chapoteando en la sangre, con sus ojos cerrados, estaba la condesa, más joven que antes, si eso cabe.
Era cierto, tal vez hasta tenía 300 años.
La boca de Alejandro permanecía abierta, desencajada.
Tenía que detener esto, se dijo, llamar a la policía.
Pero vio el cuerpo de Fanny, flotando en la sangre. Los pechos perfectos que se elevaban desafiantes...
Recordó que de chicos, él estaba un poco enamorado de ella, angustiado decidió que no podía decir nada que la dejaría tranquila, que tal vez así, podría regresar algún día a verla.
Cabizbajo, sintiéndose culpable, salió del baño sin que ella se diera cuenta y volvió al coche con sus amigos
¿Y...? Le preguntaron Toto y Tadeo al unísono, ¿Que te dijo la condesa Bathory?
-No, no era nada, inventó Alejandro, eso o existe, ni siquiera era Bath era Bazc el tipo había escuchado mal, tampoco era de Transilvania.
Las chicas venían con barbijo porque fueron al hospital por si tenían covid 19 pero no era así.
Y lo de estar igual, me confesó que se acababa de hacer una cirugía estética, la más cara por supuesto me aclaró.
Al acercarse a la casa que habían alquilado les pareció ver una figura conocida
-Cacho, dice Ale, ¿qué haces acá?
-No sabes lo que me pasó, dice Cacho al que se lo ve como cansado y agobiado.
Yo andaba mal porque estaba enamorado de una mujer, la relación iba muy bien hasta que ella se enteró y se mandó a mudar. Yo no sabía qué hacer, llorar era demasiado repetido y como se usa todo esto del sexo virtual se me ocurrió buscar en Internet, estaba poniendo en google “como hacer que vuelva una mujer” cuando el algoritmo me completó la frase con un “cómo hacer para que vuelva Cthulu”, me agarró curiosidad y entré...
Pero era una página de relatos tipo Lovecraft. Como suponía que tenía que haber investigado más empecé a buscar mejor data, refinando la búsqueda entonces el algoritmo me fue guiando mejor, a cosas más reales.
Fui armando un laboratorio de experimentos, con la ayuda del algoritmo. Con decirte que me ayudaba tanto que empecé a llamarlo por el nombre de Abdul, por ese árabe loco, Abdul Alhazred...
Hicimos mil experimentos, miles de reacciones, algunas veces explotaron pero fuimos perfeccionando una formula.
No te puedo creer. Dice Alejandro
Si, avanzamos mucho, con decirte que de noche se llenaba de chotacabras y ranas que croaban todas al unísono.
Lo que es muy molesto cuando vivís en un depto. de dos ambientes.
Y fui consiguiendo la sangre que pedía la formula, gracias a donaciones de mis amigas.
-¿Te donaban?
-Bueno, si, a algunas tenía que drogarlas antes pero nadie me denunció, como no las violaba...
Había juntado un tacho bien grande y entonces decidimos con Abdul, que ya era hora de convocar a Cthulu.
Con la sangre y por medio de ciertas formulas olvidadas por la humanidad, se iba a formar un cuerpo donde habitaría Cthulu.
Abdul decía que así recuperaría el amor de Magali, que Cthulu todo lo puede.
Empecé a quemar las hierbas establecidas, a arrojar compuestos en la sangre, un olor espantoso cubrió todo, una especie de niebla purpura que recordaba los antiguos pantanos del río Cascallares, con olores aún más terroríficos.
Empecé a arrojar mi propia sangre, proveniente de un corte hecho en mi mano con un cuchillo de obsidiana, hecho en Nepal por antiguos monjes ciegos, adoradores de djins demoniacos.
La empuñadura era un vívido retrato de Cthulu...
Mi sangre caía lentamente en la vasija, el aire se llenó de electricidad, la pantalla de la compu chisporroteaba.
Cthulu se acercaba, empecé a cantar más fuerte, la sangre en la vasija se arremolinó y empezó a tomar forma.
¡Era un cuerpo!
Pero humano, muy parecido a un árabe, no a Cthulu.
¿Que había hecho mal? ¿Porque Cthulu se me negaba, tampoco él me quería?
Un grito de triunfo salió de la computadora, el algoritmo había tomado como modelo el rostro del verdadero Abdul Alhazred, que salía en la contratapa del Necronomicon.
Comprendí todo, el cuerpo no era para Cthulu, sino que iba a ser para Abdul, que no era el algoritmo de google sino el espíritu del verdadero Abdul ALhazred, que me había engañado vilmente.
Me ganó el desánimo, de que horrores sería capaz el maldito árabe loco.
Ya no tenía fuerzas, había perdido mucha sangre, el corte en la mano no paraba de manar. La obsidiana mágica me había hecho un corte que no cicatrizaba, que tal vez no se cerraría nunca.
Ya se veían las facciones de Abdul, ah, cuanta maldad que se percibió.
Y yo sería el culpable de que el mundo sufriera.
Pensé en Magali y en lo que pensaría de mí, lo que me diría...
No podía permitirlo.
Imposibilitado de moverme como estaba, me dejé caer sobre la vasija, derramando su contenido, por obra de dioses benévolos, el líquido llegó al enchufe de la corriente, produciéndose un corto circuito.
Un grito ahogado surgió de la pantalla de la computadora mientras se apagaba.
El cuerpo, todavía informe yacía caído y se iba descomponiendo lentamente.
Mi herida dejó de sangrar, súbitamente.
Salí a la calle, necesitaba respirar aire puro.
Y pensaba ir a contarle todo a Magali.
Pero en el camino me cruzo con seis minas, seis, que venían de bailar. No sabes los ojos negros que tenía una de ellas. Nos pusimos a charlar, me fui con ellas a tomar chocolate con churros.
Pensé que era uno de esos bares temáticos que parecen vagones de ferrocarril, pero no. Resultó ser un tren de verdad.
Y cuando pasó por acá me acordé que vos venias y te vine a visitar.
¿Sabes cómo te quiero, no?
Informe policial del comisario Galván
El presente diario fue encontrado en la llamada casa Nazi, en realidad es una casona en las afuera del pueblo, diseñada por William Wilson, de la universidad de Miskatonic y construida por el ingeniero Salomone.
Se lo llama casa nazi porque después de la guerra la habitó un médico alemán, quien se dice que era el segundo de Mengele, o tal vez el mismo Mengele, tal vez, y en la actualidad es de un médico yanqui llamado Herbert West. No se sabe en la actualidad, el paradero de este doctor y la casa se alquila a los turistas.
Desconozco si siguen yendo pacientes psiquiátricos porque este diario parece haber sido escrito por uno de ellos.
Al fin llegamos la casa que alquilamos, es enorme y decorada con muy buen gusto.
Parece que el dueño está de viaje y dejaron todo tal cual, me parece demasiado barata para lo que es, así que seguramente habrá algo malo oculto.
Suerte que no creemos en mansiones embrujadas.
Lo primero que hicimos fue ir corriendo a darnos un chapuzón en el río.
Cacho y Ale sacaron las cañas y se pusieron a pescar, desp8ues de muchos días veíamos un atardecer en paz. Por suerte sacaron varios peces y decidieron hacerlos asados esa misma noche. Ale se puso a cocinarlos en unas parrillas que había en la casa, eso sí, después de lo visto en el viaje, Toto hizo el fuego.
Cacho y yo hicimos las ensaladas.
Cacho lloraba y yo cortaba las cebollas.
Después el café y contar chistes junto a la hoguera, nada de historias de terror...
Con Toto nos fuimos a dormir temprano, repartimos las habitaciones a nuestro gusto. Ale y Cacho en la grande, así seguían charlando sin molestar a los demás, Toto en la de al lado de la escalera y yo en el desván.
Mi habitación era cómoda pero una de las paredes estaba en un ángulo extraño, raro, como inestable, parecía que vibraba pero supuestamente de ese lado se terminaba la casa, no sé, sería el viento, era como si no respetara la geometría euclidiana, ahora que estudié a Maldacena, esos espacios euclidianos se los llama de Minkowsky y ese otro que no respeta que tal vez sea curvo sería un espacio anti De Siter.
Me costó dormir pensando estas cosas, sumado a que era una cama extraña y que había muchos ruidos, lechuzas búhos, chotacabras y unas ranas enormes que croaban todo el tiempo...
En contra de lo que parecía, pasamos una semana muy buena, charlando, riéndonos, ni una sola pelea.
Ale y cacho se iban a pescar todo el día, Toto paseaba por el bosque, yo había encontrado una biblioteca llena de volúmenes de ocultismo y me la pasaba leyendo. A veces salía a ver el frente, porque mi pared seguí intrigándome, así fue que descubrí las gárgolas que custodiaban la casa, seres fantásticos, mezcla de animales fantásticos y humanos, hasta uno que parecía alíen, como esa gárgola de la catedral de Valencia igualita al alíen de la película, pero calma que no era medieval, pasó que la restauraron hace poco y al escultor le pareció gracioso poner uno como el de la película cuando saca la segunda mandíbula.
Un día, estaban pescando tranquilamente, charlando y tomando unos vinos, cuando en la caña de Cacho, hay un forcejeo
-Ahí, dice Ale, tenes uno grande, arrojale, tirá
Cacho va haciendo caso y empieza a salir a la superficie algo grande, muy grande
-¿Qué es eso?
-¡Una sirena!
No lo puedo creer, la arrastran a la orilla, tiene los ojos verdes y el pelo rojizo muy largo.
Apenas respira, le miran el corazón, bah, los pechos desnudos...
Cacho dice entonces
-Como dijo el enano Polvorita, voy a hacer uso de mis bajos instintos.
Y se la llevó.
Al rato vuelve a la orilla, agotado, fumando un cigarrillo.
-¿Qué pasó con la sirena? Dice Ale
-Ah, la puse en el freezer, estas cosas se pudren enseguida si no las congelas. Así nos va a durar todas las vacaciones.
-¿En el freezer?
-Sí, hace mucho frío ahí...
Toto solía caminar por el bosque, sobre todo al atardecer, cuando ya no hacía tanto calor.
Un día, sorprendido ve salir de la maleza una chica de unos ojos marrón claro, casi amarillos, con algo así como una tiara con un cuerno en su cabeza.
Pero se da cuenta de que es demasiado alta.
-Pero...
No es que esté subida a nada, se da cuenta que tiene cuatro patas y un pelaje marrón clarito, es algo así como un unicornio mezclado con Bambi, con la carita de una modelo.
-Hola, le dice ella, dulcemente.
-Hola, responde Toto con gran facilidad de palabra. Es que Toto esta cautivado, ella tiene una voz hermosa.
A partir de ese día se encontraban todas las tardes a charlar y reírse juntos.
Un día, distraídos de tanto mirarse a los ojos se les hizo más tarde que de costumbre. Toto se puso más romántico con la caída del sol y se quiso quedar viendo como salían las estrellas.
Ella le gritó
-No, no tenes que estar por acá de noche, es peligroso, salen todos de noche...
Y como en el eco de sus palabras se escuchó un ruido muy fuerte, proveniente de la profundo del bosque.
-Andate, corre, él viene para acá
-¿Para, que pasa?
Salió de la nada un ser terrorífico, mezcla de oso y dragón, con la cara de un hombre enojado. Tremendo bigotones tenía.
Sus pezuñas resonaban en el suelo repleto de hojas del claro donde ellos estaban.
Hizo una mueca y se le vieron los grandes caninos que tenía en su boca, emprendió una carrera hacia Toto, buscando sangre.
Pero ella se le interpuso
-Corré, salvate vos por favor.
Toto, aterrado, sale corriendo, sabe que no puede hacerle frente a tamaño monstruo.
Por el rabillo del ojo ve que el monstruo la ataca a ella, entonces se da vuelta para ir a ayudarla, pero se da cuenta que es inútil, la ve caer con su cuerno ensangrentado, el monstruo se abalanza sobre ella...
Desde ese día Toto va poco al bosque y por las mañanas. Siempre parece a punto de llorar.
Yo iba avanzando con mis estudios alquímicos, pero me costaba, apenas recordaba mis clases de latín de la secundaria, que me diría la Beraldi, encima la copia del Necronomicón, que yo conocía un poco más, estaba en arameo.
Ese día estaba especialmente deprimido y tiré todos los libros al suelo. Decidí salir a caminar, aunque Toto me advirtió que volviera antes del atardecer.
No pensaba ir muy lejos, sólo descargar mi furia.
La noche anterior había llovido y todavía había algunos charcos, así que tenía que ir saltando de mata en mata par no mojarme demasiado los pies.
Hasta que... una mata se hundió y yo caí por el pozo, golpeándome por todos lados.
Descendí hasta una cueva que se ensanchaba a medida que bajaba, habría caído unos cinco metros y no veía como salir.
Grité y grité pero nadie escuchaba.
¿Nadie?
De pronto vi que se acercaban a mí unas personas diminutas, de no más de 10 o 15 centímetros, todos muy rubios parecían de una tribu perdida de Alemania. Recordé que esta era zona de nazis.
No entendía lo que me decían pero igual los seguí. Me llevaban junto a su rey, que me recibió muy contento, parece que yo cumplía ciertas profecías milenarias y sus dioses estarían contentos.
Armaron un banquete y las doncellas bailaron para mí, creo que hasta el rey me ofreció en casamiento a una de sus hijas. Simbólicamente, no había como consumar el matrimonio.
Todos brindábamos, tenían una bebida de hierbas con un gusto muy parecido al fernet.
La música se fue poniendo frenética, la bebida corría y los ánimos se alegraban.
Pero esa bebida debía de tener algo digestivo, porque mi estómago empezó a hacer ruidos, disimulados por lo fuerte de la música.
Aguante todo lo que pude pero las hierbas habían fermentado y querían salir para afuera.
El pedo resonó en las paredes.
Claro que yo no había pensado en la gente tan diminuta, para ellos fue un vendaval.
Volaron el rey y su hija, las mesas y los invitados, hasta se cayó medio palacio abajo.
Avergonzado, salí corriendo, de pura suerte encontré una salida que me llevó al bosque y de ahí a casa.
Lástima, me gustaba la princesita...
Se cumplía la primera semana en la casa y para festejar, trajimos una botellas de champan desde el pueblo y bebimos hasta la madrugada. A duras penas llegó a mi cama.
Y a duras penas me levanté al día siguiente.
Toto ya estaba desayunando.
-Che, me dijo, ¿Viste a Ale ya Cacho?
-no, es cierto no se los escucha hablar, debe de ser el primer día de las vacaciones que pasa eso.
-No, en serio, me dice, no durmieron en su cama.
-Habrán decidido ir hasta el pueblo a seguir tomando, estaban muy en pedo cuando me fui a dormir.
-Será eso, ya volverán dijo Toto, resignado.
Pero no volvieron
Yo recordé que en la noche se escucharon más ruidos que nunca y la pared de mi cuarto vibro toda la noche. Decidimos que si al día siguiente no volvían iríamos a la policía a hacer la denuncia.
Al día siguiente no volvieron y para mi horror, vi que Toto tampoco estaba, su cama estaba sin deshacer.
Hice la denuncia pero creo que no pasará nada, poco menos que dijeron que era culpa nuestra por alquilar una casa malévola.
Desolado volví a la casona, más preocupado que nunca. Tenía que descubrir yo solo que había pasado.
Me sumergí en libros extraños, milenarios, rebusque entre todos los volúmenes de la biblioteca, para mí la respuesta estaba allí.
Hasta que...
-estos planos no coinciden, este cuarto mío debería ser más ancho...
Encontré un hacha y arremetí contra la pared del pasillo, que daba al fondo del placard. Pero no daba a una pared sino que continuaba, era una pared falsa, ahora veía los goznes de la puerta imitación pared.
Respiré profundo, ahí estaría la respuesta.
Enloquecido, gritando, fui golpeando con mi hacha hasta llegar a una puerta que derribé con gran estruendo.
Sólo para encontrarme con una e-telequeli.
Si, esa bestia milenaria similar a un yeti de las nieves, pero esta se veía que tenía un rostro humano en su cuerpo de casi dos metros y medio.
La bestia custodiaba un laboratorio, de ahí salían los ruidos que se escuchaban en mi cuarto.
La bestia corrió y me cerró el paso, blandí mi hacha pero fue inútil, no voy a decir que me desmaye del primer golpe pero enseguida deje de contar cuantos recibí, sus manos eran enormes, más grandes que mi cabeza.
Desperté en una jaula, dos personas con guardapolvos blancos manchados de sangre trajinaban entre instrumentos médicos.
-Ah, despertaste, me dijo una de ellas en el que reconocí al dueño de casa, el doctor Herbert West, el médico de la ciudad de Miskatonic, perseguido por policías y parientes de sus pacientes
-Lástima tu reacción, tenía fe en vos. Pensé que ibas a descubrir el conjuro que tantos años llevo buscando. Estabas cerca, es mas no te diste cuenta pero reanimaste una de las gárgolas, una de las originales de Salamone, esa que parecía un ángel con plumas de metal. Luego de una de tus pruebas levantó vuelo y se marchó, supongo que habrá ido a reproducirse con el ángel de la muerte que puso Salamone en el cementerio de Azul.
Las otras no reaccionaron, yo pensé que Romeo y Julieta, iban a ser los primeros, si, esas gárgolas que están en la esquina sur y que parecen estirarse para tomarse de las manos. Esas las hicimos nosotros, eran una pareja del poblado a la que sus familias no querían ver juntos.
Y se escaparon.
Pero tuvieron la mala idea de refugiarse en esta casa que parecía abandonada. No les mentimos, les dijimos que estarían juntos por siempre, no les dijimos vivos...
Las familias nunca los encontraron.
Lástima, te decía que necesitamos el conjuro final. El doctor Kroizs fuel el que construyó esta casa, según planos alquímicos del medioevo. Tuvo éxitos notables venciendo a la muerte, es más se dice que aquí mismo rearmo el cuerpo de Hitler, en un par de ocasiones, para que pudiera seguir liderando desde las sombras.
Pobre doctor, estando en un congreso se enfermó de una cepa muy contagiosa, murió y por precaución lo cremaron instantáneamente, sin darle tiempo al hijo a reanimarlo.
Fritz, el Dr. West señala a su compañero, es mejor cortando los cadáveres y yo soy mejor uniéndolos para que vivan pero solo el viejo doctor tenía la formula y la habilidad para volver a la vida todo lo que quisiera.
Y pensé, tuve fe, que vos podrías encontrar el conjuro entre los papeles.
Pero ahora tendremos que matarte.
Fritz dice que tus amigos no le sirvieron de nada, vamos a ver si entre los cuatro podemos hacer uno bueno.
-No, golpee desesperado las rejas de la jaula...
Nota del comisario
Así, abruptamente termina el diario, tal vez de un personaje desquiciado como el que le puso un cartel de sirena a un engendro que encontramos en el freezer, hecho con una cabeza humana el cuerpo de una mona y la cola de un yacaré.
Procedimos a la busque da de los cuatro masculinos, sin éxito, pero también es cierto que tenemos pocos efectivos destinados a la búsqueda porque estamos abocados a la vigilancia de la zona por la presencia de un ser extraño que merodea por la sierra. Sería una especie de hombre lobo que se disfraza de Zorro y que se dedica a beber la sangre de señoritas morochas de ojos verdes.
FIN
Después de leer estas página me di cuenta que había muchas historias de estudiantes de Ciencias Exactas.
Que luchaban contra cosas fuera de su raciocinio
Y es que debe de haber una maldición que los alcanza.
Con una cuarentena tan larga me dedique a buscar esas historia y aquí las transcribo.
Camilo Séptimo
Azul
Vuelta a vuelta, mis pasos me llevan al cementerio de Azul.
Siempre me paro frente al ángel vengador que construyó Salamone.
Lo miró con temor, esa cara, esa espada, me producen un horror infinito.
Nunca he podido entrar, traspasar esa puerta, su figura me lo impide.
Pero sé que cuando llegue con mi mortaja y en una caja de pino, pasaré y él deberá protegerme...
Tus ojos grises
Tus ojos son hermosos.
Tan grises, jaspeados, como en finas láminas.
Con un toque de verde.
Son inquietos, me miran y miran.
Y yo a ti.
Giran en sus cuencas como desesperados
Y creo que si te sacara la mordaza,
Gritarías
Hay humo en mis ojos
Al fin logró llevarla a la cama, después de tanto tiempo. Él está enloquecido por su piel, la siente tan suave, la acaricia y la acaricia. Realmente la pasaron muy bien.
Al terminar, él la mira, mira sus cabellos negros que le caen sobre la cara, un poco transpirados, un poco revueltos, la marca de los mordisquitos de él en una de sus orejas, sus ojos verdes que se cerraron con mucha fuerza al alcanzar el orgasmo. Sabe que la ama que siempre la amó.
Prende un cigarrillo.
-Vos como mi ex que no podía dejar de fumar ni de comer. Le dice ella.
-No, no es eso. Habrás notado que hay un montón de sahumerios y velas prendidos, lamento decirte que no lo hago por romántico. Te cuento.
Resulta que yo en una época salía con una chica amante de lo oculto, Johana, pelirroja de ojos verdes, irlandesa, obvio, decía ser descendiente de Morgan Le Fay, la Fata Morgana de los cuentos del rey Arturo.
La había conocido en una librería, sabes que soy un viejo buscador de libros usados, antes lo decía porque llevaba mucho tiempo buscando y ahora sólo porque me voy poniendo viejo. Decía que la encontré en varias librerías buscando y un día fuimos a toma un café y a charlar.
Bueno, seguimos charlando un tiempo más...
Un día me dice que había encontrado un libro con un ritual para hallar la juventud eterna.
Entusiasmados, preparamos las velas, desparramamos las hierbas, formamos un círculo con sal.
Empieza el hechizo
Aparece un ser... no sé cómo decirlo pero exhalaba maldad, parecía el genio de la lámpara malvado. La habitación se enfrió en forma instantánea, nuestro aliento, blanquecino, revoloteó a nuestro alrededor.
Johana le pidió juventud eterna, bueno, tal vez le exigió a los gritos que la obedeciera.
El ser se rio, los dientes le brillaban de maldad.
-No, le dice, el que obtiene juventud del hechizo soy yo. Por eso dejo ese libro en las librerías para que los incautos lo realicen...
De repente, Johana se alza en el aire, en su cara se refleja el horror...el dolor...
A un gesto del ser, una raya roja cruza la cara de ella y el ser sigue y sigue abofeteándola a la distancia.
El miedo me paraliza, no podía hacer ni un gesto para defenderla. Mi comprensión no alcanzaba a entender que estaba pasando.
El ser reía, frotándose las manos con alegría.
Abrió la boca y lanzó un aliento espeso, verdoso que viajó moroso hasta Johana. Cuando la alcanzó, la hizo envejecer rápidamente ante mis ojos atónitos. Se iba transformando en polvo, solo iban resistiendo sus ojos verdes, encerrando entre miles de arrugas.
Y de repente, plaf, sólo polvo quedó en el lugar donde ella estaba, donde ella había estado.
Esto fue demasiado para mí, yo era el siguiente, lo sabía, quise huir, pero tropecé y tiré las velas al piso.
Se encendieron las hierbas, todo se llenó de humo.
Entonces entre el humo, comenzó a verse la verdadera naturaleza de ese ser.
Era una cosa amorfa y horrorosa, el ser fino y delicado era solo una ilusión. Luchaba contra el humo, era como que no podía atravesarlo.
Estaba a salvo, un poco por lo menos.
Envalentonado, tal vez demasiado aterrado para pensar con claridad, recité, grité, un par de hechizos que le había escuchado a Johana.
Eso pareció afectarlo, te juro, esa forma gelatinosa tembló, se agitó. Oh, Dios, espero que no estuviera riéndose.
Yo no tenía tiempo de rezar.
Pero gracias a esos hechizos, tuve tiempo de salir corriendo de a habitación y de la casa.
Pero sé que el monstruo esta libre, que yo soy el siguiente que atacará.
Por eso el cigarrillo y el humo porque sé que no puede atravesarlo.
Y detrás de él estoy a salvo...
Ella lo miró fascinada, sintiendo, tal vez creyendo, tal vez pensando que era una excusa para no dejar el faso.
Pensó, entristecida, que mejor volvería con su ex, era más feo pero por lo menos estaba dejando de fumar.
Horas y horas
Me pasaría horas viéndote dormir, viendo tu pelo que cae, la suavidad con que respiras.
Desearía gritarte que te amo pero en lugar de eso me levanto despacio, sin ruido.
Lo más complicado es cerrar la puerta del departamento sin ruido.
Así no te enteras que
n desconocido entra todas las noches a mirarte mientras dormís...
El ángel de Azul
Sus ojos verdes brillaban frente al sol del atardecer. Respiraba fuerte, parecía querer atrapar los últimos rayos sobre su piel.
La conocí en el mercado de Azul, la ciudad bonaerense, distraídos, quisimos agarrar la misma manzana.
Y ya no pudimos separarnos en estos tres días.
Hasta la convencí de acompañarme a encontrar el conjuro Salamone.
Y por eso estábamos los dos trepados en la cabeza del enorme Ángel vengador que hay en la puerta del cementerio de Azul. Obra, tal vez la mejor, por lo menos la más llamativa de Salamone.
Oh, tengo emociones mezcladas al hablar de Salamone, porque tengo una extraña relación con él, con sus obras.
La historia oficial es la de un ingeniero que en los treinta construyó un montón de edificios públicos para la gobernación bonaerense. Todo en esa época es monumental y un poco fascista y así, precisamente así, son los edificios, los mataderos, los adornos de los cementerios... que él construyo.
La no oficial es que no había tiempo físico para que este en todos lados, las 70 obras eran muchas, varias eran simultaneas. Está bien, era un avezado piloto de avionetas y dicen que iba de una obra a la otra en una de último modelo.
Pero hay fotos donde se lo ve al mismo tiempo en obras a 500 km. De distancia una de la otra.
Por eso se dice que estas obras eran altares blasfemos, elevados no se sabe si para el diablo o para seres más antiguos, dioses que el mismo Satanás les tenía miedo.
Por eso, en la construcción, hubo tantos accidentes, tanta sangre y tantas desapariciones extrañas.
Nadie hizo nada, los obreros no le importaban a nadie. Eran muchas veces inmigrantes, gente que iba de paso buscando un mejor vivir y encontrando un mejor morir.
Y ayudando a Salamone en su pacto diabólico...
Mi relación con las obras, empezó temprano, ya de niño soñaba con esas formas extrañas, tan geométricas. Ya la primera vez que las vi me desmayé, en una pampa chata esas torres art decó, se elevaban al cielo como un grito estentóreo. Prepotentes, maravillosas.
Eran torres de la municipalidad, de los mataderos, de los cementerios.
Todo sobre la corrupción, a sangre y la muerte.
Todo sobre sacrificios hechos por el mismo Salamone a este dios impío. Tanta sangre, de animales, de humanos, habrá conseguido para Salamone un lugar especial ¿en el cielo? ¿En el infierno?
Y dejó una pista para los seguidores, como los antiguos maestros que realizaron las catedrales góticas, en cada obra nos dejó un mensaje, una letra.
Parece ser que sabía dónde la pintura se desconcharía, donde la lluvia dejaría verdín en las paredes y el hierro surgiría glorioso, a la luz del sol.
Investigué en miles de libros, recorrí todas las obras, hasta alquilé avionetas para verlas como el las veía.
Y fui recolectando miles de letras desparramadas en cada una de ellas, que iban formando lo que llamé el conjuro Salamone.
Pero me faltaba la última frase y lo más importante, el nombre de este Dios o demonio.
Y sin eso, no podría hacer que me obedeciera.
Estaba seguro que tenía que estar en Azul.
Fuimos ese atardecer, con Martita, estaba tan hermosa, tan pequeña frente al Ángel vengador con su espada tan afilada, tan frágil, ella.
Con las enormes letras del RIP de la puerta del cementerio.
Recorrimos cada cm. de la estatua, de las letras. Al final escalé al Ángel, no fue difícil, algo más le costó a ella.
Exhausto, le tomé la mano, enamorado, para que juntos viéramos la caída del sol.
Pero algo había cambiado en ella y la apartó con un gesto agrio en su rostro.
Yo no entendía nada, empezó a gritar canticos que parecían muy antiguos.
Se me abalanzó con sus uñas como garras. Quise apartarla y ella tropezó con una piedra suelta, cayendo, golpeándose la cabeza, un fino hilo de sangre le brotó cayendo en la cabeza del Ángel vengador.
¡Milagro!
La sangre iba revelando la última frase, las letras se formaban una a una.
Pero la sangre era poca y la frase demasiado larga. Una idea se fue formando en mi mente, al final Martita era como las otras...
Si le hiciera una herida más grande, tal vez la yugular, la sangre alcanzaría para que se forme toda la frase, para que se cumpla lo que busqué desde siempre.
Tomé la decisión, me acerque a ella, nerviosos, mi corazón estaba desbocado.
Pero ella abrió los ojos, el verde me envolvió, volvía a ser el ser dulce que yo amaba...Ya no pude hacerlo.
Pensé que habría un banco de sangre donde conseguirla, tal vez probar con sangre de vaca u oveja.
Las lágrimas empañaban mis ojos.
Por eso no lo vi
Martita había tomado una roca y golpeaba mi cabeza, retrocedí aturdido.
Pero me choqué con el filo de la espada, mi garganta se cortó, mi corazón tan excitado bombeó la sangre por la herida, caí sobre la cabeza del Ángel mientras se formaban las palabras tan buscadas.
Mis piernas no se sostenían, mis ojos buscaban pero se cerraron para siempre sin ver el nombre tan buscado.
Un pensamiento fugaz, el último, me dije que era una lástima que entre las prioridades de ella no iba a estar la de resucitarme.
ES TIEMPO DE AMOR
Las amo pero el amor dura un tiempo, amo sus ojos verdes, sus pechos que se alzan hacia mí.
Su piel...
Antes, cuando dejaba de amarlas, las desechaba pero se me fue llenando el terreno de tumbas.
Ahora, me encariñe con ellas, las mantengo junto a mí.
Total las jaulas ocupan poco espacio y sus gritos se pierden en la soledad de la granja.
Optimismo
Somos cosas ya muertas que van hacia la muerte.
Diario científico
Diario día uno
La idea de este diario fue de mi novia, dice que los grandes científicos llevaban registro de sus experimentos. Recuerdo que Madame Curie lo hacía, ¿Ana Frank, era científica?
Empiezo anotando quienes somos.
Alejandra es mi novia, de pelo castaño medio pelirroja y de ojos verdes almendrados, un poco gordita, lo que se dice mullidita.
Estudió técnica química porque quería estudiar lo mismo que el papa, en realidad era que el padre Jorge, cuando ella era chica Francisco no era papa, pero como esa escuela técnica quedaba lejos, terminó estudiando en el Albarracín en parque Avellaneda, en la calle Pio Collivadino que siempre me sonó a un clérigo de la edad media, medio malvado, pero que es solo un pintor argentino.
Yo, en cambio soy más de números, de finanzas, estoy estudiando la licenciatura en Economía, atiendo unos libros de negocios del barrio y hago unas guardias en la inmobiliaria para poder pagar la pensión donde vivo.
Mis viejos no tienen dinero, somos de tres arroyos en la prov. de Bs. As., yo quería estudiar y me vine a la ciudad.
Como ella se llevaba mal con los padres, apenas se enteró que el tío se había ido as Alaska, dicen que allí sufrió una muerte horrorosa ¿A manos de los nativos? ¿Hay nativos en Alaska? Estaba aquella mina, Nancy Pelosi que era de por ahí pero unos nativos, no sé...Se mudó entonces a la casona que el tío tenía, una de esas típicas casas del Flores antiguo, como la del juez ZAffaroni.
Era enorme, con mil habitaciones. Cuando entramos por primera vez yo me enamoré de la biblioteca, con sus estantes hasta el techo y hasta escalerillas para llegar hasta arriba. Chesterton, Conrad, Kipling, Borges, Marechal hasta libros de Cordwainewr Smith que hacía una ciencia ficción medio surrealista había.
Y una enorme cantidad de libros de ciencias ocultas, las Bodas Alquímicas, el Kybalion, Vermiis Misteri, el Necronomicón, todos en ediciones muy antiguas, encuadernadas en piel, supongo que de chancho, quiero creer que no era piel humana.
A esta sección se zambulló Alejandra, la enamoró. Empezó a revisar y leer cada tomo. Hasta que encontró uno, medio manuscrito que decía Diario de Abdul Alhazred en la tapa. No podía despegarla de ahí.
Al final conseguí que siguiera mirando el resto de la casa, pero a duras penas.
Pero la volví a perder, cuando bajamos al sótano y vimos que el tío tenía un inmenso laboratorio.
Frascos con letreros antiguos, Ázoe, óleum, cinabrium, sales de todos los colores posibles y otros imposibles.
Y un olor...
Ahí mismo decidió que debíamos hacer experimentos, replicar los hallazgos del tío, llegar más allá si se podía.
A mí no me hubiera molestado hacernos ricos en el camino, el tío parecía tener buen dinero.
Al día siguiente, hoy, empezamos a ordenar todo, a disponer los elem3entos para la gran tarea, obra decía el tío en los apuntes. Yo a limpiar, claro, para mí un Erlenmeyer era lo mismo que un Alzheimer.
Día dos
Avanzamos con los experimentos, por ahora repetimos lo del tío. No sé si aprendo pero descubrí palabras que me parecieron bellísimas como atanor, retorta, sublimación, etc.
Día tres
Hoy empezamos con el diario de Abdul, me entusiasma la idea.
Ella mezcló líquidos de colores y puso a arder maderas de sitios remotos, un vaso de precipitados burbujeaba sin parar, en el anexo las proporciones.
Y de repente, ya no estábamos ahí, era otro lugar, la cima de una colina, con una ciudad debajo, o tal vez arriba, no sé, las calles de piedra tenían ángulos increíbles, ahora doblaban, ahora se juntaban y a veces se elevaban. Recordé aquello de geometrías no euclidianas, del espacio de Minkowsky...
En esta ciudad todo estaba mal, nada era como debía ser. Encima todo estaba cubierto de algas, como si hubiera estado debajo del mar por incontables eras geológicas.
El olor marino volteaba, también el de la putrefacción de las algas y de algo más oscuro, más antiguo, olores que ya eran viejos cuando atierra era joven, creo que los dinosaurios hubieran huido al sentirlo, porque sabían que era el olor del mal.
Y allá al fondo, el palacio, el templo, no sé, enorme, su belleza era aterradora, nos dejó sin respiración, hasta creo que ella dejó caer alguna lágrima y hasta sentí como tintineaban al chocar contra el suelo de piedra.
Era como si estuviéramos allí, por suerte duró poco y todo volvió a la normalidad.
Mi espíritu comercial vibraba, si esta droga era siempre así se podría vender por millones, era impresionante. Me imaginaba un futuro a lo Haisenberg y breaking bad.
Estábamos tan contentos que esa noche hicimos el amor durante horas enteras.
Día cuatro
Alejandra preparó más cantidad de las mezclas, le agregó el canto de ciertos himnos y allí fuimos.
Esta vez estábamos en la costa, con el templo en lo alto del acantilado y nosotros abajo, en una playa de arena finísima, dorada y suave al tacto. Imaginé rocas desmenuzadas por el mar por millones de años, luego bañadas por las corrientes marinas del fondo del océano y que hoy, vaya a saber porque cataclismo habían vuelto a la superficie.
Era una tarde de verano, muy cálida, el sudor nos corría por el cuerpo y decidimos nadar un rato. El agua era cálida y cristalina, con mucho sabor a sal.
La brisa que venía del fondo del mar, por suerte impedía que oliéramos la podredumbre que venía de la ciudad.
El sol caía, mientras descansábamos, tirados en la playa. Era raro, ver como se ponía por el lado del mar, parecía que lo fuera a hacer hervir cayendo en él. Igual que pasaba, era una tierra muy inusual.
La oscuridad llegaba y la luna, roja y enorme, salía por el costado de la isla. El espectáculo era maravilloso, estábamos los dos emocionados. Apareció una bandada de luciérnagas, brillando en la casi noche, parecían danzar en el aire, acompasadamente, girando a nuestro alrededor.
De repente surgió como una música, seguramente el viento, que llenó el aire como si miles de flautas tocaran, celebrando la llegada de la noche.
Alejandra empezó a bailar, girando alocadamente. Tanto giró que tiró el vaso de precipitados al piso, rompiendo el hechizo del lugar, volviendo al laboratorio.
Corrí hacia ella, a ver si se había lastimado, en mi apuro creo que pisé los vidrios rotos pues me dolió la planta del pie. Sólo se había golpeado y le sangraba la nariz, fui corriendo por gasa humedecida y luego le puse H2O2, hasta que dejó de sangrar.
Apenas comimos y nos fuimos a dormir, agotados y doloridos, ella en la cabeza y yo en el pie.
Esa noche, dormimos abrazados y llenos de amor.
Día cinco
Día perdido, a ella le dolía la cabeza y a mí el pie, tanto que fui al hospital y tenía un hueso roto, así que me enyesaron. Después ella estuvo leyendo los apuntes del abuelo y otros textos ayudada por un diccionario de arameo. Yo, en cambio me quedé penando, tirado en un sillón con mi yeso en alto.
Día seis
Volvimos a preparar mezcla, esta vez tomando precauciones para que no se rompiera nada.
Ahora fuimos a las puertas del templo de dimensiones colosales, demasiado grande para las proporciones humanas, ¿Quién lo habría construido?, ¿Porque y para quién? Otra humanidad, aliens tal vez.
Ni me entraba en la cabeza pensar el tamaño de esos seres. ¿Y dónde estaban?
Ahí me di cuenta que estaba solo, hasta ahora siempre habíamos estado juntos, en cada lugar, en esa alucinación. Yo todavía no había decidido que era lo que nos pasaba, si estábamos soñando o si éramos transportados a otro lugar, tal vez otra dimensión del tiempo o el espacio.
Pero siempre de a dos ¿Que había cambiado?, cuando me di cuenta que no estaba empecé a buscarla por el inmenso atrio, las puertas del templo estaban cerradas y por las ventanas no se alcanzaba a ver nada. Vagué por los alrededores del templo sin ver a nadie.
Por suerte cuando volvimos a la realidad estábamos juntos, ella dijo que había vuelto a la playa, pero no sé por qué no le creí.
Esa noche cada uno durmió en su propia habitación.
No se ella pero yo tuvo una noche llena de sobresaltos. Sueños extraños, de seres horripilantes que habitaban la ciudad, criaturas monstruosas vagando por las calles como algo habitual. Idiomas irreproducibles y gritos obscenos en cada esquina, todos tenían el aspecto de seres marinos con patas como ranas y pieles escamosas.
Por suerte la mayor parte del sueño no lo recuerdo.
Día siete
Otro día perdido, al bajar al laboratorio me caí por las escaleras, vuelta al hospital con otra quebradura, en un hueso más arriba de la pierna. Me dio un suplemento de calcio por temor a estar teniendo un déficit de éste, como en el síndrome de los huesos de cristal.
Alejandra estaba distante y enojada. Otra vez dormimos separados.
Día ocho
Alejandra preparó todo, yo la iba siguiendo dificultosamente con mis muletas, más inútil que nunca.
Esta vez también estaba fuera del templo pero en un sitio lleno de inmensos ventanales.
Otra vez estaba solo, y esta vez me sentía más solo todavía.
Ahora al mirar hacia adentro del templo, había un ser monstruoso, lleno de tentáculos y alas membranosas, sentado en una especie de altar, en lo alto del gran salón.
Cientos de esbirros lo rodeaban y lo adoraban, llegaba hasta mí un cantico, bajo y profundo que me pareció obsceno y maligno. Dicho por bocas sin dientes y gargantas con branquias.
Seres reptiloides estaban a cada lado del altar como protegiendo al dios, ¿Dios?, pensé extrañado por sentir eso, ¿Cómo lo sabría?
Pero lo más terrible fue ver que se acercaba a él una figura encapuchada.
Reconocí al instante a Alejandra.
Haciendo una reverencia, ella le habló al monstruo. Éste le contestó y temblaron las paredes, yo medio desmayado por la impresión empecé a vomitar.
Desesperado, me puse a tirar piedras a las ventanas pero no pude romperlas.
Por suerte volví al laboratorio enseguida.
Allí estaba Alejandra
Ansioso la interrogo sobre qué era eso que había pasado, que era ese ser y que le había dicho. Porque la conocía.
Ella negó todo, dijo que estuvo cómodamente en la playa, no entendía porque yo no estaba con ella, allí.
Volvimos a dormir separados, además de todo porque yo había a empezado a sentirle un olor parecido al del templo. Como se dio cuenta que miraba los papeles del tío que llevaba en la mano, cerró la puerta con llave de su habitación.
En realidad yo miraba porque ahora ella ya no usaba el diccionario para leerlos, como si hubiera aprendido arameo de la noche a la mañana. Esa noche casi no dormí, no entendía lo que estaba pasando, sospechaba de ella, de una traición y cada vez me convencía que la respuesta estaba en los diarios del tío.
Tenía que leerlos.
Día nueve
Iba a ser día libre porque ella tenía una reunión del grupo de las ex alumnas del industrial. Empezó a decir que era una pérdida de tiempo, que no iría, que yo estaba mal, esto si era cierto, cada vez me dolía más la pierna, me estaba taladrando el dolor.
Pero conseguí convencerla con la idea de que podría conseguir alguna compañera que3 nos ayudara con los experimentos.
Así accedió a ir, yo por supuesto, lo que quería era tranquilidad para leer los diarios.
Se fue después de cerrar la habitación con llave y llevársela en la cartera.
Me desesperé, no iba a estar trayendo un cerrajero, además se daría cuenta si forzábamos la cerradura.
Pero al mirar bien me di cuenta que como era todo tan viejo, todas las puertas tenían el mismo tipo de cerradura, la llave de mi habitación también abriría la suya.
Encontré los papeles, los del tío y otros apuntes que ella misma había tomado.
Y un mundo de horrores cayó sobre mí.
La fórmula nos trasladaba a la ciudad de R´yleh, a la isla principal de los dominios del dios Cthulu. La isla había sido hundida por las mareas dirigidas por los dioses primigenios, para castigar la maldad de Cthulu y sus habitantes pervertidos.
Ahora gracias un terremoto había vuelto a salir a la superficie y Cthulu estaba rearmando su ejército infernal para volver a dominar el mundo.
Horrorizado, leí qu3e las luciérnagas que me habían parecido tan simpáticas, en realidad eran seres demoníacos, los principales aliados de Cthulu y se las llamaba luces del infierno.
Tan inofensivas que parecían y eran las principales armas del Dios. Solían introducirse en la presa elegida e ir reptando por sus huesos, comiéndolos, hasta llegar al cerebro por la espina dorsal y desde ahí dominar al pobre incauto.
Comprendí porque Alejandra estaba tan cercana a Cthulu, las luciérnagas al entrar por la nariz herida, en seguida habían llegado al cerebro, dominándola.
A mí en cambio, me habían atacado por la planta del pie, por la herida que me hice al pisar el vaso de precipitados roto y estaban royendo mis huesos sin poder dominarme del todo todavía.
¿Sin poder dominarme?
Me di cuenta que yo también estaba leyendo en arameo sin diccionario.
¿Qué hacer? No tenía mucho tiempo, ya estaría por volver de la reunión. Tomé apuntes para estudiarlos y dejé todo como estaba.
Cuando regresó Alejandra, volvió con una de las amigas del industrial, Romina, una rubia alta de grandes ojos celestes medio bovinos. Por suerte trajeron pizza y comimos charlando alegremente. Preparamos una habitación y caí rendido en mi cama, empecé a sospechar que me habían puesto algo en el vino...
Día nueve y diez
Los usamos para mostrarle todo a Romina y preparar grandes cantidades de la formula, ahora seríamos tres, Alejandra lucía contenta pero yo sospechaba que era una máscara para ocultar su nueva personalidad.
Esa noche escuche ruidos y pensé que dormían juntas ellas dos.
Yo no dormí, no solo por lo obvio, sino porque buscaba una solución. Sentía que Cthulu estaba cada vez más cerca de poder volver a dominar el mundo.
Las luciérnagas ascendían por mi pierna, los dolores eran tan terribles que casi no podía pensar siquiera.
Y no encontraba nada en los papeles del tío que me pudiera ayudar. Ni en los libros del biblioteca.
Pero algo tenía que haber, alguna cosa debía existir, una solución sino habrían dominado al tío para llevar a cabo sus planes.
Y me di cuenta...
Al día siguiente empecé a preparar mi plan, mientras ellas machacaban hierbas y destilaban porquerías que olían mal.
Día once
Emprendimos otro viaje, yo estaba convencido de que íbamos físicamente a la isla y no con la imaginación.
Otra vez estaba afuera del templo, parece que mis luciérnagas todavía no habían avanzado tanto. Estaba en una especie de balcón o cornisa, rodeado de gárgolas de aspecto amenazador, tal vez puestas ahí para vigilarme.
Volví a mirar por los ventanales, ahora estaba casi a altura de los ojos de Cthulu, bueno no sabía si tenía ojos siquiera, era puros tentáculos.
Se repetía la escena de seres adorándolo, creí ver seres humanoides pero de gruesos cuellos con hendiduras como agallas y manos con membranas entre los dedos, que cantaban en voz en cuello.
Los gritos de los recién llegados eran insoportables, todavía tenían las ropas mojadas, supuse que habrían llegado nadan do hasta allí.
Rezumaban maldad, rezumaban espanto...
Pero lo peor para mí fue ver que ahora Alejandra no estaba sola en su adoración al padre Cthulu.
La acompañaba Romina, que cantaba y danzaba a su alrededor.
Y yo, afuera.
Creo que me desmaye y volvimos a la casa.
Mientras ellas hacían la comida, yo salí al jardín para preparar la sorpresa que tenía preparada.
No podía sacarme de la cabeza que Romina también estuviera dentro del templo, eso quería decir que estaba contagiada, no tenía marcas visibles así que no quería pensar de donde había sangrado para que las luciérnagas entraran tan rápido en su cuerpo.
Preparé todo.
Entré muy seductor, diciéndoles que quería sorprenderlas, tomé unas cintas de seda y les vendé los ojos, las llevé al jardín, calculo que ya habrían visto algo.
Cuando llegamos, les pedí atarlas, al pasar la cinta por las manos de Romina, ella respiraba fuerte, entrecortado, cuando apreté, tal vez un poco de más, lanzó un gritito y le subieron los colores.
Era evidente que esperaban un trío, tipo 50 sombras de Grey. Atadas y vendadas como estaban, las arroje al jacuzzi que había mandado instalar en el jardín.
Y como recordaba que el tío de Alejandra se había escapado a Alaska, lo había llenado de cubitos de hielo, suponiendo que el frío iba a impedir la infección con las luciérnagas...
¡Tenía razón!
Enseguida empezaron a gritar y retorcerse, una espuma gelatinosa les salía por las orejas y la boca, se agitaban como poseídas.
Era mi turno, no había previsto que el jacuzzi fuera tan alto y con las muletas se me hizo muy difícil entrar.
Prácticamente caí dentro de él, de acuerdo a los gritos de dolor y desesperación, no sé si me hubiera animado a hacerlo de otro modo.
Empecé a gritar yo también, sintiendo en los huesos de la pierna se me volvían gelatina, la herida del pie era muy pequeña y les costaba salir, hasta que prácticamente me estallo la planta del pie, derramándose la pérfida gelatina.
Encima en el agua se me derretía el yeso
Me desmaye y casi me ahogo.
O eso me contaban a la mañana siguiente en el hospital, ellas me habían salvado y llamaron a una ambulancia.
Leyeron este diario y no podían creerlo, tal vez yo tampoco.
Alejandra se sentó en la cama y me tomó de las manos.
Aterrado sentí que en su mano había una curita. No, otro corte no, grité.
¿Esto? No es nada me corté cuando hacía las tostadas en el desayuno.
No, no hay caso, van a hacer que me muera de una pulmonía otra vez al hielo no, vociferé...
Que elegancia
Siempre fui muy elegante, siempre vestido con mi traje de tres piezas.
Comprado en Londres mientras pude.
Y mis corbatas eran la envidia de todo el mundo.
Y aún hoy, en este cuarto acolchado, sigo usando chaleco...
Tus manos
Tus manos son tan suaves, tan delicadas
Me acariciaban con dulzura, me acariciaban con amor.
Tan pequeñas que se perdían entre las mías.
Tus manos, tan blancas en contraste con el vestido negro y la madera de cedro de tu ataúd.
Te miro, sólo a vos
Te miro mientras dormís.
Te amo tanto, siempre te amé siempre te amare.
Me molestan los tubos que tenes puestos y el respirador hace mucho ruido, rompe el silencio.
No quise pegarte tan fuerte...
Tormenta en Piriapolis
Por lo menos una vez cada verano hay una tormenta grande en ciudad de Piriapolis.
Lluvia, viento y hasta olas.
El agua cubre las playas y las olas golpean contra la rambla. Y ahí se elevan, alto, cada vez más alto.
Yo, miraba, calentito, dentro del auto como la espuma del mar iba cubriendo la calle, desierta de gente.
Así estuve un largo rato hasta que fue menguando la tormenta.
Me gusta pasear, entonces, por esas playas, respirar el olor del mar que retrocede.
Quedan mil y una cosas tiradas en la arena, devueltas por el padre mar.
Más que nada basura, alguna vez una madera de formas extrañas o un animal muerto. A veces algún arito perdido.
Y un olor a podredumbre...
Pero, hoy, al bajar a la playa, veo que la fuerza del mar fue mucha y rompió un pedazo de escollera.
-Pero, digo de repente.
Algo había ahí dentro, un trapo o así.
Lo levanto, parecía muy antiguo, era un trapo que envolvía un cuaderno, o así, escrito con letras desparejas.
Eterno basurero, no puedo evitar recogerlo.
En mi habitación, empiezo a hojearlo, dejo vagar mi vista por las frases entrecortadas, pulcramente trazadas por una pluma cucharita y una tinta azul oscuro. Imagino una pluma de ganso escribiendo.
Sería un diario...
Leo.
Uf, al fin llegué a esta locura del viejo Piria, a quien se le ocurre hacer un balneario en el este.
Y tan afrancesado además...
Bueno, llegué en un tren destartalado a la casa del abuelo de mi clienta, una antigua compañera de la facultad de letras.
Parece que el viejo desapareció un día y dejó todo en la casa.
Por eso me encargó que arreglara todo y encuentre los papeles de la casa para venderla.
La casa esta practicante perfecta, no se ven rajaduras ni desconchados, se podrá vender por una buena cantidad, tal vez haya un poco de olor a humedad, pero se ve que el viejo era muy prolijito.
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Salteo algunas partes
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Ah, pero la biblioteca es una maravilla, llena hasta el techo de libros, es muy rara, redonda.
Pareciera que parado en el centro de ella se pudieran leer todos y cada uno de los títulos de los libros.
Oh, tiene una sección de ocultismo.
Y ese, ¿qué hace entre medio de las recetas de doña Petrona?
Es un libro muy antiguo, se ve que se le pegó una etiqueta para disimular, está cerrado con viejos aldabones de hierro y parece estar encuadernado en una piel muy suave.
Está escrito en farsi antiguo, ahí recuerdo que el viejo fue profesor de literatura árabe en la facultad de letras, mucho antes que mi amiga y que yo estudiáramos.
Tengo que confesar que yo estudié árabe solo para estar con ella, y a Arabia hui cuando me dijo que no me amaba. A llorar al desierto, tanta arena sin mar.
Ahora me serviría para leer este libro tan raro.
A ver, el autor es un tal Abdul Alhazred, el árabe loco, el que nombra Lovecraft, no puedo creerlo es el Necronomicón...
¡¡¡Y la versión original!!!
Horas pasé leyendo este ejemplar impío y blasfemo, horas encandilado por tanto horror y podredumbre.
Con razón lo tenía escondido bajo otra cubierta. Si la gente veía esto lo hubieran encerrado en el manicomio.
Necesitaba tomar algo y fui a la cocina. Mejor sería algo alcohólico, el agua no calmaría mi sed y mis nervios.
Pero no encontraba nada hasta que en la habitación del abuelo, veo una botella con un líquido espeso y achocolatado, lo huelo, lo pruebo.
Licor de chocolate.
Algo es algo, la etiqueta dice que está hecho hace relativamente poco, me sirvo una copita y al fin consigo que mis manos dejen de temblar.
De pronto, tanto pensar hace que empiece a sentirme encerrado que las paredes empiecen a cerrarse sobre mí.
Debo salir, respirar aire puro, no esté tan malsano.
La playa...
Si, iré a la playa, que para algo estoy en Piriapolis.
En realidad, tampoco me convence, es chiquita, no hay olas. Eso sí, el paisaje es hermoso, el cerro San Antonio en el extremo de la bahía, el cerro del Toro más atrás y allá lejos, el Pan de Azúcar.
Entiendo porque Piria quiso hacer una ciudad aquí.
Me acuesto en la arena cálida y me voy adormeciendo. No puedo evitar que las criaturas del Necronomicón vengan a visitarme en sueños. Seres horrendos, maldad pura en estado primigenio, tentáculos blasfemos llenos de llagas purulentas, olores, ¡Que olores! Azufre, basura, sudores que tienen mil años, todo esto me asalta.
Asustado huyo, corro, grito.
Y mi propio grito me despierta entre convulsiones y transpiración.
Una chica corre hacia mí, con cara de preocupada.
-¿Estas bien? Me dice.
-Sí, sólo un sueño.
-Bastante malo parece.
-Si.
Y así empezamos a charlar, Celeste era uruguaya, del pueblito obrero, cercano a Piriapoles y estaba paseando por las playas porque trabajaba de moza por las noches.
Era morocha de grandes ojos azul verdosos, más o menos de mi misma edad, lo que quiere decir no muy joven lamentablemente, viuda desde hace unos años.
Empezamos a contarnos historias, le hablé de mis viajes, me contó de su marido, de su vida, le hablé de la mía.
Hasta que de tanto hablar tuvimos sed.
-Estoy ahí enfrente, vamos a tomar un café a casa.
Café tenía, me maldije por no haber comprado algo más fuerte y si, con malas intenciones lo quería.
Me acordé del licorcito de chocolate. A ella le gustó la idea entonces a mí también.
Y fuimos tomando y charlando, ella más que yo. La botella se acababa...
¿Tomaría ella la iniciativa, la tomaría yo?
De pronto agarro la botella casi vacía, detrás de la etiqueta, hay algo escrito, en árabe.
La despego excitado.
Alcánzame papel y lápiz, le digo apremiante, es la letra del viejo profesor, reconozco alguna frases del Necronomicón. Parece una invocación, habla de vida eterna, de oscuros dioses, de olvidados sacrificios.
Escribo una versión apresurada...
Y todo se volvió negro.
Despierto, recuerdo el golpe y siento sangre en mi cabeza, si, Celeste me golpeo y dijo algo de que yo había podido encontrar lo que el profesor había escondido y que ellos habían buscado tanto.
Quise moverme, estaba encerrado en una caja de piedra. Enciendo un fosforo se me cae ante el horror.
No era una caja de piedra, es un ataúd, un mausoleo y junto a mí hay un esqueleto, que asco, todavía hay trozos de carne pudriéndose, colgando de los huesos.
Contengo el vómito, porque escucho la voz de Celeste y un escalofrío recorre mi piel.
Est6a leyendo el conjuro.
Obtendrá vida eterna y fortuna, vendiéndonos a los dioses del Necronomicon, tan oscuros y odiados.
Sé que está quemando el polvo de los huesos de los difuntos.
Hasta que llega al final y nombra a el dios.
-Ay, se me escapa un gritito, está leyendo la etiqueta del viejo, directo del árabe.
Lo pronunció mal, es común confundir el Fs. con una efe castellana pero en realidad se pronuncia como Jota.
Con Jota es un dios benévolo, con Efe es uno de los peores demonios...
¡Invocó un demonio!
Se escucha algo babeante y reptilesco, un olor terrible llega hasta mí, peor que el del cadáver que me acompaña. El grito de Celeste confirma mis temores.
Siento un ruido de succión y sé que el demonio está alimentándose.
Celeste era flaquita, no alcanzará a saciar su hambre de siglos, de milenios quizás.
Sigue buscando comida, creo que me ha olfateado y le gustó mi olor.
Siento que va derrumbando ataúdes, aplastando huesos por doquier.
Por suerte el mausoleo resiste.
De repente, las campanas de la iglesia repican, llega un muerto nuevo, una familia que lo acompaña.
El monstruo también lo escucha y sale en busca de comida.
Con esfuerzo, consigo levantar la tapa y salir.
El espectáculo de la cripta es dantesco, el olor me marea, la sangre de Celeste, cubre las paredes, hay huesos y trozos de ataúdes desparramados por todos lados.
Desalentado, huyo.
Tomo mis cosas de la casa y escondo este relato en el espigón, tal vez sobreviva porque creo que yo no lo podré hacer.
El demonio conoce mi olor y sé que vendrá por mí.
Cierro el cuaderno aterrorizado.
Sin saber, sin poder creer, que este relato sea verdad. Porque de ser así desde hace años hay un demonio suelto que se alimenta de la gente de Piriapolis.
¿Y ahora que toque este cuaderno, tendrá también mi olor?
¡¡¡Socorro!!!
La gota cae
Klap pling
La gota cae y cae.
Klap pling.
Y no me deja dormir…
Klap pling
La imagino redonda y que cuando cae se va alargando y alargando, más pesada que el aire.
Klap pling
La gota cae y la noche avanza.
Klap pling
Hasta las tres de la mañana no terminaste de desangrarte…
Y pude, al fin, dormir.
La fogata
Y tiraré al fuego ms cuentos y mis diarios, ahora que la muerte ya se acerca.
Para que no quede rastro de esta vida tan vacía.
Tuve una vida tan leve, que ninguna marca quedará, gracias al fuego.
Nadie se habrá enterado, ni siquiera la policía descubrió quien asesinó tantas mujeres de ojos verdes.
Comida de fin de año
- Che, como come tu vieja
-Dejala, pobrecita.
-Mah, que pobrecita, se comió seis turrones, un pan dulce y como un kilo de nueces, Ah, y las avellanas
Y está dale pedir fruta seca y fruta seca, me vació la casa.
Ah, le di un poco de ese refresco nuevo que trajiste de la fábrica.
-Querida, es una farmacéutica, no fabricamos refrescos.
-Sí, tonto, ese polvito con gusto a almendras. Pero decile a tu jefe que tu mamá opina que es muy amargo.
Tres veces me enamoré
Desde que me jubilé, me dedico a vagabundear por la gran ciudad, camino y camino, horas y horas sin parar.
Pero siempre paso por allí, por su calle, a mirar su balcón. Ella siempre está allí, apoyada, como si tomara sol.
Me recuerda aquella vieja película “Tres veces Ana” donde Walter Vidarte se enamora de una hermosa mujer, maría Vaner, que ve en una ventana para descubrir que se trataba de un maniquí.
Así, que avivado como estaba, no llegué a enamorarme, del todo, de este maniquí. Aunque tentaba, por más que estuviera siempre quieta, era alta de pelo muy negro, muy, pero muy hermosa.
Es que era el estudio de un fabricante de maniquíes, tal vez el mejor de la ciudad, según se veía en su balcón.
Así allí se dirigieron mis pasos, como tantas veces. Pero no estaba, primera vez en años.
Los vidrios estaban rotos y había policías en la puerta.
Preocupado, me acerco y le pregunto qué pasó.
Ella, mirando a todos lados, suspiró.
-No tendría que decirle, pero bueno, yo lo conozco a usted del barrio y sé que no es periodista. Y a alguien se lo tengo que contar, nadie me cree.
Vio que era un fabricante de maniquíes, muy bueno, sí, sí, le digo, un artista.
Era de una antigua familia de Praga, descendientes del rabino Low, dicen ahora.
El maniquí del balcón, Miryam la llamaba, era su primera creación y nunca quiso venderlo. Lo tenía en exhibición, todos en el barrio estaban enamorados de ella.
Y parecía que a todos les sonreía, es más se empezó a comentar que hasta saludaba a algunos.
-Pero si no se movía
-ese fue el punto, parece que si se movía. Por una denuncia vinimos a revisar, había desaparecido una chica que había preguntado en la calle por esta dirección.
Ay, señor lo que encontramos, que horror, Low tenía una cámara frigorífica llena de cuerpos, llena de carne de cientos de mujeres.
Con los huesos hacía el esqueleto de los maniquíes, por eso eran tan perfectos.
Y con la sangre... encontramos viejos apuntes...
Con la sangre... todas las noches bañaba a Miryam.
Transformándola en una mujer.
Y bailaban, puede creer.
Toda la noche bailaban el vals, parece que Low era un gran bailarín.
Y Miryam, imagínese, con esas piernas esa elegancia...
Lo peor fue cuando le pusimos las esposas a Low empezó a farfullar incoherencias, llorando, que no habíamos entendido, que la íbamos a condenar a la muerte, que ella dependía de él.
Y comenzó a correr dirigiéndose a la ventana, empezó a los gritos, no sé si en alemán o idisch, tal vez pragues o tal vez palabras mágicas pronunciadas para ella.
¿Puede creer Sr.? Que la maniquí se empezó a mover, como decían los vecinos que hacía. Supongo que estaba aterrada por nosotros, más que nosotros todavía, se tiró por el balcón.
No llegamos a hacer nada. Ahí pensamos que era una mujer disfrazada, cómplice de Low pero al caer al piso, quedó convertida en un montón de tierra, que el viento empezó a arrastrar.
Como dicen que pasó con el Golem del viejo rabino Low, también de Praga.
Nadie me cree que esto fue lo que pasó...
Contrato
A veces pienso en el demonio, en que me ofrece un contrato infernal para quedarse con mi alma.
Sé que hubo momentos en los que hubiese firmado... qué se yo por una buena historia, una mujer que amé y no me quiso amar.
Por unos ojos verdes...
Pero él es tan cruel, que nunca me ofreció nada y es que sabe que igual tendrá mi alma.
Dos veces
En aquella época, yo salía con una mujer de ojos violetas, ramos muy felices. Pero yo estaba preocupado por mi futuro, tenía dudas de mi carrera, de mi trabajo y de mi vida.
Hasta que un día...
Alguien me dijo, tal vez una gitana.
-Sos afortunado, tenes el método infalible para saber el futuro
¿Cual, Cual?, estoy desesperado por saberlo...
-Si arrojas al fuego de una hoguera hecha con ramas de ciprés, un ojo violeta podrás verlo, y vos tenes dos de ellos para conocer toda tu vida.
Ese mismo día la llevé a mi novia, al campo, ya sabía dónde había madera para la fogata.
La encendí
Y la tomé en mis brazos, ya estaba listo para hacerlo, para ver mi futuro.
Pero al ver en sus ojos tanto amor, supe por fin cual iba a ser mi destino.
Y no me hizo falta la fogata...
En el pantano
Al fin me tocó un día libre. Puedo volver a pasear por los pantanos.
Cerca de la ciudad, Nueva Orleáns, hay muchos de ellos, no como en mi viejo barrio de Paternal que el único arroyo esta entubado. Me resulta hermoso pasear por ellos o caminar por sus orillas.
Ver esos árboles, que crecen en el agua, las enredaderas que trepan por ellos, las flores...
Toda esa explosión de vida entre el barro y las arenas movedizas.
Y hoy puedo visitarlos...
Lástima que al pantano Miskatonic, lo estén secando, es el más cercano a la ciudad y ésta está creciendo mucho, necesita más casas, más barrios.
Han empezado a desecarlo...
Paseo por él y ya no es lo mismo.
Hay mucha basura que salió de entre el barro.
¿Y eso?
Parece que mi paseo tendrá malas consecuencias.
Creo ver semienterrado, un esqueleto humano...
Me acerco, limpio un poco la zona, y descubro que son dos, los esqueletos. Dos hombres por lo grandes.
Parece que estuvieron peleando, los dos aferran, y fue lo último que hicieron, un libro que parece muy antiguo.
Le quito el barro y lo estudio.
Y lo dejo caer, espantado...
El viejo libro, encuadernado en una piel de color extraño, tiene grabado en letras de oro
NECRONOMICÖN
El oscuro libro del árabe loco Abdul al Ahzred.
Lo ojeo un poco y veo rituales satánicos y cánticos oscuros y malsanos.
El barro es más espeso en el medio del libro.
Seguramente, esa es la página que estaban viendo.
La limpio lo mejor posible, el barro se resiste a irse. Veo que es una invocación al dios Cthulu, el que duerme más allá de las estrellas...
Ahí dice, si mi latín no falla, que Cthulu regresará a la tierra y le colmará de deseos a la persona que lo invoque y permita, así, que regrese desde los espacios infinitos.
Y hasta daba el lugar preciso donde invocarlo.
¡No puedo creerlo! ¡Es acá cerca!
Empiezo a imaginarlo todo, ellos iban hacia el lugar elegido y comenzaron a pelearse.
Claro, el conjuro incluía dejar caer un poco de sangre en el barro y sería el dueño de esa sangre el que recogería los deseos...
Y no pudieron ponerse de acuerdo sobre quien sería de los dos el que los recibiera, nadie le creía al otro que los iba a compartir...
No salía de mi asombro.
Yo podría hacerlo, yo podría conjurarlo.
Al fin tendría un poco de suerte. Hasta ahora siempre había arruinado todo....
Esta era mi oportunidad
Fui corriendo al lugar que decía el libro
Empecé los cánticos
Ph´nglui mglw´nafh Cthulu
R´lyeh wgah´nagl fhtagn...
Faaris Perthcha
De repente todo se calló en los alrededores, dejaron de oírse los mil ruidos que me acompañaban.
Repetí el cántico, ahora más fuerte, con la voz un poco más firme.
Ph´nglui mglw´nafh Cthulu
R´lyeh wgah´nagl fhtagn...
Faaris Perthcha
Y ahora miles de ranas respondieron...
Los pájaros, ¿chotacabras?, empezaron a volar en círculos sobre mi cabeza, sobre el lugar indicado.
Miles de aromas marinos irrumpieron de repente...
Tomé me cuchillo y me corté la palma de mi mano.
La sangre empezó, despacio, como con miedo, como con mi miedo, a caer en el barro.
Las dimensiones colapsaron, el aire se adelgazó y empezó a temblar...
El barro mezclado con sangre empezó a girar.
¡Iba tomando forma!
Y era una forma monstruosa.
El ser destilaba maldad. Los tentáculos que le crecían llenaban todo el aire.
Yo no podía respirar.
Me alejé para tomar aire.
Ya el ser tenía un tamaño monstruoso.
Pronto tendría mis deseos para cumplir. Por primera vez sería feliz. Tendría mujeres y juventud eterna...
Ya me estaba arrodillando para adorarlo.
Cuando...
El tamaño de Cthulu era terrible, el peso de Cthulu era demasiado. Empezó a hundirse...
Abajo del barro, recién consolidado, recién secado, eran arenas movedizas...
Se debatía, yo no podía ayudarlo
Los ruidos eran infernales
Las ranas me culpaban con sus cantos.
Los tentáculos se agitaban en el barro.
Hasta no quedar nada...
Cthulu se hundió, mis ilusiones se hundieron.
Lo volví a hacer mal. Viviré siempre sin suerte...
En Tinder
Te elegí cuidadosamente por tu perfil de Tinder.
Rubia, de largos cabellos lacios, ojos más bien oscuros, no se veían bien en la foto. Tal vez algunas pecas.
Pero cuando entraste al restaurante eras morocha.
Dijiste que en la foto te habías teñido.
-¿Te importa?
-No, no, así también te queda bien.
La mirada en sus ojos que ahora veía que eran verdes, demostró que yo también le gustaba, que había tenido una buena respuesta.
La cena fue maravillosa, charlamos y charlamos.
Pero yo sabía que luego me arrepentiría...
Al sentir tus manos, tu aliento cálido. Sabía que por la mañana al levantarme para desayunar buscaría el diario y vería el titular
EL asesino de las morochas de ojos verdes ataca de nuevo.
Y yo tan arrepentido...
Noche, tan noche
Nací en una noche sin luna, y era tarde muy tarde.
Por eso he vivido siempre entre tinieblas.
Vago por el mundo.
Busco.
Soy un caminante.
Arranco los ojos verdes, de las mujeres que amo.
Para poder guiarlas en la oscuridad.
En la sombra
No, no puedo Aunque sepa que puede venir el fin del mundo, no puedo
Pasó tanto en tan poco tiempo...
Primero, un rato antes de salir de vacaciones, Mariana, mi novia, recibió la noticia de que debe quedarse un par de días más en Buenos Aires. Y yo, tontamente, elijo ir igual... pero iría a un hotel.
Es que habíamos pensado en una casa en la playa, súper romántico todo... a punto para decidir casarnos de una buena vez.
Y yo no iba a ir solo a la casa. Más bien...
Allí me di cuenta de lo triste que estaba sin ella. Caminaba, paseaba por las playas, solitarias ellas, solitario yo...
Y las horas no pasaban.
En uno de esos paseos, en la zona de las cuevas, encontré un caracol.
Mejor dicho, el caparazón de un caracol. Era de un color entre marfil y naranja, irisado. Me llamaba con sus reflejos de sol.
Lo levanté y un profundo desasosiego me invadió.
¡Y es que dentro, había una especie de sombra..., si, si, no soy ridículo! A pesar del sol, una sombra habitaba en ese caparazón...
En ese momento sólo pensé que era tristeza por estar solo.
Debí tirarlo.
Debí sospechar algo raro, al ver la cara de sorpresa del pelado de la recepción de mi hotel, al verlo.
¿Pero cómo podía saber? ¿Qué podía imaginar?
Esa noche, los sueños no me dejaban descansar.
¿Pero eran sueños? ¿Visiones?
Se escuchaban gritos y cánticos.
Ph´nglui mglw´nafh Cthulu
R´lyeh wgah´nagl fhtagn...
Faaris Perthcha
Y sobre todo, la voz gutural del pelado de la recepción.
A la mañana siguiente, los diarios traían la noticia de varias muertes extrañas, tal vez sacrificios rituales, sospechaban.
Mi paseo por la playa estuvo signado por la presencia de la policía, es que ahí, por donde yo había paseado ayer, era donde había aparecido un cuerpo.
Asustado, volví corriendo al hotel. Para encontrarme que alguien había revuelto todo, se notaba que habían estado buscado algo... ¿Pero, qué?
Tal vez..., no, no puede ser. En mi bolsito de playa, todavía estaba el caparazón del caracol.
Y lo peor de todo, es que me di cuenta, que la sombra ya no estaba dentro de él...
Salí huyendo del hotel.
Por suerte (¿Suerte?), mi novia llegaba en un rato. Le conté todo en cuanto llegó, ella era más inteligente que yo, sabía más cosas.
Reconoció ciertas palabras de los cánticos, ciertos cultos...
Pero no llegó a explicarme demasiado.
Es que ese nubló de repente, un olor nauseabundo nos golpeó, una angustia de eras pretéritas llenó nuestro ánimo.
Era la sombra.
Nos cubría...
Quería el caparazón.
Mariana gritó, abriendo mucho los ojos, sorprendida y asustada.
¡Y la sombra retrocedió!
Comenzamos a ver de nuevo. Y vimos al pelado, comprendí que era el esbirro supremo de la sombra, el que con sus rituales la había traído al mundo, permitiéndole salir del caparazón, para dominar a toda la tierra.
El pelado, armado con un cuchillo malayo, me atacó. Cuanta saña, cuanto odio tenía.
El cuchillo cortaba mis brazos, alzados en vana defensa. El pelado me iba ganando, yo no tenía armas.
Retrocedió para la estocada final...
Y Mariana, mi dulce Mariana, mi amor de ojos verdes, mi único amor... se interpuso entre nosotros, recibiendo ella la puñalada...
Pero me dolió a mí, tanto como a ella...
No sé si el pelado dudó, entonces, o si fue la fuerza de ella pero arranqué el cuchillo de sus manos y se lo clavé con tanto ímpetu que pensé que lo traspasaría al pelado, con mi brazo.
Llegué a tomar a Mariana en mis brazos, antes de que cayera, por un segundo, tal vez menos. Y se fue amándome...
Lo veía en sus ojos.
Llorando se los cerré con mis manos manchadas de su sangre.
Y la sombra volvió, yo ya no tenía fuerzas...
Mansamente, me fui entregando.
Me rodeaba, me asfixiaba. Yo ya no pensaba, sabía que, en el otro mundo, me encontraría con Mariana.
Pero...Mariana lo había ahuyentado. Grité como había gritado ella.
Nada, no era eso.
Y recordé que había abierto mucho los ojos. Entonces, rezando, se los abrí al cadáver.
Y la sombra gritó.
Eso era. Podía vencerla.
Con mis propias manos, arranqué los ojos de mi novia, esos que tanto amaba y empecé a perseguir a la sombra hasta acorralarla y obligarla a entrar en el caparazón, gracias a la fuerza de sus ojosa verdes.
Y ahora la arrojo al mar.
He comprendido que si metiera los ojos de Mariana, también en el caparazón, la sombra ya nunca podría volver a salir.
Pero no puedo.
Aunque sepa que las sectas volverán a buscarlo y trataran de traer el fin del mundo...
Yo no puedo desprenderme de los ojos verdes, tan amados...
Tan pálida
Tu cara también estaba pálida.
Venías como con vergüenza, con pasos lentos en tu vestido oscuro.
Dudaste, lo vi en tus ojos.
Pero te decidiste y caminaste resueltamente hasta mí.
Te agachaste y me diste le beso más dulce que un hombre pudiera soñar.
En mi frente.
Y fue el último antes de que cerraran el ataúd.
Mal de ojo
En los estudios le iba mal, a pesar de ser inteligente.
Era un poco fastidioso, tal vez por haber leído ciertos libros... Se le metió en la cabeza que había una bruja le hacía daño, que por eso no podía aprobar ciertas materias y todo le costaba más de lo debido.
Ese día estaba cursando en el laboratorio de química inorgánica, a la hora de comer bajó a hacerlo con su novia, pero antes pasó por la biblioteca y sacó el Necronomicon. La esperaría leyendo.
Allí descubrió que para acabar con una bruja hay que quemar una ramita de acervo, ¿acervo? ¿Que sería eso?
En ese momento, llegó su novia... y comenzó la discusión de siempre.
¿Otra vez, leyendo pavadas, como no te van a bochar después?
No contestó, era mejor comer en paz. Ella no creía...
Subió al laboratorio a seguir precipitando azufre plástico, que era la clase de hoy.
Hola, era Estela, su amiga bióloga, que venía a visitarlo.
Hola, vos podes ayudarme ¿sabes lo que es el acervo...?
Sí, claro, justamente son esos árboles que están cerca del río
Qué bueno, porque sabes que pasa...
Sí, desde el laboratorio del tercer piso de la facu se veían unos árboles achaparrados a la orilla del río.
Fue fácil cortarles unas ramas y volver al laboratorio a seguir las instrucciones, total debía poner azufre a calentar, que casualidad era a la temperatura del azufre plástico como en su práctica, y tirar en él una ramita del dichoso acervo.
Al sacarlo quedó negro y duro con cuatro trozos, como pies y manos, levantados, rogando al cielo.
¿Ahora, podría ser feliz? ¿Habría terminado todo?
Bajó, no podía esperar para contárselo a su novia.
La vio tirada en el piso, negra, con los pies y manos levantados como la ramita de acervo...
No, no podría ser feliz.
Tus lágrimas
Hacemos el amor, en una tarde de verano y veo lágrimas en tus ojos, el orgasmo se acerca.
Por la luz que brilla en ellos, demasiada, creo adivinar que son de cristal.
Te das cuenta que te miro y disimulas que estas teniendo un orgasmo, moviendo como loca, la cabeza de un lado para el otro y tus lágrimas vuelan, brillando en el aire. Mis ideas se pierden como me pierdo en mi propio orgasmo.
Cansado, en nada pienso, pero al levantarme al baño, descalzo, me corto la planta del pie.
Con tus lágrimas de cristal...
Día de difuntos
Día de difuntos, día de fantasmas
Y esa noche todos mis fantasmas me visitaran, los fantasmas de la gente que asesiné vuelven a martirizarse como cada año.
Algunos como si estuvieran vivos...
Otros con las huellas de las torturas que les infringí.
Por eso esa noche duermo solo. Le suelo pedir a mi novia del momento que no se aparezca por casa. NO porque vaya a asustarse, si no porque aparece mi ex mujer, que también asesiné, y es muy celosa.
Día de difuntos, día de fantasmas
Cthulú está a la espera, puede atravesar los otros quince universos y llegar hasta mí, que fui el que lo encerró allí.
Día de difuntos, día de fantasmas.
Y algún día me tocará a mí también...
Por una moneda
No hay que despreciar el dinero.
Eso decía mi madre y yo no puedo dejar de hacerle caso, a pesar de las pullas de mi novia.
Voy levantando monedas perdidas, no importa lo poco que valgan.
Y hay de todo, he encontrado muchos pesos uruguayos, chilenos, paraguayos. Si hasta encontré una moneda de Nicaragua.
No sé, siempre miro el piso, tal vez por tener los hombros tan encorvados.
Y mi novia se ríe, cuando ve que me agacho en la calle.
Pero hoy encontré una moneda muy rara, con caracteres arábigos.
Llevo todo el día buscando en Internet pero todo lo que encuentro me parece demasiado fantástico.
Sería una moneda árabe muy antigua, la leyenda habla del árabe loco, Abdul Alhazred. Resulta ALhazred escribe el Necronomicon, a mano, con pluma y pergamino, vendiendo una copia a un rico comerciante y cobra con estas monedas.
¡No puedo creer que una moneda así, haya terminado en Buenos Aires!
Le escribo, con una foto de la moneda, a mi amiga Taylor, lo que provoca una pelea con Norma, mi novia, es que ella sabe que Taylor fue la primera mujer que yo besé y siempre quedó algo ahí...
A ver si ella podía contarme lo que dice la moneda. Taylor, hoy en día, es una antropóloga muy importante que trabaja en Londres, no es cierto que se haya ido porque yo la besé, ojo.
-¿De dónde sacaste eso? Me dice, es un objeto cabalístico. No puede ser que estuviera tirado así nomás.
-Pero lo encontré...
Y es que resultaba que el árabe loco, con las monedas que el comerciante le dio, decidió tratar de resucitar a Cthulú. Resultó un creyente de lo más fiel, loco o no.
Es que en la época del Necronomicón, parece ser que Betelgeuse estaba muy cerca de la Tierra y podría haber sido fácil conseguir que Cthulu volviera a la vida.
Construyó un aparato, en base a las monedas que le pagaron que permitiría la entrada de Cthulú a su tiempo desde la lejana ciudad de R´yleh.
Pero no dio resultado porque faltaba un componente a su hechizo.
Sangre
Pero no era cualquier sangre, descubrió después que casi muere desangrado en vanos intentos. Tenía que guardar varios requisitos.
Por suerte Abdul murió antes de encontrar alguien que tuviera el tipo de sangre requerida.
Se dice que la máquina se destruyó pero...
-¿NO queres que vaya para allá? Hay un renacer de estos cultos extraños, puede ser peligroso.
-¿Un renacer, porque?
-Porque nuevamente la Tierra está muy cerca de Betelgeuse. Y esa fuerza de la estrella puede hacer que Cthulú despierte. No te olvides que él habitaba un mundo de esa estrella.
Me quedé preocupado. Por supuesto, Norma no quería saber nada de que Taylor viniera.
Pero, ¿Y si todo fuera cierto?
Es que uno, tonto mortal, no sabía que tan cierto podía ser todo esto, que horrores me esperaban, que conocería de cerca, de tan cerca, a la señora Muerte, al señor Horror y a sus hijos mimamos, los miedos más atroces.
Esa noche, para distraernos, fuimos con mi novia a una fiesta en la quinta de uno de sus amigos.
Ella manejaba y yo dormitaba, porque el viaje se me hacía largo.
Al llegar, parecía que seguía dormido y la casa era parte de mis pesadillas. Es que era muy lúgubre y oscura, tenía una alta torre de piedra, toda recubierta de hiedra, quien ahora estaba seca. Parecía abandonada...
Pero mi novia no pareció notarlo y entró en la casa confiada, tal vez acostumbrada.
La fiesta ya había empezado y estaba lleno de gente, tardamos una enormidad en saludar a todos.
Por suerte un alma caritativa me alcanzó una copa, la necesitaba.
Pero al ir a tomar, veo que todos están como expectantes, como si esperaran que yo tome de esa copa, dudé entonces pero mi sed pudo más y bebí de ella, total que me podía pasar.
Todos respiraron aliviados, se escuchó decir que ya era tarde.
En seguida me di cuenta que era lo que podía pasar, porque empecé a dormirme, mis ojos se cerraban sin poder evitarlo y caí dormido, tal vez desmayado.
El dolor me hizo despertar, el dueño de casa, un hombre algo mayor, ya sin cabellos en su cabeza estrecha, felicitaba a mi novia y la apuraba porque la hora estaba cercana, decía.
¿Hora, que hora, para qué? Me preguntaba todavía medio obnubilado.
Miré que estábamos en un sótano, lóbrego y húmedo, iluminado con antorchas.
Apenas se veían las paredes llenas de extraños artilugios que se me antojaron instrumentos de tortura medievales. Me parecía ver en las sombras a os monjes de la Inquisición, obteniendo confesiones de las brujas condenadas.
¿Me tomarían por un brujo?
No lo sabía, pero claro que era el centro de atención.
Estaba en el medio de la habitación, atado a esta máquina extraña y estrambótica. El dolor había sido de un pinchazo en mi brazo, la sangre que brotaba iba a parar a un platillo, algo así como equilibrado, con un complicado recipiente lleno de retorcidos dibujos de imágenes que no eran de este mundo y de frases en algo así como árabe. Recordé las cosas que estudiaba Taylor y me invadió el pánico.
El dueño de casa, se colocó en el centro de todos y habló con voz profunda, había algo de reptil en sus maneras tan suaves y untuosas.
Amigos, compañeros en el culto a Cthulú, nuestro padre y señor.
Un murmullo ininteligible le contestó. Un grito, un bramido como llegado de otras eras. El aire vibraba espantado, hasta el mismo demonio debía estar temblando.
-hoy es el día que tanto esperamos, luego de tanto tiempo, Betelgeuse está cerca de la Tierra y su fuerza puede traer de vuelta a Cthulú, nuestro Dios, de la perdida dimensión donde los Antiguos lo condenaron a dormir por eones, en la oscura ciudad de R¨yleh. Después de siglos, vuelve a funcionar la máquina que el fundador de nuestro culto, Abdul Alhazred, construyó con sus propias manos, gracias a las instrucciones que el propio Cthulú le dio en sus sueños en el desierto.
Llevamos siglos siguiendo a seres que tuvieran la sangre prometida, sin que lo supieran concertamos casamientos y parejas hasta llegar a seres que tuvieran la sangre perfecta. Pensamos que perdíamos tanto trabajo cuando tu padre emigró de este país, pero cuando salió en los diarios su muerte y que su hijo lo sobrevivía, renacieron nuestras esperanzas. Más cuando conseguimos presentarte a Norma, una de nuestras acolitas más fieles y empezaron a ser novios.
Y es esa sangre prometida, hoy, ahora la que está cayendo en este recipiente.
Combinada con la fuerza de Betelgeuse, que pronto estará en el punto más cercano en milenios, hará que caigan las monedas. Y como si esperaran su permiso, cayó la primera moneda, de aquellas que recibió Abdul como pago. Como me había advertido Taylor y no le hice caso.
Yo estaba cada vez más mareado, no comprendía mucho de lo que decía el pelado, pero me daba cuenta que Norma me había traicionado.
Todos estaban expectantes, me miraban con una mezcla de pena y horror. Ella, en cambio, tenía una mirada de triunfo en sus ojos verdes. Yo tal vez lloraba p0r el amor perdido.
Mi sangre caía y caía, las monedas se deslizaban lentamente, una a una.
Todos creíamos que el momento estaba próximo, que Cthulú volvería, que el horror volvería.
Los viejos dioses caminarían libres por la Tierra arrasando todo a su paso, cobrándose en vidas humanas, tantos años de destierro.
Se sentía que la presencia de Betelgeuse era cada vez más fuerte, hasta creo que se escucharon los rugidos de Cthulu.
Apenas me tenía en pie, era la hora, solo faltaba una moneda, esa que yo había encontrado y que mi novia agregó al recipiente y que pronto se juntaría con las que estaban en la máquina.
Todos empezaron a gritar, a bailar frenéticamente danzas olvidadas y obscenas, festejando la próxima venida y Betelgeuse llegó al punto más cercano, el punto más deseado por ellos y por su dios blasfemo y oscuro.
Todos callaron, todos miraron y sus miradas exprimían mis últimas gotas de sangre.
Pero la moneda no caía.
Y el horror los invadió, Betelgeuse empezaba a alejarse.
Entre el pelado y mi novia, empezaron a los gritos, no entendían lo que pasaba y se lo reprochaban mutuamente.
Mi sangre ya rebasaba el recipiente y caía al piso, derramándose inútil ya.
Ambos corrieron a ver las monedas, tratando que la última cayera.
Con el apuro mi novia resbaló en mi sangre, cayendo encima de mí. Con fuerza que saqué de no sé dónde, las últimas tal vez, aproveche el envión del golpe para liberarme y arrojarla contra el pelado que no pudo impedir chocar contra el recipiente de las monedas, derribándolo y arrojando monedas por todos lados.
Fue el caos, fui derribando los otros artefactos y las antorchas sobre la gente que no salía de su estupor y pude huir del sótano, cerrando la puerta por fuera.
Corrí al coche y hui de allí, viendo el resplandor de la quinta que se había incendiado, por el espejito retrovisor.
Tomé la moneda que había recuperado del caos, no hay que despreciar el dinero...
Y como nunca le agradecí a mi padre el haberme adoptado, el que no tuviéramos la misma sangre...
Sorprendido
Qué maravilla.
Con cuatro tablas y mucho amor, pude construir tu ataúd.
Y me quedó tan perfecto que desde afuera no se escuchan tus gritos
Gotea
La calle esta mojada, la niebla gotea del cielo gris.
Demasiada humedad, mi nariz gotea.
El coche, dobla demasiado rápido, patina...
Queda de cabeza, gotea aceite.
Espantado veo que del baúl gotea sangre.
La gárgola, cerca de mí
De vuelta en mi casa de la niñez, la recorro despacio, deteniéndome... viendo desde la ventana de mi cuarto, a mi gárgola...
Siempre dije que era mía, siempre la sentí cerca (eso que ahora vivo cerca de la catedral de Burgos, que está llena de gárgola y de otros edificios góticos...). Que mejor para un químico, que vivir cerca de los lugares donde nació la alquimia medieval.
Vivíamos en esos años infantiles, al lado de una iglesia y la gárgola del tejado miraba hacia mi cuarto. Y allí, yo tan niño, le hablaba y la hacía participe de mis juegos.
Pasaron los años, la casa se fue quedando vacía, de eso se encargaron mis familiares, vendiendo todo lo posible, total yo estaba lejos...
Y hoy la recorro, viendo los lugares por donde corría, la chimenea que era mi baticueva
(Me tomo de la repisa y finjo arrojarme por los batitubos...
-Pero, aquí hay algo suelto...
Hago un poco de fuerza y saco un panel
-¡Fotos de la gárgola!
En realidad, pronto vi que eran dibujos, algunos parecían muy antiguos.
Había libros y papeles, escritos en un lenguaje extraño... apenas pude reconocer las palabras Púrpura Carmesí, escritas en el lomo...
Me recomendaron ir a la biblioteca de la Universidad de Buenos Aires, allí habría algún diccionario o alguien que me orientara.
Ahí estaba yo, viendo que era todo eso, cuando pasó un sueño por mi lado...
Alta... rubia... ojos verdes... Tan parecida a Sofía Zamolo...
-Eso es arameo, me dice
Cuando pude cerrar la boca, dije una de mis frases más inteligentes.
-¿Eh?
-Lo que tenés ahí, esos libros... ¿Sabes arameo?
En ese momento no sabía ni castellano...
Pero ella era tan dulce que me ayudó. Trabajaba en el departamento de lenguas antiguas ¡Era la especialista en arameo!
Y así seguí yendo a que me tradujera las cosas, y nos fuimos enamorando (Bah, ella se fue enamorando despacio, yo ya estaba enamorado a los cinco segundos de conocerla...)
Fuimos descubriendo que la gárgola había sido en realidad, un antepasado mío, dedicado a la magia negra, hasta que un sacerdote (tal vez templario, tal vez de la púrpura carmesí) lo había detenido y con un conjuro lo había convertido en piedra, y su propia maldad lo había convertido en la gárgola más horrible...
Las últimas palabras, fueron que se vengaría, tomando posesión de un descendiente y alcanzando la inmortalidad.
Me quedé mudo, era evidente que el candidato elegido era yo...
Siempre me había estado vigilando.
Pero el sacerdote había dejado instrucciones para terminar con la maldición...
Había que reducir a pedazos la gárgola.
Pero no cualquier día, sino el 25 de mayo, cuando la luna se alinearía con el resto de los planetas del sistema solar... y eso era pronto.
Con mi experiencia en como químico, decidimos que lo mejor era una bomba...
Y ese día estábamos ahí.
-Esperá, hoy cumplimos un mes de novios y te traje un regalo, quiero dártelos ahora por las dudas, son unos pendientes de esmeralda, le dije mientras se los ponía. Según la alquimia te protegerán y además demuestran mi amor.-
Con cuanta dulzura me beso.
Emocionado, tal vez asustado, tal vez temblando... subimos y trepamos al tejado.
Puse la bomba bajo la gárgola, en una noche serena y calma...
Empezamos a recitar los conjuros, la luna avanzaba en el cielo.
Todo tenía que ser hecho en el momento preciso.
Se acercaba el momento, mi corazón flaqueaba...La luna ya estaba alta en el cielo...
Debería ser una noche romántica entre ella y yo, festejando nuestro primer mes...y en cambio...
-Ahora, dice, mitad en castellano y mitad en arameo.
Y aprieto el detonador.
Y...
No pasa nada.
Miro la conexión, estupefacto... no entiendo. La luna sigue su curso, sin enterarse de nada, blanca, como mi cara...
Y ella, corre a abrazar a la gárgola.
-Fue una trampa... me dice
-Es que él me dará la vida eterna.
Y lo abraza, mientras sigue diciendo el conjuro, en arameo, que yo no entiendo. Conjuro para que la gárgola posea mi cuerpo...
La sombra de la iglesia toca la gárgola... y esta se despereza. Se mueve, baila...
La cara de ella brilla de alegría, bajo la luna.
-Yo decía que vos eras un regalo de Dios, le digo lentamente
-Tu jefa decía lo mismo, que justo habías llegado al departamento de lenguas, cuando te necesite y que eras tan perfecta para el trabajo.
Y supe que no podía ser verdad,
Sos demasiado linda, no podías enamorarte, así como así, de mí.
Yo siempre tuve novias “normales” y vos eras un “10”
Tenía que ser una trampa. Imaginé que ibas a desactivar la bomba...
-Y viste los aros de esmeralda que te regalé y que insistí en ponerte (me miró aterrada, abrazándose a la gárgola con desesperación, buscando ayuda...) Ahí, está la bomba verdadera...
Llorando, apreté el detonador verdadero...
Falso, tan falso
Soy el mejor falsificador y hoy conseguí el mejor pergamino y la mejor tinta.
Escribiré con la misma letra un capítulo perdido del Necronomicón.
Ni Abdul Alhazred lo hubiera hecho tan perfecto, digo mientras leo en voz alta lo escrito.
Pero me detengo en el medio, cuando veo, por el rabillo del ojo, una sombra en la pared.
Sombra de tentáculos que van llenando la habitación junto con su olor tan marino, tan muerto.
Ni tan falso que fue...
Nos llevamos tan bien
Te gustan los bebes, los amas, los cuidas.
Mientras tanto yo les doy besos en la panza para que se rían.
Pero cuando crecen... dejas de amarlos.
Antes de conocerme los tirabas.
Yo aprovecho que es tan grande Buenos Aires para dejarlos en algún lugar. Todos se alegran de que aparezcan bebes robados hace años en algún hospital del conurbano...
Atrapado por el cepo (del dólar)
Sí, es cierto, me fui obsesionando con el tema del dólar. Qué se yo, nunca le había prestado atención, yo era de los que nunca habían visto un dólar...
Pero ahora los necesito, tengo que tener más y más, desesperadamente, obsesivamente.
Y en la Afip me los niegan... Así que debo conseguirlos por mi cuenta.
Les compré a los amigos, a los parientes, a los amigos de los parientes.
Bajé a mil y un sótanos buscando cuevas donde me vendían dólares a precio vil.
Y robé...
Pero sólo dólares, los pesos se los dejaba... Los pesos no me servían.
Y hasta en una encrucijada de caminos, cual émulo de Robert Johnson, le prometí a Dios o al diablo, váyase a saber, que me regeneraría si conseguía dólares a precio oficial.
Regenerarme...
Pensar que el primer hombre que maté fue mi padre...
Como le dije que no iba a votar a Cristina, murió de un paro (cardíaco, Moyano no tuvo nada que ver...).
Ese día me llegó la noticia de un cacerolazo contra la cuarentena y contra el cepo al dólar.
Decidí ir hasta allí, seguramente habría gente que tenía dólares en el colchón... y a lo mejor podía hacer que cambiaran de manos.
El tipo éste, vive bien, podría haber tratado de robar en el barrio, ahí había mucha plata ahí también.
Pero bueno, en la marcha había de todo, desde los provocadores de siempre hasta señoras gordas de ruleros.
Y yo...
No parecía haber muchos que estuvieran a favor del cartel que luego salió en las redes sociales, donde se lo veía a Moreno muerto con un tiro en la frente, unos porque les parecía mal la violencia y otros porque preferían que muriera torturado un poco, antes de recibir el tiro de gracia...
Yo vagaba mirando los rostros, viendo el dolor de ya no ser...
Lástima que no estaba la sueca de Lanata.
Buscaba candidatos para robar, además de protestar contra los que me impedían llegar a mis amados dólares.
Se veían trajes y bombos, algunos chicos arengando.
Y de entre ellos, una cabeza rubia sobresalía...
Tal vez en ese instante me enamoré, tal vez me olvidé un poco del dólar.
Y eso que tenía ojos verdes... luminosos y perfectos... color verde dólar...
Me acerqué despacio, empezamos a hablar. Usando su odio para llegar al amor
¿Vos adherís? me dijo, no, le aclaré, yo me pegoteo...
Y me pegoteé a ella.
Nos fuimos enseguida de la marcha, rumbo al telo.
Sabrina era hermosa, con su cabello rubio, lacio, corto hasta la altura de los hombros y esos ojos tan verdes que no podía dejar de mirárselos.
Y mis manos no podían dejar de acariciar su cuerpo delgado pero con curvas, cálido y tan suave...
Me reía tanto cuando el viento arremolinaba sus cabellos, me hacía acordar a viejas estampas, a diosas griegas, tal vez
Le fui contando de mi obsesión con el dólar, sólo la parte legal, claro.
A ella, todo esto, le recordó a una clienta de la agencia de viajes, donde ella trabajaba. Esta mujer sólo ahorraba en dólares, decía que odiaba a los bancos y que los tenía debajo de la cama.
De esa manera, cuando vino la devaluación del 2021 se compró, cash, medio Buenos Aires.
-Martita, es medio jovata pero tal vez...
Hoy viene a la fiesta que hacemos como presentación de un complejo de cabañas en el sur. Venite y te la presento, te digo que me tiene especial afecto y me parece que algo más...
¿Cómo te ves en un trío? dijo entre guiños picaros.
Mi corazón saltó en el pecho, Sabri siempre encontraba cosas que me atraían casi tanto como el dólar. Y eso que esos días estaba triste porque el trucho de Capitanich me había pagado en pesos en lugar de dólares, los bonos de la provincia de Chaco que había comprado.
La fiesta transcurría lenta y ella no llegaba. Yo comía y charlaba, aburrido.
Pero al verla me atraganté.
¿Jovata, ella? Sabrina exageraba, apenas tendría cuarenta, pero ¡qué cuerpo!
Algo rellenita, con unas gomas impresionantes, acentuadas por el vestido de seda color naranja, apenas muy escotado...
Simpática, le sonreía a todo el mundo. Por eso llegaba tarde, para que todos la vieran.
Y se sabía mostrar.
Además de todo era morocha de ojos verdes...
Nos costó encontrar un momento para hablar a solas, con ella.
Ya casi había terminado la fiesta.
Ella ya me había mirado, alguna vez, en el transcurso de la fiesta.
Yo estaba brillante, simpatiquísimo en mi traje negro. Mi desesperación me llevaba a ser irresistible, ni Angelina Jolie habría dejado, esa noche, de caer rendida a mis pies (Bah, conque quedara arrodillada me hubiera bastado...).
Las mujeres intercambiaron miradas cómplices, sonriendo descaradamente por encima de las copas.
El alcohol nos iba afectando a todos. No sé si lo propuse yo, o ellas pero decidimos seguir la fiesta en la casas de Martita.
Sólo como promesa de que me mostraría algo que nunca había visto, muchos billetes de dólar, algunos de ¡$5.000!
Eran palabras mágicas para mí.
Nos llevó a su casa en su Mercedes Benz, un poco demasiado rápido para mi gusto. Ella también estaba ansiosa.
Empezamos a entretenernos en otras cosas en lugar de mirar los billetes. Poco menos que se me abalanzó encima apenas abrió la puerta. Y Sabrina no se quedaba atrás, tampoco.
Enseguida estuvimos en el dormitorio.
Cuanto lujo, había cortinados carísimos, alfombras antiquísimas, tapices, una cama con baldaquino que parecía grande como para contener un ejército en ella, con sabanas negras, egipcias con millones de hilos... Y dominando una de las paredes un gran espejo con un marco dorado todo trabajado con seres fantásticos (¿sería de verdad de oro? ¿Tendría tanta plata?). Las estatuas que adornaban todo eran muy antiguas y parecían sumamente valiosas. Se apreciaba oro y plata por todos lados.
Pero yo mucho no miraba, hablar tampoco podía porque tenía la boca ocupada...
Los cuerpos se mezclaban, era cierto que Martita le tenía ganas a Sabri. Y que yo le tenía ganas a las dos...
No me alcanzaban las manos, no me alcanzaba el cuerpo.
Habían prendido velas para que todo fuera más romántico todavía, e inciensos que llenaban la habitación de humo (¿O éramos nosotros los que lo hacíamos?).
Empecé a verme en el espejo como a través de una niebla. Mi mente vacilaba, afectada por los humos, el alcohol y tanto amor.
Al mirarlas mis ojos se cerraban.
De repente, creí que mi mente se partía en dos. De entre el humo, el espejo empezó a reflejar una realidad distinta.
Yo seguía igual pero Sabrina y Martita estaban diferentes. Sus cabellos, pegoteados de sudor, se erguían desafiantes pero en el espejo se movían como si tuvieran vida propia, con ojos y bocas que se abrían ¡lenguas oscuras agitaban el aire!
Y ellas tenían en sus manos cuchillos de caza, sedientas de sangre y carne. Similares a diosas, medusas, gárgolas o miles de cosas demoníacas que se me vinieron a la mente.
En el espejo se movían como cazadoras experimentadas, acostumbradas a vagar por los bosques en busca de su comida.
Y la comida era yo, en este caso.
El espejo reflejaba el hambre en sus ojos ¡Y en el de las cosas en sus cabezas!
Pero al mirarlas directamente, en la cama, sólo veía amor, aunque sentía que al mirarlas se me cerraban los ojos, hipnotizado
¡No podía mirarlas!
Miré al espejo y allí me recuperaba, pero veía como me iban arrinconando, cercando.
¿Cómo podría escapar?
Sólo había almohadones de plumas cerca, nada que pudiera dañarlas
¿Nada?
¿A que fui?
Busqué con mis manos debajo de la cama. En eso no habían mentido, había una valija, la abrí, sacando los dólares, se los empecé a pegotear en sus ¿cabellos?
Qué horror tocar eso, un escalofrío recorrió ni espalda, era un tacto espantoso casi como darle un piquito a Aníbal Fernández.
Así tapados iban perdiendo su poder sobre mí. Pude vestirme y escapar a las corridas. Creo que, en mi huida, tiré las velas porque todo se prendió fuego.
Corrí y corrí, sin mirar atrás.
Y me di cuenta que estaba triste... había dejado todos los dólares en la casa que se incendiaba...
Fuerzas
¿Para qué le pido fuerzas a Dios?
Y vos me lo preguntas, justamente vos.
Tengo tantas cosas para decirte en que usaría las fuerzas.
Te diría que te amo, que nunca me animé a decirlo
Te diría mi amor, por fin
Te diría que construiría un mundo mejor para los dos.
Tantas cosas diría en que usaría la fuerza.
Pero no tengo fuerzas para decirlo...
Aquí vivió Aleister Crowley
Día como todos, gris como todos, Juan se dirigía, como todos los mediodía a su trabajo.
¡BROUMMM!
Un trueno, el viento empieza a soplar más fuerte. Se viene la tormenta.
Juan, que por supuesto no tiene paraguas, empieza a correr.
Pero...
Justo en ese momento, Liliana, abre su paraguas sin mirar, golpeando a Juan que tropieza y se cae en la vereda. Patoso y mojado se levanta, mientras empieza un insulto que termina en un
-Por los cuernos de un toro rojo, al ver que era una chica. Y al ver sus ojos verdes y sus largos cabellos negros se queda mudo totalmente.
Ella se deshace en disculpas, que esta distraída porque tiene en la cabeza la pelea reciente con su novio, que está deprimida, que por eso su amiga, que es su profesora de dibujo, la había obligado a venir al museo.
-Ah, claro, esto es un museo... dijo Juan cuando ella paró a respirar.
Nunca había entrado, siempre lo veía extrañado porque era una casa muy extraña de raras formas y extravagantes estatuas en sus paredes. Tenía un cartel que avisaba “Aquí vivió Aleister Crowley”.
Juan no lo conocía, pero sospechaba que tenía algo que ver con el terror, porque hoy era Halloween y estaba lleno de gente y muchos en la cola, para entrar, estaban disfrazados.
-¿Y por qué este museo?
-Tiene unas pinturas, dice mi amiga, que tienen mucho que ver con mi estado de ánimo...
-Ah, por la pelea con tu novio y entonces, como para compensarme de la caída, mira como estoy todo mojado y lleno de barro, ¿qué te parece si me acompañas esta noche a una fiesta de Halloween? Y a que estas de un humor sombrío es la mejor solución...
-NO, no se... dice ella dudando.
-¿Y ver los cuadros? ¿Me haces de guía?
-NO, eso sí que no, mi amiga es muy estricta, ni siquiera querría que te hablara.
-Entonces, la fiesta, le dijo Juan, sonriendo... Sabiendo que su sonrisa era su mejor arma.
-Bueno (resopla) llámame esta noche y vemos. Le da un papelito con el TEL.
-Vemos no, vamos... le dice Juan mientras ella corre junto a su amiga.
Al quedarse solo, Juan, dudó, ya estaba llegando tarde al trabajo, pero ella era tan bella que quería verla un rato más, aunque fuera de lejos. Así que entró en el museo.
Estaba repleto de gente por lo que quedó muy atrás. El guía del museo, un muchacho joven y flaquito, con una cara llena de granos, está explicando que esta era la casa y el taller donde trabajaba Yánez de los Ríos, famoso pintor de principios del siglo XX.
Además de haber pintado retratos de lo más granado del Buenos Aires de la época, era famoso por sus estudios esotéricos y espiritistas. Alrededor de 1920, estuvo viviendo aquí con él, el ocultista inglés Aleister Crowley, fundador de la secta Golden Dawn, ese que inspiró “Escalera al cielo” el tema del grupo Led Zeppelin...
Esto fue un secándolo para la sociedad pacata de la época. Se decía que adoraban al diablo y que practicaban el amor libre, lo que era peor que ser satanista para las damas de sociedad.
La gente se rió...
Y este edificio, que Uds. vieron desde afuera, fue construido por otro alquimista uruguayo, el arquitecto Humberto Pittamiglio. La construyó para que tuviera la forma de un barco, porque decía que navegábamos hacia ese mar infinito que es la muerte... Y los ángeles y gárgolas que decoran los jardines y terrazas representan las luchas del hombre contra la maldad (o a favor de la maldad.
Por dentro tiene formas medievales, llenas de laberintos y recovecos.
Vamos ahora, a descender al sótano.
Juan alcanzó a Liliana y le guiño un ojo, ella caminó más rápido, poniéndose colorada.
-Cuenten los escalones, decía el guía, son los mismos que los que Dante tiene que descender para bajar al infierno, según la Divina Comedia. Ven aquí hay frases de la misma talladas en las paredes.
Al llegar al sótano, vieron que era enorme. Las paredes estaban cubiertas por espesos cortinados rojos. No había luz eléctrica y la iluminación provenía de esas antorchas modernas, llenas de aceite, que ardía con llamas desiguales.
-Aquí abajo, solemos quemar incienso y otras hierbas aromáticas, Yánez decía que así se alcanzaban estados superiores de conciencia, que eran necesarios para ver sus cuadros.
En ese momento, con una palmada del guía, cayeron los cortinados
Además de un cuadro que representaba a Aleister Crowley y que parecía presidir la sala, era un ser brutal y lujurioso, perfectamente captado por el pintor, con sus brazos cruzados, musculosos, su cara angulosa y esa boca lujuriosa y sádica, había una serie de cuadros uno más impresionable que el otro.
Todos enormes, todos de muertes y sacrificios. Vírgenes sacrificadas
Allí estaba Cthulu con su ciudad de ángulos imposibles, acercándose a una rubia que grita horrorizada con el Necronomicón a sus pies, en otro sector estaban Moloch, Baal, Astarthe
Brujas en la hoguera, mujeres en el potro de tortura... Una morocha de ojos verdes siendo sacrificada por un sacerdote azteca.
Un sombrío monasterio medieval, con sus torres como agujas, donde una fila de sacerdotes templarios rendían culto a Baphomet, su demonio dios todopoderoso y devoraban viva a una mujer. El rojo de las cruces en sus pechos era de un color tan brillante, la sangre era tan brillante... parecía todo tan real, todo como si acabara de ser pintado...
-Los cuadros fueron pintados por Yánez en 1922, junto con Aleister Crowley, que, se dice, le preparaba los pigmentos con una antigua receta medieval que había encontrado en extraños pergaminos que había encontrado en un olvidado monasterio italiano. Aleister Crowley muere en 1947 y un poco después desaparece Yánez, en medio de fuertes rumores.
A Juan, que no estaba preparado para tanto humo y tanto dolor, empezó a descomponerlo.
Le hizo gestos a Liliana y se preparó para salir a la calle. Pero al darse vuelta, le pareció ver alguien que espiaba detrás de un cortinado, y que miraba a Liliana. Una mirada cargada de lujuria... Pensativo, salió a la tarde... En el trabajo, toda la tarde sonreía y nadie entendía nada.
A la noche llamó a Liliana. Impaciente por verla de nuevo, pensando en sus ojos verdes.
Lo atendió el padre y le dijo que no había vuelto. Probá a llamarla a lo del novio, le dijo el padre, intencionadamente. Juan le confesó que la había visto en el museo con la profesora y que le dijo que se habían peleado, por eso la había invitado a una fiesta de Halloween que hacían unos amigos de la facultad.
El padre que no sabía nada, se quedó extrañado...
Juan no se preocupó, supuso que Liliana se olvidó de la promesa de ir juntos a la fiesta de H. Él se había quedado impresionado con ella, pero no podía jurar que a ella le pasara lo mismo.
Al rato, recibió la llamada del padre de L, que estaba muy preocupado. Había llamado al novio y efectivamente se habían peleado y sabía que Liliana iría al museo con la profesora. También llamó a la casa de ella pero tampoco había vuelto y el marido estaba asustado, ella no era de hacer eso, hacía horas que debería haber vuelto a su casa.
Juan quedó muy preocupado. ¿Que podría hacer él? Medio que el padre se lo recriminaba Decidió volver a donde las había visto, al museo. Iban a hacer un trabajo sobre los cuadros tal vez se quedaron charlando y se les pasó la hora...
Pero el museo estaba cerrado y a oscuras. Juan estuvo mirando por los ventanales pero no se veía a nadie.
Ya se iba pero le pareció ver un reflejo, como si una gota de sangre se resbalara por la cara de una de las gárgolas. Sí, se veía luz que venía del sótano donde estaban los cuadros.
Tal vez no era nada, pero Juan estaba muy preocupado. Sabía que podía ser que Liliana se hubiera enganchado con el guía y estuviera en situación comprometida (¿Con un tipo con tanta cara de idiota?). Sabía que no era la primera vez que invitaba a una chica para ver como se le iba con otro...
Desesperado, sin pensar en las consecuencias, tomó una piedra, rompió un vidrio y abrió la ventana, pensando que iba a sonar la alarma. Ya se arreglaría con la policía si no era nada, pero también podría ser que llegado el caso la necesitara, las páginas de los diarios estaban llenas de violadores y asesinos y el guía tenía cara de facineroso. Pero no sonó ninguna alarma, extrañado pensó que tanta gárgola asustaría a los ladrones y protegería el museo. Entró lentamente y se dirigió al sótano.
Bajó por las escaleras tratando de no hacer ruido. Igual pensaba que los latidos de su corazón se escucharían a varias cuadas de distancia. Apagado, se escuchaba un cántico, una letanía, constante y blasfema.
Juan va a entrar en el sótano, pero alguien lo ataca... es el guía del museo que lo golpea, ya lo sospechaba. Trata de defenderse, toma un inmenso jarrón, resulta pesadísimo, tal vez fuera de cobre y consigue golpearlo con él en la cabeza pensando que se rompería y lo dejaría sin arma. El ruido es espantoso, la cabeza del guía se balancea. Pero el jarrón no tiene ni un rasguño. Juan observa que desmayado, el guía tiene todavía más cara de pajarón.
Y dentro del sótano lo esperaba un horror mayor que el esperado.
Al horror de los cuadros se le sumaba una sombra...
Debían de haber quemado otras hierbas porque todo estaba lleno de un humo espeso y rojizo.
Era la sombra de un hombre, enorme, que vestido con una túnica, estaba de espaldas Junto a una especie de altar de piedra negra, de él salía la voz cascada que cantaba. La túnica de vivos colores, con bordados de figuras blasfemas y heréticas, parecía bailar entre los reflejos de las antorchas. Apenas cubría semejante corpachón, media como dos metros y un aura malvada se desprendía de su ser.
Nuevas sombras se le unen, con túnicas doradas y capuchas negras, parecen Ángeles de muerte. Saltan y bailan desenfrenadamente. La cantinela se acelera y se hace enloquecedora
Acostada en el altar, lista para el sacrificio, estaba Liliana, la túnica de ella era de color blanco, casi como el de su piel y se le pegaba al cuerpo. Parecía haber llorado largo rato, una mueca de dolor todavía cubría su rostro. Esperaba el sacrificio como las mujeres de los cuadros. Pesadas cadenas lastimaban su piel, rojos cardenales cubrían sus brazos. Apenas se la veía respirar pero que estuviera viva llenaba de esperanzas al pobre Juan.
Las otras sombras arrastraban a la profesora, que gemía medio inconsciente.
En ese momento, el sacerdote gira y lo ve... Una mueca atroz cubre su cara. El horror invadió a Juan que vacila sin poder creer lo que está viendo, ¿De dónde puede surgir tanta maldad, tanta blasfemia oscura?
Un murmullo sale de la boca de los esbirros. Huelen sangre...
Juan, se dio cuenta que el sacerdote era el que estaba espiando esta mañana cuando recorrían el museo. Un escalofrío recorrió su espalda
Ese hombre parecía Aleister Crowley. No podía ser, el guía dijo que murió en 1947, pensó Juan. Comprendió que a pesar de que era tan corpulento como Crowley, su cara era igual de angulosa, pero no era Aleister Crowley... era como si la cara de otra persona estuviera tratando de imitar la cara de Crowley, la cara del retrato, como si otro cuerpo estuviera contenido dentro de él. Se veía como si una persona distinta se transparentara dentro de su piel.
Y gritaba y gesticulaba... decía antiguos encantamientos y frases blasfemas...
Ph´nglui mglwinafh
Lhutchu
R´lyeh anwg fhtagn
wgah´nagl fhtagn
Lhutchu
mynngah
Faaris perctha.
Las otras sombras le hacían coro y le respondían. Todos señalaron al intruso. Una risa histérica llenó el aire, ya bastante enrarecido por el humo y el sudor de tantos seres.
Juan, entró como una tromba. Llevado por el impulso llegó hasta el sacerdote sin que nadie lo detuviera, levantó el jarrón y le pegó con él en el inmenso pecho del falso Crowley... pero no le hizo nada. El jarrón tan duro y pesado que ni se había mellado con la cabeza del guía ahora se hacía pedazos al golpear el pecho del falso Crowley.
Que fuerza...
Y cuanto salvajismo. Lo golpeó a Juan con sus grandes puños, dejándolo sin respiración, y eso que casi ni lo tocó. Y volvió a golpearlo, antes de que Juan pudiera reaccionar.
Las sombras miraban, adorando al sacerdote, sintiendo todo el poder que de él emanaba. Sus cantos se elevaron de tono y se hicieron estruendosos.
Fijaban sus ojos en Juan como cuervos que paladean un festín. Festín de carne muerta y putrefacta. La muerte cercana los excitaba, giraban de un lado para el otro
Como si nada, el sacerdote, lo levantó, regocijándose en el dolor que le producía y lo arrojó contra la pared como si fuera una polilla que le molestaba. Profiriendo oscuras amenazas contra nuestro lastimado héroe...
Los adláteres reían y coreaban los oscuros cánticos,
Ahí, envalentonado el falso Crowley, riéndose con los otros malvados sacerdotes, le contó a Juan, caído y mareado, que él era el pintor amigo de Crowley, Yánez de los Ríos, que juntos habían pintado estos cuadros hace 93 años y que oscuros dioses le habían dado vida eterna a cambio de un sacrificio anual en Halloween, donde bebería la sangre de una mujer de ojos verdes y con esa misma sangre repintaría los cuadros donde los dioses brillarían con todo su esplendor... Dioses que estaban expectantes con su vuelta cercana a la Tierra, superado el exilio de millones de años... Apocalíptico regreso profetizado por Crowley.
Juan tozudo, trata de levantarse, pero claudica, Crowley se ríe, se sabe muy superior. Los esbirros aúllan, ven que la victoria está cerca, que se acerca el tan ansiado sacrificio.
La sangre, que cae de los ojos de Juan casi le impide ver que Liliana trata de liberarse y correr a su encuentro, que trata de ayudarlo o, por lo menos, morir a su lado. Eso le da las fuerzas que ya no tenía. Debe defender esos ojos verdes.
Juan se toma de una de las antorchas para poder pararse. Una idea le viene a la mente.
Adivinando la intención, Crowley se para con los brazos en jarras, desafiante... esperando que Juan le tire la antorcha, seguro que nada puede hacerle. La apagará con un soplido
Pero Juan tiene otra idea... la arroja contra los cuadros... el aceite se derrama sobre ellos y empiezan a arder...
El falso Crowley grita, empieza a encogerse, arrugarse... Los 93 años se le vienen encima... recuperando su cuerpo, encontrando su muerte.
Juan corre a liberar a Liliana y a la profesora, que estaba tirada en el piso. Los esbirros tratan de salvar los cuadros pero las llamas son más fuertes, se elevan majestuosas e incontenibles.
Nuestros héroes se escapan del museo que, ahora, empieza a arder descontroladamente.
Liliana empieza a recomponerse.
El color de las llamas se refleja en sus ojos verdes y les da un brillo sobrenatural.
Juan está enamorado, tan enamorado que no nota que ahora el rostro de Liliana, más anguloso, tiene un curioso parecido con el cuadro de Aleister Crowley.
Sueño
En R´yleh , Cthulú sueña su sueño de eones.
Y hasta sueña que es un hombre. Llamado H. P. Lovecraft...
Era en el sur
La monotonía del paisaje es adormecedora, nada la quiebra.
El sueño vence en su lucha...
Hasta que algo llamó mi atención
Era un grupo de casillas, casi nuevas pero parecían abandonadas.
Me levanto de mi asiento del tren patagónico para ver mejor. Al hacerlo se despierta mi compañero de asiento.
-Ah, las casillas, me dice
Yo estuve allí ¿Quiere saber la historia?
Le digo que sí, no demasiado interesado pero un poco de charla no me vendría mal para espantar tanta modorra
-ese, antes era el parador de yacimientos carboníferos fiscales.
Uno de los tantos en este tren carbonero de río gallegos a rio Turbio.
La noche anterior había caído una copiosa nevada, lo recuerdo perfectamente, estábamos de guardia y junto a una estufa.
Los paradores nos daban por radio la posición del tren y si había cargado
Vuelta a vuelta se descomponía este tren maldito...
Pero ese día el tren no fue el problema, desde el parador 15, éste, nos llamaban pidiendo ayuda, porque había 6 u 8 pumas anormalmente grandes que estaban rodeando la casilla y no los dejaban salir, encima no tenían armas, nunca pasaba nada.
-Son muy extraños, su pelaje brilla como el cristal.
-Parecen hambrientos.
-Sus ojo s parecen brillar en la oscuridad...
Rápidamente, o todo lo rápido que pudimos despegarnos de la estufa y abrigarnos fuertemente, nos dirigimos en las zorras hacia aquí, eran diez kilómetros apenas, no tardamos nada.
Nos extrañó no ver a los pumas o lobos pensábamos nosotros, más comunes...
Pero peor fue ver que en el puesto no había nadie.
Y mucho peor, todavía, fue darnos cuenta que las únicas pisadas que se veían en la nieve, eran las nuestras.
Ni rastros de los pumas ni de los del puesto que desde aquel día está abandonado...
Yo ya no pude volver a dormir en ese viaje de tren.
Inútil
Nunca pude hacer nada, siempre fui un pusilánime.
Y vos me lo recordas a cada instante, todo el t9iempo.
Ni siquiera esto me sale bien.
El arma se encasquilló y vos pudiste salir corriendo
Eso pasa por comprar armas baratas.
Inútil.
Cuervos en la noche
-Guille, hermanito de tablón, ¿cómo andas?
-Rodolfo, ¿qué alegría, que haces por acá? ¿Cuándo vamos a ver a San Lorenzo?
-Pronto, te buscaba porque necesito ayuda
-Sí, con gusto, decime.
-Viste que yo estoy en el rubro gastronómico y con la cuar3entena estamos en la lona. Hacemos algún delivery, pero no te rinde. Entonces me busque algún currito por ahí, para llegar a fin de mes. Pero no hay laburo de nada.
O eso pensaba, como hay tantas muertes conseguí un laburo de sepulturero, los tipos estos no dan abasto.
No es muy complejo el laburo, las tumbas se cavan con una excavadora, así que no es tan cansador como me temía.
Además hay que arreglar los nichos y las bóvedas, como no hay gente que las visite, esta todo abandonado y entonces me conseguí, con la familia, un currito para limpiar y reparar una bóveda que le había entrado agua porque se rompió el ventanal.
Bueno, ahí estaba yo limpiando todo el quilombo y voy viendo que hay muchas fotos de jugadores de San Lorenzo. Averiguo y en esa bóveda está enterrado Yamandú Rodríguez, que parece que fue un dirigente de San Lorenzo, en la década de los 50.
Y un tipo importante, TE DIGO.
Encontré fotos con Farro, Pontoni, Martino, San Filippo... Algunas todavía enmarcadas, otras sueltas y algunas con los marcos rotos.
Las fui separando, había algunas tan mojadas que se llenaron de hongos, estaban para tirar. Me pensaba llevar algunas para mi casa, obvio.
En una de esas con el marco y el vidrio roto, encontré detrás de la foto, una carta. No se leía mucho por el agua estaba corrida la tinta.
Parece que este Yamandú era uruguayo y había sido discípulo y amigo de Francisco Piria y de Pitamiglio, que parece que fueron los ocultistas más grandes del Uruguay.
Piria había sido maestro de Yamandú y de Pitamiglio, que era un arquitecto muy conectado con el poder, fue ministro y todo.
No sé si te acordas pero cuando Juan Pablo ll estuvo en el Uruguay, estuvo en un castillo hecho por Pitamiglio, supuestamente para buscar el santo grial que por la segunda guerra habían escondido en este país, y este Pitamiglio fue el custodio hasta que se murió, también en circunstancias oscuras, un resfrió mal curado o así.
Y te digo que esta historia no es verso, porque lo conto el papá Francisco en una peña azulgrana el año pasado, el santo grial ahora está en el Vaticano y él cada tanto le pone una camiseta de San Lorenzo por encima para que le traiga suerte.
Bueno, a lo que iba, la carta era de este señor, y era un conjuro infalible.
Parece que Yamandú lo hizo en una época que San Lorenzo tenía un campeonato chivo y lo terminó saliendo Campeón. De yapa Yamandú se volvió rico de la noche a la mañana.
-No te puedo creer...
-Sí, sí, y me traje la carta, vos que sos químico y te arreglas mejor con estas cosas de la computación, ¿crees que podrás mejorarle la letra para leerla bien?
-A ver, dice Guille, mirando el papel que Rodolfo le extiende, sí, creo que sí, le puedo poner tal compuesto para que no se rompa, después la escaneamos y le mejoramos en la compu.
Y así lo hicieron.
Leyeron la carta y se llenaron de horror.
Hablaba de secretos arcanos, de sacrificios y de sortilegios.
Se miraron asqueados.
¿Podrían ser capaces de hacerlos? Estaban muy necesitados personalmente y encima San Lorenzo hacía mucho que no salía campeón.
Se decidieron, san Lorenzo era más importante que ellos y su moral. Un apretón de manos selló el pacto de caballeros.
Consiguieron las hierbas y una marmita hecha de barro mezclado con cenizas de muerto, lo que con el trabajo de Rodolfo no fue difícil de conseguir.
Lo peor fue conseguir una chica para sacrificar, porque tenía que se fanática de los cuervos, por suerte no exigía que fuera virgen sino iban a estar demasiado jodidos.
¿Dónde podrían encontrar una cuerva?, sin futbol no se les ocurría como.
Buscaron en la compu, por Tinder, no aparecía nada, por Badoo tampoco.
Ni en face, los amigos no conocían nadie así.
Ya no sabían que hacer, hasta que encontraron una página llamada amor en la tribuna, que unía parejas que les gustara el futbol. Así encontraron una.
La citaron en el boliche de Rodolfo, Guillermo la recibió y quedó impactado por sus ojos verdes, por lo que tartamudeaba.
La pobre mina se sorprendió cuando el mismo dueño se sentó con ellos y los invitó a una copa de champaña.
Ella se la bebió sin sospechar que la estuvieran drogando. Se durmió enseguida, como no había nadie en el local pudieron subirla en el coche sin despertar sospechas. Llegaron a la cancha de San Lorenzo, se sorprendieron porque por la cuarentena todo estaba abandonado, el club no tenía plata y el sereno iba cuando quería, así que no les resultó difícil entrar en la cancha. Buscaron la ubicación que decía la carta, Venus estaba en lo alto como era necesario. Quemaron entonces, las hierbas en la marmita, chispas salieron la mezclarlas con los compuestos químicos, una nube violeta se elevaba hacia el cielo, lo que pensaron que encima los favorecía, si alguien estaba mirando no podría verlos.
Llegaba el momento exacto.
Diciendo las formulas arcanas, le cortaron la garganta a la chica, dejando que su sangre sanlorencista, recorriera los escalones de cemento...
¿Ya está? Dice Guille, ¿no debían salir rayos o algo así?
-Sí, sí, dice que hay como una explosión de luz cuando se termina de decir el conjuro. El Dios de Pitamiglio se lleva la minita y la marmita desaparece.
-Revisemos, dice Rodolfo, mira la carta, mira el cielo, la marmita está bien las hierbas están en orden, las colocamos como decía, la sangre tiene que mojar el escalón número 13 de la cancha cuerva.
Bueno, acá dice en el tablón número trece pero claro, ahora es de cemento
-Para, se descontrola, Guille ¿dice tablón?, esta cancha nunca tuvo tablones...
-No, la carta es de los 50, habla de los tablones de la cancha vieja.
-la teníamos que hacer en Carrefour, nos equivocamos...
Abatidos, se van lamentando que una vez que conocieron una chica cuerva que estaba buena, la sacrificaron al cohete.
Sonrían por favor
Necesito una sonrisa, ya estaba harto de que estuvieras seria todo el día.
Nunca una frase de alegría
Necesito una sonrisa.
Y por eso salí a la calle con mi navajita
Pero no puedo pegarla en tu rostro, culpa de la sangre.
Necesitaría un pegamento más fuerte.
Y vos ya te estas poniendo tan fría...
Mascarón de mujer
Siempre me gustó esa bóveda, tiene unas estatuas hermosas, sobretodo encima de la puerta tiene una, un mascarón con el rostro de una mujer bellísima.
Soy un enamorado de los cementerios, suelo pasear por ellos con mi cara de enhenado,
Me gustan sobre todo los que construyó el Arq. Salamone en la provincia de Buenos Aires en los años treinta, en Azul, Pringles, Saldungaray, etc. Con Cristos monstruosos de grandes y formas geométricas que se elevan al cielo...
Y hoy estoy aquí, en la Chacarita, un cementerio más humilde, pero enamorado de esta bóveda...
Siempre había estado tentado de entrar y nunca me animaba, pero hoy traje una botella de vodka para aumentar mi coraje.
Y entré...
Todo estaba lleno de telarañas y olor a humedad.
Era muy grande por dentro, los muros estaban tapizados de estantes llenos de ataúdes y en el espacio central había cinco, dispuestos con la forma de un pentágono.
Me dirigí a uno, el que estaba en el vértice superior, era como que me llamaba. Intenté abrirlo, pude hacerlo con gran esfuerzo. Era un ataúd de esos que tienen una doble tapa, una para el cuerpo, que no pude abrir y otra para la cabeza, que si pude hacerlo, por suerte.
Y es que en el ataúd, había una mujer bellísima, igual al rostro del mascarón de la entrada, no podía creerlo, seguramente la tomaron como modelo para esculpirlo.
De repente, me di cuenta que no parecía un cadáver, estaba rosado y hasta tibio al tacto (sí, lo toqué).
La sacudí para despertarla, le grité, la pellizqué pero no reaccionó.
Hasta que al fin, y más como chiste que otra cosa, como si fuera el príncipe azul, la besé en los labios.
¡Milagro!
Abrió los ojos.
Tenía los ojos verdes más hermosos que hubiera visto.
De ese color verde claro, mezclado de amarillo...
Yo la miraba lleno de sueños.
Y cuando ella me miró, pensé que el mundo iba a estallar. Ya sacaba la botella de vodka para brindar.
Pero no.
Empezó a gritar, un grito que me llenó de terror.
Al abrir la boca tenía unos dientes puntiagudos y enormes...
Sentí que los otros ataúdes se movían. Pero no tuve tiempo de revisarlos, la bella se estaba levantando del ataúd.
Y vi que no tenía piernas.
Y vi que eran una masa de tentáculos...
Un olor marino me golpeo. Una blasfemia de cientos de años de dolor infringido...
Ya venía hacia mí, sin parar de gritar.
Reaccioné como pude, le arrojé la botella de vodka que se rompió, empapándola.
Llorando le tiré un fósforo, hasta que todo se prendió fuego. Hui y al correr, derribe los otros ataúdes...
Lo que salió de ahí, la maldad que estaba contenida.
Otras mujeres, ¿mujeres?, en diversos grados de mutación..., mezcla de sapos y caracoles...
Todo ardía, la madera de los otros ataúdes, seca de siglos, ayudaba a rodear todas las paredes de fuego.
Apenas pude salir.
Y ahí me quedé, todo chamuscado, viendo como la bóveda ardía, con el deseo de llevarme el mascarón, ese que tanto tiempo había amado...
Pero que ahora me daba tanto miedo.
Verdes
Me gustan los ojos verdes, no puedo vivir sin amarlos.
Son mujeres muy dulces algunas, y hay otras que tienen toda la crueldad, esto no pasa con los ojos de otro color ¿Que maldad puede tener una mujer de ojos castaños...?
Me gustan los ojos verdes y escribo y escribo sobre ellos
Sobre el amor.
Me gustan los ojos verdes, son los que tienen mejor sabor...
Republica de Tandil
-Pero Edu, ¿Estás seguro de lo me decís?
-Sí, lo de Futboleros es una pantalla, nos están usando
Fijate como se pasan mensajes secretos entre Hernán Tandil, Alejandro Kafka y Gabriel.
-No puede ser.
-Mira, mira acá.
Y si, tenía razón, mezclado entre comentarios de futbol y chistes, se estaban comunicando entre ellos, mandando instrucciones
-¿Para que lo hacen, no entiendo nada?
-yo te explico, todo empezó con Hernán de Tandil, como necesitaba un lugar para hacer su cerveza artesanal alquiló un galpón en las afueras de la ciudad de Tandil. Parece que llevaba mucho tiempo vacío y estaba lleno de cosas y polvo.
Hernán se puso a limpiarlo y se encontró con un montón de libros antiguos, casi en pedazos.
Había hierbas y amuletos extraños, terroríficos.
Pensó que todo eso era pura macuba y ya lo estaba tirando hasta que se encontró un libro sobre la historia de Tandil, pero escrito en latín, esto le pareció muy raro, pero le picó la curiosidad por saber que decía. Así que se comunicó con Ale.
-¿Ale sabe latín?
-parece y leyeron en ese libro sobe Salvador Mac Douglas, uno de los impulsores del Tandil moderno.
Este tipo era un escocés practicante del ocultismo, muy amigo de Aleister Crownley.
Se había casado con una condesa de mucho dinero pero que se le murió en una de esas noches de orgia-sacrificio satánicas que hacían en honor de Baphomet.
No se supo si murió de muerte natural, si la sacrificaron o si directamente la mató para quedarse con su fortuna.
El hecho es que tiene que huir de Inglaterra y viene a Tandil, ahí le da impulso a la ciudad, siendo el fundador del Tandil moderno con sus ideas sobre el turismo y los negocios.
Como se había caído la famosa piedra movediza, propone reemplazarla por otra. Lo que no sabía la gente es con los contactos esotéricos de Salvador, en lugar de una piedra estaban colocando un huevo de Cthulu
-¿Un testículo? Digo asombrado.
-No, Cthulu es enorme pero tampoco para tanto. Me haces acordar a Norberto de Vélez, que llega un día y se lo veía más delgado de lo habitual, ¿qué pasó? Le decimos. Bajé diez kilos, ¿hiciste dieta? No, me hice la circuncisión...
Lo del huevo es porque los Cthulu son una especie ovípara, se reproducen por medio de huevos, entonces dentro de eso que llaman piedra movediza hay un pequeño cthulu bebe.
-Ah, como Hernán es gallina, eso le quedaba justo...
-Sí, sí, esas cosas las descubrió Ale en el libro antiguo.
Entonces volvieron a Buenos Aires y en un asado en casa de Marce, expusieron su idea, para conseguir dinero y hacer una máquina que pueda romper la cáscara del huevo y deje salir a Cthulu, que así iba a dominar Tandil y el mundo todo.
Marce no quiso saber nada, creía que eso iba a destruir la ciudad.
Hernán en cambio opinaba que ahora que se independizaban iba a ser
Cthulu al gobierno
Hernán al poder
Pero eso a Ale no le gustó tanto y enojado tuvo que rectificarlo
Futboleros al poder.
Pero ni así quiso saber nada Marcelito que se fue discutiendo con Juank, el hermano, que es mi amigo y me contó indignado de dicha reunión.
Como en el asado también estaba Gabriel, éste se ofreció a hacerse cargo de los gastos. Enseguida engancharon a Horacio para hacer la máquina que cascara el huevo.
Y como podía ser peligroso, consiguieron que Kikebot fuera el que la maneje.
Por eso es urgente todo.
Este sábado es el pico de energía, viste que Betelgeuse tiene variaciones de luminosidad y parece que se3 puede transformar en supernova, bueno este sábado habrá una energía impresionante que parece que va a alcanzar para que Cthulu pueda nacer.
Ya tienen todo preparado.
Así que tendríamos que salir esta noche, vos que trabajas en la construcción tendrías que llevar una perforadora muy potente, el huevo es muy duro, autonoma, para poder hacerle un agujero por donde yo le arrojaré dentro un veneno biologico que estamos desarrollando en la farmaceutica donde trabajo, eso matará a Cthulu y cuando elllos lo abran se llevaran una sorpresa.
Dale, te necesito.
Yo le dije que sí, que tenía todo eso. Cargamos todo en la camioneta de él y nos fuimos para Tandil.
Llegamos cuando estaba amaneciendo, por suerte no había nadie. Subimos caminando al cerro con las cosas a cuestas. Me llevó mucho trabajo hacer la perforación, era muy duro y no podía hacerla.
Cuando por fin terminé, estaba agotado, me tiré a descansar mientras Edu preparaba su parte.
De paso me puse a revisar los mensajes de Futboleros y matarme de risa con los chistes del Marcelo de Atlanta, tambien me puse a revisar la historia de Tandil, para verificar lo que Edu había contado.
Tan concentrado estaba que no vi que Edu se me acercaba por detrás con una llave inglesa, solo me di cuenta cuando sentí el golpe.
Caí obnubilado.
-Edu ¿qué haces?
-Elimino pruebas, perdón pero te mentí, lo que puse es hormona de crecimiento, como la que usa Messi... así y sólo así Cthulu podrá romper el cascarón.
-Pero, ¿y Hernán?
-No, no vendrán. Ya los maté a todos, no podía tener competencia. Cuando me enteré los empecé a extorsionar para que me dejaran participar y cuando nos reunimos todos, les puse veneno en las bebidas.
Los mensajes que leíste los inventé yo, todo era un montaje.
Y ahora con Cthulu dominaremos el mundo
Eso sí, va a seguir habiendo futbol y el padre Cthulu me prometió que Atlanta iba a salir campeón todos los años.
Semejante horror hizo que terminara de desmayarme.
Cuando volví en mí ya era de noche, Betelgeuse estaba en lo alto.
Pero no pasaba nada, la roca estaba igual que siempre.
Cthulu no nacía y la estrella ya se apagaba.
Edu estaba desconsolado, lloraba a mares
Yo llamé a la policía después de decirle que esa no era la roca que puso Salvador, que era una copia más perfecta de la original, que la otra la tenían en un museo privado como acababa de descubrir por Internet.
Cuello de cisne
Amo tu cuelo, tan largo, tan elegante
Te doy besos despacito, muy juntos los unos de los otros por todo tu cuello.
Estaría horas así, amándote.
Amo tu cuello tan blanco y suave.
Pero al apretarlo hizo crack como todos los otros...
Yo esperaba más.
Expreso al oeste
Ring, ring
Suena el timbre, en medio de la noche, por suerte mi familia está de vacaciones en la playa sino los gritos se hubieran sentido hasta en la china.
-Charly digo, ¿Que hacés acá?
El calor hacía que él estuviera todo transpirado, más que estaba caminando de un lado para el otro.
-Vení, pasá, ¿queres tomar algo, una coca una cerveza?
-Algo más fuerte, si tenes.
Le serví un vodka y se lo tomó de un trago, se sirvió medio vaso más y ahí, de a sorbitos, se fue tranquilizando.
Yo esperaba en silencio, lo veía muy nervioso
-Me desgracié, dijo por fin
-¿Que?
-Sí, mirá te explico, voy a comer siempre a un barcito atrás de la plaza Flores, no a aquel donde íbamos con el Toto, ese cerró hace mucho, éste tiene un menú barato y te atienden bien, bueno, resulta que trabaja una chica de moza, morocha medio petisita con unos ojos negros muy lindos, la nariz un poco larga pero bien, armoniosa digamos. Y unas tetas impresionantes.
Cuando comenzó el calorcito, usaba remeras escotadas, cortitas, a veces sin corpiño. Y de un tiempo a esta parte, empezó a estar más amable, que un toquecito en el brazo o el hombro, una sonrisa al pasar, yo me hacía el boludo, no miraba.
Pero este mes mi mujer se fue con los chicos a la playa y yo me tuve que quedar a laburar en el laboratorio. Y con el calor y la soledad la invité a salir.
Todo bien, tomamos algo, fuimos a un telo, todo tranqui, sin dramas. Todo el mes fue así, dale que te pego. Lo pasamos muy bien juntos, hasta empecé a pensar en ir a más...
Pero hoy, no sé, mucho calor, la luna llena, estábamos mas pasionales que de costumbre.
Ya estábamos terminando, como siempre yo jugaba a ahorcarla, porque ella era medio perversita y le gustaba esa sensación de ahogarse cuando llegaba al orgasmo y no sé, nos movíamos tanto que apreté de más parece. De repente se quedó quieta con los ojos fijos y por más que intenté no pude hacerla reaccionar.
Yo la miraba con los ojos como platos
-¿Y qué hiciste?
-No podía dejarla en el telo, ni llamar a la cana, mi mujer me mata si se entera. Así que la cargue en el coche y me fui. Ojo, tenía un plan no te vayas a creer.
Pero esperá que te cuento por donde viene la historia.
¿Viste al Beto Márcico?
-Sí, sí
-Bueno, de pibe era medio gordito y no sabía jugar a la pelota, eso sí, era muy estudioso y aplicado, como no había internet, el pibe se iba a estudiar a una biblioteca popular. Así, investigando entre los libros que no leía nadie, encontró unos ejemplares de ciencias ocultas, muy antiguos. Y creo que en uno de Fulcanelli o así, descubrió como convocar a un demonio para que le cumpla los deseos. Hizo el conjuro, apareció un demonio y le consiguió sacar tres deseos cualesquiera. El primero que eligió fue saber jugar al futbol, el segundo como era fana del verde, fue salir campeón con la primera de Ferro y el tercero se lo guardó, por las dudas.
Con los otros dos estaba hecho, encima, ganó un montón de guita, en Boca por ejemplo.
Pero además, estaba enamorado de mi vieja, que era vecina suya, chichonearon un poquito parece pero mevieja le paró el carro enseguida, ella estaba casada y nosotros ya habíamos nacido, no daba para abandonar todo e irse con él. Marcico entendió todo, un señor, che, él sabía que tenía un deseo pendiente y podía usarlo para conseguirla pero la quería demasiado como para hacerle eso.
Entonces, un día, con la excusa de que me regalaba el álbum de figuritas de Ferro, le escribió atrás la fórmula del conjuro, como regalo final para mi vieja.
Cuando pasó esto con la minita, yo me acordé del deseo, me dije, la resucito y listo el pollo.
Así que me fui a casa a buscarlo, lo encontré y preparé las hierbas y los potingues que decía el conjuro.
Había que quemarlos y recitar ciertas palabras oscuras. Y ahí se me fue el alma al piso, el fuego lo tenía que encender con un cacho de tablón de la cancha de Ferro.
Pero las tribunas ya son de cemento, no encienden. Entonces intenté encenderlo con un fosforo, pero no hubo caso. Supongo que si lo buscara al Beto, cambiaría esa parte y prepararía un conjuro más moderno, pero yo lo necesitaba ahora, no la puedo resucitar la semana que viene.
Entonces me acordé que vos contaste una anécdota en el grupo Futboleros, que tenías un vecino que en el jardín tenía un banco hecho con trozos de tablones de la cancha de Ferro.
-Sí, acá a dos cuadras.
Eso, acompañame a buscar un pedazo, por Dios te lo pido.
-¿Ahora? Es muy tarde (no me pareció que pedirme por Dios fuera lo más adecuado en este caso).
-Mirá entramos y le sacamos un pedacito, nadie se va a dar cuenta, no hace falta que selo pidamos.
-Pero tiene un par de doberman.
-Dejamelo a mí, dijo, tengo algo para dormirlos. Y del maletín sacó unas pastillas, traeme carne picada, por favor.
Mientras él hacía una albóndigas rellenas, yo fui a ponerme ropa negra y una remera con capucha.
Los perros se comieron las albóndigas enseguida, gimieron un rato y cayeron dormidos.
Entramos saltando la verja, por suerte no había alarma y con un escoplo y un martillo, le arrancamos un pedazo de tablón, suficiente para iniciar el fuego.
Volvimos y Charly trazó una estrella de cinco puntas en el suelo, se puso en el centro, sosteniendo a la chica. Que si tenía una tetas bárbaras.
Yo le tenía el álbum con el conjuro, el prendió las hierbas con la astilla y empezó a leer el conjuro en voz alta.
Para cuando terminó y dijo cuál era su deseo, ella empezó a abrir los ojos, mirando a todos lados.
Quiso hablar y le salió algo así como un graznido, carraspeó y se masajeo el cuello, se le veían en él las marcas de los dedos de Charly, así mejoró un poco.
Para qué, empezó a gritarle que era un inútil, que no servía para nada, un incapaz que lo iba a denunciar por violencia de género, que la policía lo iba a meter en la cárcel y ahí lo iban a violar por mal tipo.
Yo me iba alejando, avergonzado. Ella cada vez gritaba más fuerte.
-Yo le voy a contar todo a tu mujer para que se vaya y se lleve los chicos y te dejen solo que es lo que te mereces...
Charly trataba de calmarla, de decirle que había usado un deseo demoníaco por ella, pero nada ella no lo escuchaba y yo veía que él estaba perdiendo la paciencia...
Hasta que en un momento, Charly, la agarró del cuello, muy loco todo justo en el mismo lugar donde estaban las marcas viejas que ella tenía.
Fue todo muy rápido, recuerdo que grité y volví corriendo para impedirlo...
Pero cuando llegué a su lado, ya la había matado.
De nuevo.
Charly me miró apenado
-Me equivoqué, que le vas a hacer, ahora acompañame a Rapela que buscamos acido para disolver el cuerpo.
-Que voz de pito tenía, por Dios.
Toda
Todo en vos me gustó, desde el primer día que te vi.
Tu pelo negro como mis peores noches.
Tus ojos violetas, o tal vez lilas como las flores.
Tu piel tan suave, sobre todo ahí, entre los senos...
Tu sonrisa azul, sí, tenías una sonrisa azul, que queres que le haga...
Tu boca...
Todo, todo me gustó
Hasta tu sangre. Lástima que murieras tan rápido.
Análisis del análisis
-Che, que buen laburo conseguiste, me dice Marcelito y Gabriel, que está del otro lado del escritorio asiente.
Estamos en el laboratorio de análisis que ellos tienen, estamos esperando a Fernando, que es el encargado de los análisis y también un amigo
-Sí, vieron, es de locos. Vamos a filmar un documental sobre la isla de R´yleh en el océano Pacifico. Me contrato un tipo llamado Obed Marsh que tiene un convenio con National Geographic.
La cosa es así, encontraron esto, les muestro algo que es como un dedo inmenso o una garra en piedra gris, se supone que sería de una estatua de Cthulu o tal vez un dedo del propio Cthulu fosilizado y que estaba en la isla.
Se supone que lo encontró un argentino que trabajaba en un barco pesquero chino que después naufragó. Así pasó un montón de tiempo hasta que volvió a la Argentina y el hallazgo llegó a los oídos del National Geographic.
En ese momento entro Fercho
-Maestro, me dice...
-Entonces, digo, había que analizar el dedo, primero para saber si es de piedra o si es hueso fosilizado y ver si se puede sacar el ADN. Después ver si estuvo sumergido, la leyenda dice que sí, que la isla se hundió cuando condenaron a Cthulu a yacer dormido, hasta el fin de los tiempos. Ahora suponemos que por algún motivo de corrientes marítimas la isla emergería de vez en cuando, en alguna época del año que habría coincidido con la llegada del barco del argentino.
Y tratar de averiguar dónde está la isla exactamente, que es un misterio que el pescador no supo aclarar.
-Lo del ADN es fácil, mañana o pasado ya lo tenes. Después hay que ver si tiene algas microscópicas de cuando estuvo sumergido y ver qué tipo son.
Marce aclara que por la cantidad pueden saber a qué presión estuvieron
-Y a que temperatura también, acota Gabriel, así ver que corriente marina pasaba por ahí.
-Bueno, me parece que esto va a andar, el señor Marsh se va a poner contento. Eso sí, los resultados hay que mandarlos a la facultad de Exactas y por pedido del Nat también a la universidad de Miskatonic. Así que hay que ser muy rigurosos.
-Descuídate, me dice Fercho, esto lo hacemos o yo o a lo sumo mi segunda, no se lo vamos a dar a los técnicos del laboratorio.
-OKI, mañana o pasado vengo a ver qué pasó
Dos días después, vuelvo al labo, ahora sí a la parte técnica no a las oficinas.
Me recibe Marcelito y mientras charlamos viene hacia nosotros Fer, camina raro y ni siquiera saluda cuando se mete en un cuartito con un aparato cibertronico y se pone en silencio el equipo de seguridad.
Esta con el rostro como abotargado, amarillo, los ojos fijos y un rictus extraño en la boca.
Amarillento lo había visto a la salida de varios boliches cuando éramos jóvenes, con los ojos así, tan apagados solo cuando Independiente se fue a la B.
-Dejalo, me dice Marce, está sin dormir, se obsesiona y no para de analizar la muestra tuya.
-Ah.
-Vení que te presento a Soledad, la otra encargada.
Soledad era hermosa, flaquita, el pelo medio castaño, medio rubio y bastante largo, unos ojos verde clarito y una sonrisa perfecta.
-Ho, hola alcance a decir
-ella te pone al día, yo voy a entrar a ayudar a Fer.
-Dale, yo también averigüe muchas cosas del pescador argentino y conseguí unos libros muy raros y extraños.
-Arregla todo con Soledad aclara.
-¿NO está raro Fercho?
-Sí, viste, ayer cuando analizaba la muestra hubo un chispazo carmesí y desde ese momento esta así. Ni se fue a dormir a la casa.
-voy a arreglar con Gabriel, que va a venir el señor Marsh.
En la oficina, la puerta está abierta y se escucha como una cantinela...
-Con esto te convertís en héroe y entonces el mundo será mío, mío...
Entré corriendo con el temor de que todo fuera una maniobra para dominar el mundo, por eso esos rostros tan extraños...
Pero no, Gabriel estaba delante de un espejo
-Ah, es que no vino mi psicólogo y estaba entrenando.
-Bien, que susto. Te aviso, viene el señor Marsh a arreglar el tema de la guita, no lo maten mirá que cuando aparezca la isla va a haber una bocha de cosas para analizar.
-Andá tranquilo y dormí sin frazada.
-Mirá que es un tipo muy especial, siempre trajeado, con un pañuelo al cuello o como decía mi viejo con un echarpe de seda, siempre con guantes.
Se ve que es delicado de salud, se lo ve con un tono de piel medio verdoso, además tiene los ojos saltones y un tono de voz medio susurrante. Tratalo bien.
Ya bastante que lo hacemos venir al congourbano, suerte que lo trae el chofer, en el tren creo que se nos muere.
-Lo voy a tratar como un duque, como si fuera el nueve de Temperley.
Voy hasta el lab, para despedirme de Marce pero él también está en la jaula de vidrio, que raro, pienso, ahora parece que el también tiene la misma cara que Fer.
Me voy y entonces veo que está llegando el auto del señor Marsh, me escabullo, no por no saludar sino porque íbamos a aprovechar para ir a tomar un café con Soledad, mientras los jefes estaban en la jaula.
Un par de días después me llama ella.
-Ah, Soledad, perdón que no te llamé, la pase rebien el otro día, te mandé un par de mensajes para salir el finde, pero estuve enloquecido
-No hay drama, a mi también me gustó. Pero te llamaba por la muestra, Fer encontró un montón de cosas y quería comentarlas con vos.
-Esta tarde paso, entonces. Y decime ¿Fer está todavía mal?
-No, esta normal, un beso.
Cuando llego al laboratorio, me pareció raro no ver a nadie, siempre había mucho movimiento, ¿será tarde o por la lluvia?
Igual se escuchan los típicos ruidos que hace la impresora 3-D, se ve que trabajar, trabajaban.
Soledad esta de espaldas.
Cuando me acerco con la intención de darle un beso, se da vuelta y veo que tiene el mismo rostro que Fer y Marce...
Me sorprendo y retrocedo, pero choco con Fer que venía con una llave inglesa en alto. Me golpea y pierdo el equilibrio.
Enseguida los dos me atan con un precinto de plástico y, con sus maneras de robot teledirigidos de cuento de ciencia ficción, me encierran en un depósito
-El señor Marsh quiere interrogarte, para saber cuánto averiguaste, yo por mí, ya te hubiera matado, necesitamos materia orgánica.
-¿Que? Digo.
Si, decodificamos el ADN de Cthulu y estamos imprimiendo un nuevo cuerpo para él. Ya usamos a todo el personal del laboratorio. Pensábamos esparcir el polvo del dedo de Cthulu, por el aire de Lanús, porque nos permite dominar a la gente pero nos falló que está lloviendo, la hora de la profecía se acerca.
-Por eso, dice Soledad, hice una denuncia de ruidos molestos, vinieron dos canas.
-Pero marce está haciendo el corazón, necesita más, muchos más...
-Por eso cuando llegaron mandé pedir refuerzos, los estoy esperando.
Se fueron y me quedé solo. Meditando, era evidente que el que los dominaba era el sr. Marsh, que no tenía mucha idea del laboratorio y que no tenía conocimientos de química.
Y no conocía que yo si los tenía. Por eso me encerraron en un depósito lleno de reactivos químicos. Busque solventes y conseguí romper los precintos.
En ese momento por la ventanita de la puerta, vi llegar al sr. Marsh.
La lluvia le sentaba bien, se ve que necesitaba de un clima húmedo para vivir, incluso tenía un color verde más brillante en la piel.
Entonces tuve una idea.
El sr. Marsh entró en el deposito como una tromba, no concebía que no secundara sus planes. Hablaba a los gritos de que estaba volviendo a la vida a Cthulu, que dominaría al mundo, que yo tendría que ayudarlo, que le contara cuanto sabía y con quien había hablado...
Yo permanecía callado, él estaba muy alterado, había perdido el pañuelo y los guantes, con lo cual se le veían las branquias del cuello y sus dedos estaban unidos por una membrana. Ya no se cuidaba en disimular delante de mí.
Sabía que me mataría y yo formaría parte del padre Cthulu. Pero no lo permitiría.
La trampa debía de dar resultado.
Le arrojé una caja de polvos desecantes y empecé a tirarle encima soda caustica y silicagel.
Se lo veía perder líquido y debilitarse. Lucho, gritando con su voz gutural, tratando de sacarse el polvo de encima, pero se debilitaba cada vez más.
Y también se debilitaba el control que ejercía sobre la gente.
Soledad fue la primera que corrió a ayudarme, juntos pusimos en marcha la segunda parte de mi plan. Preparamos termita y con eso le prendimos fuego a los pedazos del cuerpo de Cthulu que estaban en un galpón.
-Oh, Dios, que olores más putrefactos salieron ahí, como de miles de ciénagas olvidadas de dios, como los baños de la cancha de Chacarita.
Por suerte, en ese momento llegaban los policías que venían de refuerzos.
Fuimos a ver al Sr. Marsh pero o se había escapado o lo habíamos consumido todo con las desecantes.
Tu cuello
Tu cuello es tan blanco, tan largo. Es un placer tan grande besarlo.
Y es tan fino y delgado que podré estrangularlo con una sola mano...
Vendiendo por las sierras
Me gusta mi trabajo, me gusta mi vida.
Ir de un lado para el otro vendiendo cosas, como os antiguos buhoneros, como ahora, viajando por una ruta desierta, entre las sierras de Tandil con el viento en mi cara, en mi pelo.
Con la ilusión de ser libre.
Pero
El vapor que empezó a salir del motor me obliga a detenerme. En fin, me encanta mi coche, una coupe Fiat 125, rojo fuego, mi padre siempre dijo que los coches debían ser rojos y cuanto más rojos mejor.
Pero está viejita y a veces recalienta, como ahora.
No importa, descansaré un rato.
Encima es el atardecer, el sol se va poniendo detrás de un cerro y la luz amarillo rojiza lo va tiñendo todo.
Decido caminar un rato, me hará bien estirar las piernas.
Camino y camino.
Hay un bosquecito, un arroyo, los pájaros cantan, todo naturaleza.
Pero... ya tenía que haber un desubicado.
En un árbol hay una hoja de cuaderno colgada, me acerco a descolgarla, queriendo colgar al que la puso, sucio. La hoja tiene unas letras rojas, AYUDA dice.
Me pongo blanco, no sé si está escrita con sangre o lápiz labial pero me impresiona.
EL MONSTRUO TIENE A MI AMIGA, VOY DETRAS DE ELLOS A RESCATARLA, ESTÁ HERIDA.
Me quedo duro pero no dudo, sé que hacer, vuelvo a mi coche y tomo el botiquín y la mochila con mi equipo, muda, linterna y un cuchillo. Y voy tras de ellas.
Es fácil seguirla, cada tantos metros hay una nota, y en ellas va explicando que eran dos amigas que salieron de excursión a caminar por los cerros pero encontraron una cueva de forma extraña, la entrada medio tapada por piedras.
Se pusieron a sacarlas, pensaban pasar la noche ahí mismo. Al quitar las piedras, salió un aire espeso, malsano. Un olor horrible inundó todo.
De repente fue como si el sol se hubiera ido. La oscuridad las rodeaba.
Y un terror intenso las alcanzó.
Empezaron a correr, gritando como poseídas. Minutos u horas después, se dio cuenta que estaba sola.
No podía parar de correr tan aterrorizada estaba, hasta que agotada cayó al piso.
Empezó a llamar a la amiga, pero nada, no contestaba.
Entendió lo que había pasado, el monstruo fue más rápido que la amiga. La había atrapado.
Supo que debía volver a buscarla, aunque fuera una locura.
Sola, se sintió tan sola.
Para no perderse y con la esperanza de que alguien la ayudara, decidió ir dejando estas notas, por si les pasaba algo peor de lo que ya les había pasado, alguien avisara a sus familiares.
Eran Nerina y Griselda, vecinas de...
Yo ya llevaba caminados varios kilómetros y estaba agotado. Decidí parar un rato, hacer un fuego y comer alguno de los sándwiches que suelo llevar por si llego a un pueblo con todo cerrado.
Las piernas me temblaban.
Me puse a imaginar a Nerina, la que escribía, no sé porque la imaginaba joven, morocha, pelo lacio, lástima me gustaban con rulos, y unos ojos verde claro, que iluminaban estos cerros al reflejo de la luna.
Fue real, fue un sueño.
Una niebla, una sombra me cubría, los ojos se me cerraban, las piernas no se movían, con lo que yo deseaba correr...
Traté de rechazar la sombra con mis manos, pero se deslizaban en cámara lenta, pesados tan pesados.
Y un olor nauseabundo me alcanzó cuando la sombra abrió la boca.
Redonda, circular, abismal.
La poca luz que había, se reflejó en los dientes pequeños y puntiagudos.
Un pájaro gritó, algo tembló.
Mis manos, un poco más libres del hechizo se movieron. Las hojas que todavía tenía agarradas, volaron por el aire.
¿Se fue?
Me desperté sin saberlo.
El fuego casi se había apagado, decidí, ya no con tanto impulso como al principio, correr a ayudar a Nerina. Me necesitaba, podría ser la madre de mis hijos,
Me reí de mi pensamiento.
Seguí encontrando los papeles en los árboles, en todos me pedía que me apurara, en todos rogaba a Dios que Griselda siguiera bien.
Mucho, mucho tiempo después, llegué a un claro sin árboles.
No había como dejar mensajes allí, no sabía para dónde ir.
Dudaba mientras lo atravesaba.
En el centro, en el suelo, veo un papel, otro mensaje.
Respiro aliviado.
Miro el claro, es extraño, el suelo es de arena oscura casi negra.
Me doy cuenta que nada crece en él, ni pasto ni hierba ni el menor yuyo.
Tampoco se ven insectos, ni se escuchan los pájaros. Un extraño temor cubre todo.
Mis dedos temblaban mientras me agacho a agarrar el mensaje.
LO SIENTO, dice
EL MONSTRUO ME ABLIGÓ A TRAERTE HASTA AQUÍ A CAMBIO DE MI AMIGA.
ESTE ES SU NIDO, SU CASA, DONDE SE ALIMENTA.
NO QUERÍA HACERLO, PERO ES MI AMIGA.
PERDÓN
Una sombra más oscura que la noche cayó sobre mí.
Y se abrió una boca más oscura todavía...
Es la noche del sacrificio
Todo bien hice en el sacrificio, entoné los canticos, encendí las velas correctas.
Cthulú debe reencarnarse esta noche y darme la vida eterna.
Ahí está el corazón todavía palpitante y los ojos verdes de una mujer enamorada.
Pero no pasa nada.
Cthulú no existe, tal vez entonces Dios tampoco...
Y me encuentro solo en el cosmos, sin nada que exista.
Y encima ya no tengo novia...
Semblanzas dep-ortivas
Todos conocemos a Alejandro K, alias el ceo, como se lo conoce en ciertas comisarías de la zona.
Es alto, muy delgado y rubio.
Muy dado a las glosas como ya demostrara cuando nos contaba las desventuras del equipo de Litros y litros, y nos informaba si había sido local, empate o nocaut.
Adicto al trabajo y a la confección de tablas de resultados deportivos despunta el vicio en largas horas en Futboleros. El mejor CEO de los últimos 50 años.
Los que saben dicen que habitualmente esta con el ceño fruncido y solo se lo ve distendido y alegre cuando pasea por la orilla del río.
Por eso eligió estudiar en ciencias exactas y siempre consiguió trabajos que estuvieran cerca del río o bien comunicados con éste.
Por eso está contento con este trabajo que tiene, el 34 que pasa cerca de ahí llega hasta ciudad universitaria y su amado río color marrón.
Se cuenta en ciertos bares, después de la medianoche, que todo comenzó en la época donde trabajaba en una envasadora de pescados en lata.
Como era una marca de segunda, solían aparecer en los embarques cualquier cantidad de porquerías.
Como aquella vez, que lo mandaron llamar los obreros porque había algo entre los pescados.
-¿Es un delfín?
-No, no ves que tiene la nariz chata.
-Ah ya se, dice uno, esos... ¿Cómo se llamaban, los que vio Colon, o Garay?
-Sí, ya sé que decís, un manatí.
-si debe ser, porque las sirenas no existen, por el hielo no se nota demasiado que es, pero seguro que me voy a quejar. Estos pesqueros chinos traen cualquier cosa. Dejamelo en la cámara frigorífica que así se va descongelando.
Así lo hicieron, Ale iba a cada rato a ver si se descongelaba, y cada vez estaba más convencido que se le veía un rostro humano, que imaginación, pensó.
Se pasó la tarde esperando, sentía que lo llamaba e iba a la cámara a cada rato.
Cuando se fueron los obreros, por fin. Se introdujo en la cámara frigorífica, ya se le veía un cabello largo y de color bronce.
No pudo resistirlo pero empezó a acariciar las mejillas, cada vez más tersas, y le acarició los brazos y acarició y acarició.
Con tanta fricción el cuerpo fue descongelándose.
Abrió los ojos.
Respiró.
Ale supo lo que tenía que hacer, si no la sumergía pronto moriría.
La cargo en una de las camionetas de la fábrica y la llevó al río. Allí la soltó y ella se alejó, respirando por fin.
Pero a mitad de camino se dio vuelta para mirarlo.
Así empezó, y siempre que Ale puede se va hasta el río, en sus orillas es feliz.
Canta, baila, le habla y hasta se baña en él
Los que dicen que suele haber una sombra en el agua cerca de él mienten. Como mienten si dicen que a veces son varias sombras más pequeñas.
Mienten porque las sirenas no existen.
Gato negro
Un gato negro se me cruzó.
Gato negro que trae mala suerte.
Y te conocí, con tus ojos verdes tan luminosos...
0 KM
Esta historia me la contó Tino mientras tomábamos unos vinos en un piringundín del bajo, tal vez demasiados vinos, no sé.
Le pasó cuando era joven y solía frecuentar cabarutes de la peor fama
El coche...Rojo, convertible, brillante
Ella era una rubia demasiado hermosa para tener semejante auto súper sport.
No sé cómo conseguí invitarla a tomar algo y después me lleva de paseo por el campo en su gran coche.
Como nos amamos...
Yo era tan joven, tenía tantas fuerzas...
Y después el coche no arranca, me dice dulcemente, le miras el motor por favor.
Levanto el capot...
Como en esa época no sabía nada de mecánica me salvo, no metí la cabeza inmediatamente en el motor, lo miré de lejos, porque el capot se cierra con fuerza, dejando los dientes ansiosos vacíos.
Pero ya tengo atrás a la rubia, tratando de empujarme, contra ellos. El auto levanta el capot, nuevamente...
Forcejeamos, el terror me da fuerzas y soy yo el que la tirá a ella.
El auto no hace distingos, la devora y encima ronronea...
Agotado me siento en el volante y veo que el tanque está lleno. Un cuerpo da 40 litros
-Y me hace 1200 km con 10 litros y se maneja casi solo.
Le decía después a una morocha en el bar de la carretera, invitándola.
-Y tengo que cargar...
La misma idea
Los dos tuvieron la misma idea. La de verse
Y estaban lejos.
Pensar igual, amar igual.
Los dos eligieron ir e auto, llegarían antes.
Los dos se necesitaban, como necesita verse en los ojos del otro, quien ama tanto
Y los ojos de ella eran tan verdes...
La misma idea.
La de amarse
Los dos tuvieron la misma idea, la de verse rápido.
La misma idea de acelerar
Y la misma idea de no respetar ese semáforo...
Tuerca
Vivió siempre para los autos.
Aprendió a maneja de pequeño, apenas llegaba a los pedales.
Se agrandaba al volante
Y los bomberos entonces no podían sacarlo por la puerta de su auto, aquella noche del choque.
Ganas de comer
Hambre, tengo tanto hambre...
Picamos aquel día en tu casa, después fuimos a cenar.
Y yo con tanta hambre
Al hacerte el amor, como jugando empecé a mordisquearte la orejita.
Y seguí, seguí
Ya no tengo hambre.
40 Años
El aviso en el diario me sorprendió, se alquilaba para fiestas una quinta en Moreno que había sido mía.
Hice cuentas y se iban a cumplir 40 años del primer día de la primavera que festejamos ahí con mis amigaos de la facultad.
40 años parece ayer, fue ayer...
Íbamos en el colectivo con Marina y yo empecé a putear
-¿Qué pasa? Dice
-Que el parcial de inorgánica dos justo cae el día que tengo que ir a firmar la escritura de una quinta que compraron mis viejos.
-¿Una quinta?
-Si, en Moreno.
-Uh, ahora viene el día de la primavera podríamos festejarlo ahí, me dijo haciendo ojitos...
Así lo hicimos hace casi 40 años. Me entusiasme y me fui a ver la quinta. Estaba hermosa, mucho mejor que cuando la teníamos nosotros, mucho más moderna y llena de flores.
Le dije a la chica de la inmobiliaria.
-Ah, es porque el barrio mejoró mucho desde que asumió un concejal que vive en la otra cuadra, el tipo se preocupa mucho y todo tienen trabajo, las calles están cuidadas y la policía circula por acá todo el tiempo
-Qué bueno, ¿y esa casa, está abandonada, es la única?
-Sí, parece que el dueño murió, tenía varios hijos con mujeres distintas, así que no se ponen de acuerdo con la sucesión.
-Ah, y veo que el almacén ahora es un supermercado.
Fui a verlo y todavía era de lo0s mismos dueños, pero el que atendía era el bisnieto de los que me atendían a mí. Le encargué todo para la fiesta.
-Sí, con gusto, yo tengo las llaves así que le acomodo, trabajamos mucho con esta gente.
-Uh, a mí me trae tantos recuerdos, ya sé que ahora cambiaron mucho las cosas pero me acuerdo de que en aquel rincón se sentaba tu abuelo a levantar quiniela clandestina.
-Sí, cambió todo, me dice, pero viene para el fondo, mi vieja le toma los números que quiera.
Me reí y fuimos. Yo iba a jugar al 98 pero ella me entusiasmo que los 40, el 21, que la redoblona. Etc.
Empecé a llamar gente esa misma noche y quedamos en vernos allá, con todos los que estaban aquel día y algunos más que se habían sumado con los años. Además del picnic del día de la primavera sería una nueva reunión de la Federación de Aves de rapiña, lista 69, como se llamaba la agrupación política que teníamos en Cs. Exactas.
El día ya estaba llegando, yo estaba muy nervioso, había gente que hacía millones de años que no veía, ¿Estarían bien? ¿Qué había pasado en los años sin vernos?
Ale y el Toto llegaron primeros y me ayudaron a preparar todo para el asado, al ratito llegó el Chief que traía a Cecilia y Marina. Después Guille con Adrián, Claudia y Dieguito. Y Gabriela, Patricia, Wally con Sandy y Patsy.
En tren venían Alejandra, Fanny y Laura, más atrás llegaron Rubén, Galo y Jorgito. Haciendo ruido con la moto vino Mario. Cacho y Sosín venían juntos, tal vez de una reunión del PI, como entonces. En colectivo llegaban Stella y Gustavo.
Con Cecilia y Marina nos pusimos a charlar como si no hubiera pasado el tiempo, nos ayudaron con las ensaladas, mientras Ale hacía el fuego y yo tenía cerca el extintor cerca por las dudas.
Después llegaron Jandy, Fede, Fritz y el Pitu.
-Che, Fritz, estas callado.
-Que querés, me dice mostrando que en la boca tenía un algodón manchado de sangre, en el coche me puse a hablar de Dios y los evangelios, tuvimos un cambio de palabras con Fede y una de ellas me aflojó un diente.
-Fede..., no puede ser, ¿vos sabes que se casó por iglesia y lo casó un pastor?
-¿Un pastor? Se asombra Marina
-Sí, un legítimo pastor alemán y la ceremonia fue en ese idioma
-No te puedo, dice Ceci
Y Guille acota- Si, el pastor hablaba alemán y Fede asentía, decía muy bien parecía estar de acuerdo en todo, hasta se emocionaba a veces.
Curiosos, le preguntamos cuando terminó la ceremonia, que era lo que había dicho el pastor en alemán.
-Ni idea, respondió, no le entendí un soto.
Las chicas estallaron en carcajadas.
Le preguntamos a Fritz por su novia, o bueno sería ya su mujer, Nora.
-No pudo venir esta en uno de esos días, aclara.
Yo hago cuentas y esos días ya deben de haber pasado, salvo que hable de los días de lavar la ropa...
Entonces Cacho lo agarra del brazo, preguntándole si estaba bien su vida
-Sí, gracias por preguntar, yo ahora estoy muy bien, no como en aquel entonces, que vivíamos una etapa de depravación desde que conocí a Cristo mi vida es otra...
Y tomándolo del hombro se llevó a Cacho para evangelizarlo un rato en un rincón.
-Caminemos...
Nosotros nos quedamos moviendo las cabezas. Pero ya estaba el asado, ahora había una coquetas mesas de madera cepillada, no como los caballetes con puertas encima que teníamos nosotros.
Como nos reímos de Fritz que se había traído sus propios cubiertos, su cuchillo de la suerte dijo. Calculo que lo tendría bendecido y no se quería mezclar con los cuchillos ordinarios que usábamos los herejes.
Comimos como chanchos, enseguida después helado y un cafecito o mate para bajar todo.
Se armaron los grupos de truco y de charla como ayer.
Yo tuve que contar por enésima vez el cuento de los ojos verdes
Tus ojos verdes
Tus ojos son verdes, luminosos, llenos de vida.
Tienen puntitos amarillos que hacen empalidecer al sol.
Me hundo en ellos como me hundiría en el mar. Las olas de tu amor me cubren y me protegen.
Me alimento de tu sal.
Siempre había tenido la curiosidad de saber si cuando cerras tus párpados siguen siendo verdes o si el negro devora su color...
Por eso tomé mi cuchillito y te hice este agujero en los párpados para ver si seguían siendo verdes...
Pero todo se volvió rojo...
Y hasta se diría que perdieron su brillo habitual...
Luego Wally contó porque se había ido del país.
-Resulta que ya estando casado me había reencontrado con una ex y bueno, pasó lo que pasó. Pero la minita fumaba mucho, yo había dejado y la verdad que me molestaba que ella oliera tanto a faso, besarla en la boca me daba arcadas, imagínense que además tenía que ocultarle el olor a mi mujer.
Como no me daba bola de dejar, pensé en darle una lección, del labo donde trabajaba conseguí nicotina y le armé unos cigarrillos especiales de la marca que ella fumaba, pero extra nicotina.
No va que al fumarse el pucho de después de hacer el amor, se me descompone y la tengo que llevar al hospital, el corazón de la mina no aguantó y se murió enseguida. Nadie sospechó de mí, dijeron que fue un shock por fumar mucho, ya le habían advertido, parece, que tenía mal el corazón.
Pero había un inspector de policía, un tal Mosaico, que me interrogó porque le parecía raro que yo estando casado llevara a otra mujer al hospital...
Así que me dio miedo y agarré una beca para USA y me fui.
A mí me pasó algo similar, dice Laura, como saben soy bióloga y me casé muy jovencita muy enamorada, pero al tiempo mi marido contrae una extraña enfermedad, mortal. Entonces empecé a investigar una cura, como saben en Exactas, en la biblioteca del pab. ll, hay una serie de libros muy antiguos. Cuando llegó el momento, lo llevé a la bañera y lo empecé a sumergir en una solución de sales, amoníaco y hielo. Pueden creer que volvió a respirar. Incluso retomó su vida habitual, pero no podía ser perfecto y empezó a decaer y tenía que estar haciéndole los baños a cada rato. Hasta que me salió esta oportunidad en Ushuaia, allá con el frío anda rebien.
Gabriela contó
-Yo tengo ahora un programa de radio y una vez un tipo llama para avisar que va a haber un asesinato.
Yo me asusto sobre todo porque el mensaje se repite varias veces en los días siguientes. No sé si me van a matar a mí o a alguien conocido, el tipo siempre corta antes de aclararlo.
Otra noche y otro mensaje.
Y cuando me estaba yendo de la radio me llama la cana, me pregunta si conozco a Ramón estrella, no les digo, no lo recuerdo. Porque según su celular la estuvo llamando y ahora apareció muerto de dos balazos.
¿Me llamó? Digo, si a este número me dicen y acá en su casa tiene una habitación repleta de fotos suyas y copias de su programa de radio. Yo no entendía nada.
Unos días después me dijeron que lo había matado su novia, por celos de mí, creía que él la engañaba conmigo. El tipo nos advertía que iba a haber un asesinato, lo que no decía era que el asesinado iba a ser él mismo.
Y Pablo dice, no saben lo que me pasó en Canadá, allá la gente común es medio bruta, un día voy a correr, como siempre por el bosque y un cana, de esos guardias montados de los chistes, no me deja pasar porque alguien había denunciado que había un Wendigo, ¿Un Wendigo, digo yo?. Si, esa especie de demonio rojo, de pelos largos y cara endemoniada.
Yo me fui silbando bajito para que no relacionara que estoy muy gordo, de barba, pelo largo y pelirrojo abajo de esta gorra y que grito mucho cuando corro para descargar mis problemas, igual a como hacen los Wendigos que creyó ver este boludo...
Mario dice lo mío es mejor, yo viajo mucho por trabajo y la suelo ver a Ceci en los aeropuertos, un día me presenta a una compañera, también azafata que ese día iba a estar en el vuelo donde iba yo. Fue un flechazo instantáneo. Bueno así seguimos un tiempo, re enamorados.
Un día, no se se había dado que no nos habíamos visto tanto e íbamos a viajar juntos. Ella ya está haciendo subir a los pasajeros, cuando a mí me agarran unos deseos incontenibles, no sé, tal vez el viento norte que soplaba y la agarro y me la llevo a un baño medio discreto que hay en el segundo piso. Ah, para que, le dimos y le dimos, hasta que escuchamos que cierran el vuelo, salimos medio desnudos para el mostrador, a ella le hicieron un quilombo bárbaro por deja su trabajo, y a mí no me iban a dejar volar mas por esa compañía.
Yo dale rogar que me dejaran subir, que el trabajo, que el hotel...
Así estábamos discutiendo, hasta que la chica dice que ya era inútil, que miráramos que ese avión que despegaba era el nuestro. Y miramos por la ventana como se nos iba el vuelo.
Y vimos como estallaba en el aire.
Nos salvamos de casualidad...
Entonces habla Alejandra
-Ya que hablamos de desgracia, les cuento que yo participé del grupo que invento el COVID 19
-¿Qué?, dice Fritz, yo traigo una soga y la linchamos...
-No, no me expresé mal. Yo estuve en el grupo que propuso el nombre de Covid 19 en lugar de coronavirus, porque queríamos un país donde nada tenga coronita.
Ahora le tocó el turno al Pitu
-Yo como algunos sabrán trabajo en una empresa que hace productos de limpieza, bueno, ahí hicimos un desarrollo de uno que servía para limpiar la sangre sin que quedara ningún rastro, pensando en los mataderos y los hospitales que gastan mucho en limpieza. Pero resultó que después nos apareció un inmenso ramo de flores con una nota que decía
Gracias por facilitar nuestro trabajo
Firmado Jack el Destripador
Y Jandy interviene
-Si es por problemas con productos les cuento lo que me pasó a mí, trabajaba en una fábrica de productos químicos, habíamos desarrollado un gel intimo que nos quedó tan bien que el rozamiento se veía reducido a cero. Claro que para hacer el amor no servía porque no se sentía nada... Así que me pasaron a otra sección donde desarrollaban una pintura muy adherente y que no permitía pintadas ni carteles era absolutamente impermeable, ideal para edificios del estado, pero no va que ese día me debo de haber puesto un guardapolvo viejo, donde tenía un frasco del gel que encima perdía y quedó en una pasarella sin que me diera cuenta, no va que mi jefe lo pisa y cae desde 10 metros a un tacho de mezcla de la pintura, que da totalmente bañado, lo sacaron pero la pintura se le había adherido tanto y era tan impermeable que murió ahogado y quedó como una estatua, así, todo durito. Después de eso me pasé a computación.
-Uh, los jefes, dice Guillermo, Mi jefe me hizo entrar en el proyecto de los satélites espías que tenía el Invap, porque decía que para espía lo mejor era su suegra que siempre estaba metida en todo y así que quería mandarla al espacio. Pero perdió interés en el proyecto cuando averiguó que eran nano satélites y no entraba una persona.
A lo que acota Pitu – ¿y no la habrá compactado a la vieja, así entraba...?
Yo tengo larga pelea con los jefes, dice Adrián, pero lo peor que me pasó es que fundé un partido, el Partido Antipersonalista y decidíamos todo por asamblea popular y no va que en una asamblea y por unanimidad me echan del partido. No se puede creer.
Diego empieza a hablar pero se detiene
-Es que me pasó algo raro, no sé si contarlo. No sé si se acuerdan pero antes Pacífico se inundaba seguido, bueno yo volvía de la facú en el 160 y nos bajamos ahí, pero se largó una tormenta terrible, el agua subía y la gente tiraba sogas de calle a calle para que no se los lleve la correntada, el agua casi me tapaba y una chica de pelo largo, iba y venía ayudando a cruzar a las señoras, y me pareció un hermoso gesto, porque era peligroso. Cuando bajó el agua un poco quise hablarle, invitarla a tomar algo.
No sé si eso la ofendió o qué, pero hizo como que se tropezaba y se hundió, yo me tiré detrás de ella, pero entró en una boca de tormenta y no salió más, los diarios después decían que la había arrastrado la corriente, pero ya no había corriente. Lo terrible es que entre el agua sucia yo vi que en el cuello ella tenía branquias y una membrana entre los dedos. Igualito a lo que cuenta Lovecraft en sus cuentos...
Bueno, digo yo entonces, me parece que ya estamos inventando demasiado, ¿Qué tal si hacemos un fulbito?
-Dale, dale, nos prendemos dicen Laura y Alejandra al unísono.
-Pero en mi mismo equipo, que la otra vez casi me fracturan...
-Exagerado.
Y jugamos al futbol y una tocattas de rugby. Hasta un partido de vóley también.
Se iba haciendo de noche y estábamos cansados, además esa hora del atardecer es la más linda en la quinta, no sé el aire esta como detenido, la luz ilumina pero no lastima, la brisa, que se yo...
Fritz se copa en preparar unos tragos y se ponen a preparar las copas para el brindis.
Galo y Jorgito habían preparado una torta con un avechucho gigante con el impermeable abierto y el cartelito de FAAR, ahí.
Brindamos por los cuarenta años
-Que rico champan, dice Rubén, amarguito.
-Lástima que la fiesta ya se va acabando, dice Fanny
Pero Cecilia y Marina tenían una sorpresa. Habían vuelto a traer la tabla ouija, para comunicarse con los espíritus, vamos, el juego de la copa en versión yanqui. Cómo nos habíamos reído la otra vez con eso.
Nos prendimos al instante, apagamos la luz y encendimos las velas, se fueron poniendo alrededor de ellas, algunos pusieron sus manos en el puntero.
Al principio nada, era evidente que cada uno empujaba para su lado. Pero de repente algo cambió...
-¿Hay alguien ahí?, preguntamos
El puntero fue al si
-¿Te conocemos?
-Sí, de nuevo
-¿Sabes quién somos?
Si
Y ahí el puntero empieza a formar una frase, letra a letra
Y U S T E D E S S A B E N Q U E H A Y U N A S E S I N O A Q U I
Nos miramos todos sorprendidos, nadie había contado algo así.
Yo grité
-Fede, dejate de joder,
La otra vez hizo fuerza y supuestamente nos contactamos con el dueño anterior de la quinta y su mayor deseo era que le regáramos las plantas...
Pero la voz de Fede surgió de detrás de mí.
-Yo no soy, dijo riéndose, y no digo que haya sido yo la otra vez, igual ese delito prescribió.
Todos nos miramos desconfiados, nadie se reía ahora.
Entonces el Pitu se juntó con Claudia y Diego, diciendo que ellos no habían estado la otra vez y que además no creían en estas cosas así que se ofrecían para maneja el puntero de la ouija.
Aceptamos, se pusieron todos en círculo alrededor, estuve tentado de tirar sal como protección pero me dio no sé qué.
Seguís ahí, volvimos a preguntar, esperando que se hubiera ido...
Si dijo la ouija
¿Qué querés?
J U S T I C I A
¿Y cómo sería?
P R E G U N T A
¿Que?
P O R Q U E N O E S T A NORA
Todos miramos a Fritz, en muda interrogación
-Ya dije que no se sentía bien.
El puntero se movió rápidamente
M E N T I R A
¿Porque? Digo.
P O R Q U E E S T A M U E R T A
Fritz cambió de color, pasó del blanco a un rojo encendido.
-Es cierto, gritó, y todos ustedes también.
Todos nos miramos con terror.
-Por culpa de esta mierda de quinta y del vecino hijo de puta.
-¿Vecino?
-Sí, el de la casa abandonada, ella lo conoció acá, un día que vinimos a una fiesta, empezaron a ponerme los cuernos enseguida. Si se hubiera cortado y me hubiera pedido perdón, todo hubiera estado bien.
Pero el hijo de puta la convenció para que me abandonara y se fue a vivir con él.
Estaban en esa casa, cuando entré en medio de la noche, estaban en la cama. Les pegué tres tiros a cada uno y después busqué un cuchillo y los apuñalé, 642 puñaladas dijeron los diarios yo no sé porque me pierdo contando hasta tanto.
Ése es mi cuchillo de la suerte.
Y Uds. También están muertos, no podía soportar que estuvieran bien y festejando, mientras yo sufría tanto. Envenené los tragos y el champan con cianuro. Eso es lo amargo...
Van a empezar a caer como moscas
Y se rió con esa risa malvada que tenía.
Un grito de inquietud surgió de todos. Unos fueron a vomitar detrás de los arbustos otros quisieron pegarle, entonces Fritz manoteo el bolso
-Atrás, dice buscando algo en el bolso pero no encuentra nada.
-¿Buscabas esto?, le digo, mostrándole su cuchillito de la suerte, que lo tenía súper afilado el turro.
-A ver, tranquilícense, no va morir nadie. Cuando llegaron Ceci y Marina empezaron a escuchar ruidos en la caja. Así que armamos la ouija y el vecino nos contó todo. Cuando Fritz se llevó a Cacho para evangelizarlo cambiamos el veneno por esencia de almendras que las chicas fueron a comprar.
Estamos todos a salvo.
En ese momento Fede, Toto y Pitu lo rodearon a Fritz para que no se escape.
-Ya llamé a la cana. Así que vengan y brindemos por otros cuarenta años y que viva el FAAR.
Qué buena la sierra!!! jajaja. No recibo plantas de Ámsterdam ja ja
ResponderEliminarMe gustó también la de los 40 años jaja, no recordaba lo que significaba FAAR jeje
ResponderEliminarMe reí mucho!!!! Que linda época!!!!
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